viernes, 26 de mayo de 2017

CARTA A LOS CANDIDATOS AL GOBIERNO DE NAYARIT



CARTA A LOS CANDIDATOS MANUEL HUMBERTO COTA, ANTONIO ECHEVARRÍA, RAÚL MEJÍA Y MIGUEL ÁNGEL NAVARRO (En orden alfabético)
CANDIDATOS A LA GUBERNATURA DEL ESTADO
Por: José Ricardo Morales y Sánchez Hidalgo
Estimados Candidatos:
Les escribe esta misiva un ciudadano nayarita, que tiene los mismos derecho que cualquier otro en esta hermosa tierra, para expresarse y mostrar su sentir ante la confrontación electoral que hoy tenemos todos encima; el mismo derecho que tiene Ustedes para buscar, a través de una decisión popular, la gubernatura del Estado de Nayarit, ni más ni menos. Mi deseo es hacerles ver mi muy particular punto de vista del Nayarit que quieren gobernar y mostrar un poco, algo que no deben desconocer: los sentimientos y deseos del pueblo al que su servidor pertenece.

Antes que nada debo decir que esta carta solo va dirigida a Ustedes cuatro, de los ocho contendientes porque pienso que son los que mayores probabilidades de triunfo tienen, contrario a los candidatos Zapata, Ayón y Chávez, a quienes les explico, con todo respeto, pero siendo realistas, que no les veo posibilidad alguna por muy diversas circunstancias, algunas de ellas tan básicas, como el hecho de que no se les conoce lo suficiente o pertenecen a “minipartidos” que solo se han dedicado a medrar del erario público, en beneficio de unos cuantos, que han confundido el quehacer político, con negocios oscuros que dejan pingües ganancias, a expensas de una población que carece de los más básicos servicios y derechos, a veces tan esenciales como el diario alimento. Del octavo contendiente, un individuo conocido con el remoquete de “Layín” por mal nombre, convencido estoy que no merece mención alguna que ensucie estas páginas, porque aún me cuesta trabajo pensar que una entidad como la nuestra, con 100 años de vida constitucional, en pleno siglo XXI, tenga un candidato de tal jaez. "Layín", es de esas aves que cruzan el pantano y ensucian el pantano. Sin duda es una vergüenza para Nayarit y una mancha para el pueblo de San Blas, que al parecer se conformó con decir lo que siempre se ha mencionado: “los pueblos tienen los gobernantes que se merecen”. Aquí sí, que el respeto se vaya al cuerno.
Advierto que no soy nacido en Nayarit, pero desde que tengo uso de razón vengo a esta región de grandes hombres y tierra fertilísima, de un inmenso patrimonio cultural y natural; puedo decir que hoy ya estoy “nacionalizado” acaponetense después de 30 años de radicar en la Ciudad de las Gardenias, además de que mi señora madre, era nacida aquí, y de estar casado con una mujer oriunda del lugar, a más de haber procreado tres hijos nacidos, por nuestra decisión de que así fuera, en la tierra de Alí Chumacero; y de decidir, desde hace algunos años a no ser tan solo un crítico de café o de Facebook, sino de aportar desde mi trinchera acciones que vayan a favor de esta tierra que me ha adoptado, por lo que considero tengo autoridad de dirigirme a Ustedes, siempre en el marco del mayor de los respetos.
Desde que llegué a radicar aquí, supe que estaba clavando raíces en una entidad federativa que “no pintaba” en el concierto nacional; que éramos un Estado más bien “tirando” a pobre. Quizá equivocadamente ya que era el punto de vista de alguien que había radicado toda su vida en la capital del país, esa macro urbe, que se traga vidas y haciendas a cada minuto. Si bien comprendí que en Acaponeta yo pasaba de ser una estadística entre millones de seres humanos en la Metrópoli, a una ciudad,  la de las Gardenias, donde de golpe y porrazo me convertí en una persona de carne y hueso, con nombre e historia, lo cual era y sigue siendo una gran ventaja y una enorme satisfacción; también, de inmediato entendí que Nayarit era de tercer mundo en un país al cual los políticos –como Ustedes—siempre nos pintan en “vías de desarrollo”, lindo eufemismo, precisamente para eliminar, el peyorativo concepto de “tercer mundo”, o más coloquialmente, jodido.
Me daba coraje ver la televisión y escuchar en los noticieros nacionales que se acercaba un huracán que amenazaba las costas de Michoacán, Colima, Jalisco y Sinaloa, saltándose a Nayarit, como si en el mapa hubiera un hueco o fuéramos todavía un insignificante “cantón” de Jalisco. Y eso debido porque nuestro querido Estado, ese del que Ustedes quieren ser gobernador, no aportaba nada significativo a la federación, si acaso muertos y hechos delictivos ocasionales. Por supuesto, en descargo de todo el mundo y de los nayaritas, cosas como esas más bien tienen que ver con el nivel cultural de los productores de programas televisivos o noticieros, que de geografía a veces saben lo mismo que su servidor de mecánica cuántica.
Sin embargo, nos quedaba claro que éramos los nayaritas prescindibles y a nadie o a pocos les importaba lo que en la tierra de Amado Nervo sucedía y a los que ahí vivíamos. Lamentablemente quedaba atrás, muy atrás una entidad rica y fértil, que fue nombrada en alguna ocasión el granero de la nación, donde se daba la caña de azúcar y el tabaco más importante del mundo. No fue capricho ni chiripada que Maseca viniera a montar una planta harinera en Acaponeta, no, de ningún modo fue así, se debió a que el maíz, no solo era abundante en la región sino que tenía características apropiadas para la fabricación de una harina de calidad, que fue construyendo un gran consorcio o emporio empresarial, hoy icónico en el país.
El motivo de la presente, y se los digo con todo respeto, es de hacerles notar que ese Nayarit, hoy se encuentra perdido, pues la obtención de esos tres productos –entre otros muchos—se han venido al suelo. Si bien no han desaparecido, sí hemos dejado de ser el granero del país y las enormes hileras de camiones y tráileres que hacían larguísimas filas para acceder a la Maseca en Acaponeta, llevando maíz y regresando con toneladas de sacos de harina, hoy son tan solo anécdota alrededor de una vieja fotografía que muestra que así era. El tabaco nayarita perdió calidad y producción y la caña no es, ni por mucho lo que llegó a ser.
Y fíjense por favor candidatos como digo: “lo que llegó a ser”. Es decir, no se trata de algún improbable proyecto para conseguir que Nayarit reafirme su economía por medio de la agricultura; no estamos hablando de un sueño, de un “ya veremos”, de una triste probabilidad o, como muchas veces sucede, ocurrencias. No, Señores Cota, Echevarría, Mejía y Navarro, se trata de algo que ya sucedió, que ya vivimos en Nayarit, que ya fue nuestro y lo dejamos ir, porque el campo hoy luce desolado y el desierto crece a cada minuto. Yo no les sé decir qué sucedió con bases científicas, porque esa no es mi área, pero como ciudadano que, como a la mula hicieron arisca, solo puedo intuir que malos, muy malos gobiernos estatales, año tras año, lustro tras lustro, sexenio tras sexenio que se convirtieron en décadas, dieron al traste, por malas decisiones, por incapacidad o negligencia; por actos de corrupción, compadrazgos y amiguismos; por apatía, por mala suerte o por lo que Ustedes gusten o manden, con aquel paraíso agrícola; mucho se perdió o, en el mejor de los casos, vino irremediablemente a menos.
En esa relación de “bajas” hay que anotar, la del campesino trabajador, eminencia del agro, aquellos de las manos callosas y resquebrajadas, sabía sacarle a la tierra su riqueza, e incluso mejorarla; ellos también se perdieron o murieron de tristeza, en muchísimas ocasiones lejos de la patria chica y del país, en otra nación extraña a donde se fueron a servir a “los güeros” poniendo todos sus conocimientos del campo en pomposos jardines donde acabaron de podadores de rosas y mirtos, cortando el césped al ras y sirviendo para lo que se ocupe y les manden. Cómo en la canción, Nayarit terminó siendo el lugar “donde las gentes se aconsejan y se van”. Y peor aún, de los que se quedaron, muchísimos de ellos son una suerte de huevones a los que los gobiernos acostumbraron a estirar la mano para darles migajas que la mayoría de las veces quedaban en las cantinas y centros botaneros. De agricultores pasaron a ser alcohólicos perdidos.
Nombres de culpables hay muchos, del ayer y del hoy, y en estos momentos Ustedes tienen la posibilidad de ser el Gobernador del Estado, para convertirse en uno más de los culpables o, por el contrario, trabajar por un Nayarit, rico y próspero, una entidad que merece, por su riqueza natural, por su historia y su gente, su cultura ancestral y contemporánea un destino promisorio y sin culpa; un futuro esperanzador que nos sorprenda y nos haga, como ciudadanos, recuperar la confianza, que los sucesivos políticos perdieron a base de corruptelas, trastupijes e impunidad.
Les escribo, porque quiero decirles que todos los nayaritas, los del sur y los del norte; los de la costa, los del llano y los de la sierra; los que tenemos la gracia de vivir con un empleo, los desempleados, los subempleados; las mujeres, los hombres, los jóvenes y los niños; los de la tercera edad, los que tienen capacidades diferentes; los indígenas eternamente depauperados, los de las zonas urbanas o de las rurales; los capitalinos y los que vivimos en “el interior”, todos Señores Candidatos, los nacidos aquí o los que a Nayarit llegamos en el flujo migratorio, queremos un mandatario que no se convierta en un virrey que como en la colonia, llegaron tan solo con el peregrino objetivo de “hacer la América”, es decir, a llenarse las manos con el oro de los verdaderos propietarios de la tierra o a cambiar, cuentitas de vidrio por el preciado metal amarillo.
Ustedes, amigos Candidatos, son gente acomodada, viven que buenos sueldos y tienen ya conformado un patrimonio, muy por arriba de la media nacional; no son como algunos que llegaron al poder con una mano adelante y la otra atrás a, sardónicamente, “hacer gobierno”, y salieron con enormes propiedades; son gente que poseen esa perversa obsesión de hacerse de ranchos o haciendas majestuosas, donde la prosperidad agrícola en nada se parece a la de los campesinos de cualquier municipio, donde únicamente se producen remolinos de polvo, milpas de dolor y olvido, o enormes plagas que devastan las esperanzas de decenas de familias que al final de todo ese doloroso proceso migran rumbo al incierto “sueño americano”, montados en la “punta de fierro”, hoy bautizado como “la bestia”, mientras esos virreyes montan ostentosos caballos que ya quisieran los emires del medio oriente.
Señores candidatos, no queremos los nayaritas, Gobernadores montados sobre esos equinos maravillosos, de alto registro con costos enormes de millones de pesos que vienen a ser una bofetada a una cada vez más golpeada ciudadanía, mirando a los demás con desprecio. Simplemente deseamos o aspiramos a ver en el gobierno hombres que sepan cumplir su palabra, que no tengan a la ética como lindo adorno del discurso, que no tengan a la corrupción como atributo de poder y a la mentira como libro de cabecera. Queremos Señores, un gobernante que escriba su nombre, no con doradas letras en un frío muro, sino como escrito con pirógrafo, en la mente de cada hombre y mujer de Nayarit, esos que quieren trabajar a brazo partido con alguien honrado y decente, alguien que nos haga decir: “esta obra la hicimos todos” y no como hoy que quedan en manos de perversos contratistas o amigotes del gobernador en turno que sabemos se enriquecen a manos llenas, incluyendo obviamente al mandatario estatal quien acepta de manera vergonzosa el deshonroso “diezmo” en un desprecio total por la transparencia y rendición de cuentas.
Tienen Ustedes la oportunidad histórica de ser diferentes, aplicados a la chamba, conscientes de su responsabilidad, hombres con honor, palabra esta que viene del latín honoris, que describía sanas cualidades como rectitud, dignidad, decencia, respeto, fama y gracia; cosa que muchos gobernantes de esta tan maltratada nación, ni de broma tienen, como esos “reyezuelos” como los Duarte, Borge, Padrés y demás alimañas que hoy debemos inscribir en el Museo de los Horrores. Tienen Señores la oportunidad histórica de servir en verdad, que es el espíritu de la tarea política y no caer en la tentación de grilla rupestre que se incrusta en la mentalidad de algunos funcionarios, convirtiendo su labor en un simple hueso que hay que roer en un sexenio y los que vengan. Tienen la oportunidad histórica de hacer verdadera democracia representándonos a todos y no solamente el momento para rotar de un puesto a otro con toda la sarta de seguidores, muchos de ellos simples lambiscones y arrastrados que también van por el hueso, oscuros compromisos políticos que solo llenan cuentas bancarias. Tienen la oportunidad histórica de, una vez por todas, gritar a los cuatro vientos, sin tapujos, sin restricciones, sin compromisos perjuros que Nayarit sufre de una política disfuncional, y que por ello no avanza la economía, ni mejora el bienestar de los nayaritas, y el tema de la seguridad se convierte en una pesadilla; que los últimos gobernadores se han dedicado tan solo, y muy mal por cierto, a administrar errores y proyectos fallidos, como sus esfuerzos, si es que los hubo. Tienen la oportunidad histórica de dejar de honrar a sus partidos políticos y comenzar a hacer la corte a los ciudadanos, esos que los van a llevar a la máxima silla del Estado, al poder. Hay que decirlo claro y fuerte, los ciudadanos mexicanos y claro los nayaritas, estamos hasta la madre del PRI, PAN, PRD, PT, Morena, Movimiento Ciudadano, Encuentro Social, Panal, Verde Ecologista, PRS y todos los que vengan en mala, malísima hora, porque sabemos que injusta, en forma abusiva e irrazonable reciben el dinero que nosotros aportamos a manos llenas, mientras los hospitales carecen hasta de curitas, las escuelas se caen sobre sus cimientos, la carreteras se cobran a precios de oro, los sistemas hidráulicos de los pueblos son obsoletos y precarios, los indígenas en la sierra se mueren de hambre y un sinfín de males que solo se remedian con el dinero que se da a esos dizque “institutos políticos” que ya ni ideología tienen, porque sus integrantes se acuestan de un color y sin rubor, se levantan de otra tonalidad. Tienen la oportunidad histórica de dejar de creer que los presupuestos son la gallina de los huevos de oro, a la cual matan cada sexenio, de no guardar silencio ante lo que está mal y saben que va a perjudicar al pueblo, de decirle sus verdades al presidente de la República si eso es necesario; que no vayan a los municipios a construir obras que nadie pidió porque van a sufrir el repudio de la mayorías. Esa oportunidad histórica, ahora está en sus manos…
Por el contrario, si deciden ser iguales a los anteriores, contribuirán una vez más por la permanencia del inefable y nefasto status quo; su única construcción será un Nayarit empobrecido, desconocido para el resto del país; a una entidad federativa que no aporta, que no figura, que es una mancha de color en el mapa y nada más. Entonces sí, inscribirán su nombre en el muro de horror del cual cuelgan antiguos y no tan antiguos gobernadores que solo pasaron para hacerse multimillonarios ante los ojos, ya no tan impávidos de una sociedad harta de una clase política nacional, sea del partido que sea, y de la cual, nos guste o no, Ustedes forman parte.
Por supuesto que mucha, muchísima culpa hemos tenido los ciudadanos que nos hemos conformado con ver de lejos a los toros, que pasan raudos destruyendo todo a su paso. Tan conformistas somos que decimos: “a mí no me gusta la política, por eso no me meto”; “todos los políticos son iguales, todos roban y no hay nada qué hacer”; mentamos madres, subimos memes a las redes sociales, inventamos ingeniosos chistes o historietas, pero no actuamos, no hemos aprendido a vivir con la boca abierta; no los demandamos a pesar de que al tomar posesión todos los gobernantes protestan cumplir y hacer valer la Constitución y las leyes que de ella emanen, pero nada hacemos, nada les reclamamos, no los demandamos como Ustedes mismos nos pidieron, y la impunidad crece, ese que es el terrible y peor mal de este país, a nadie se castiga y Ustedes Señores Candidatos poco han hablado del dañadísimo “Estado de Derecho”. Repito, hoy tienen la oportunidad histórica de ser no solo un buen gobernador, sino de ser EL GOBERNADOR.
Señores candidatos, ustedes tienen la palabra y el futuro de los nayaritas.
Con todo respeto
L.D.C. JOSÉ RICARDO MORALES Y SÁNCHEZ HIDALGO








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