lunes, 13 de febrero de 2012

REALIZAN ESTUDIO GEOQUÍMICO DE IMPORTANTE YACIMIENTO DE OBSIDIANA



* Se trata del yacimiento del volcán Las Navajas, localizado en los valles intermontanos del altiplano nayarita
* Los resultados de dicho estudio son producto de una estrecha colaboración académica entre el Centro INAH Nayarit y la Universidad de Missouri-St. Louis.



Ubicado a una distancia de 18 kilómetros hacia el Oriente de la ciudad de Tepic, en el extremo occidental del Eje Neovolcánico Transversal Mexicano, el volcán Las Navajas (1680 m.s.n.m.) constituyó una de las principales fuentes de abastecimiento de obsidiana del occidente de México durante la época prehispánica. Deriva su nombre de las enormes concentraciones de desechos de talla -lascas y navajas- que se encuentran asociados a los numerosos afloramientos que se distribuyen sobre sus laderas. Esta obsidiana se caracteriza por su excelente calidad de fractura y por su color verde opaco de aspecto lamoso, con los bordes ligeramente translúcidos en piezas delgadas.

Los trabajos preliminares de reconocimiento de superficie (prospección) y muestreo de esta materia prima, realizados en el 2007 por el arqueólogo Mauricio Garduño Ambriz del Centro INAH Nayarit (INAH-CONACULTA), permitieron recolectar un total de 15 muestras de obsidiana que fueron enviadas y procesadas en el Laboratorio de Arqueometría de la Universidad de Missouri -Missouri University Research Reactor (MURR)-, a cargo del Dr. Michael Glascock, con el objetivo de identificar su composición elemental. Estas muestras fueron analizadas por medio de las técnicas de Fluorescencia de Rayos-X (XRF) y de Análisis por Activación Neutrónica (NAA), con lo que fue posible perfilar la “huella” geológica y mineralógica distintiva de este yacimiento, comentó el arqueólogo Garduño.

Los afloramientos de obsidiana en el volcán Las Navajas --también conocido como San Luis de Lozada-- son muy extensos y se distribuyen prácticamente desde su base, ubicada a una altitud promedio de 900 m.s.n.m., hasta la boca del cráter. Existen numerosos depósitos de origen ignimbrítico caracterizados por densas concentraciones de nódulos de obsidiana de forma y tamaño variable, desde pequeños cantos de 2 cm. hasta bloques de 30 cm. de longitud, contenidos en una matriz de toba compacta de color café ligeramente rojizo o amarillento. Por otro lado, durante los reconocimientos también fue localizado un afloramiento de grandes bloques en el sector sureste del cráter que podría formar parte de un derrame o flujo de obsidiana de mayores dimensiones, apenas visible en superficie, precisó el investigador.

Las evidencias arqueológicas vinculadas con la explotación del yacimiento consisten en acumulaciones de desechos de talla y núcleos, percutores, lascas de reducción de bifacial y preformas de artefactos bifaciales, materiales que se distribuyen en sectores específicos dentro de la mina-taller, lo que sugiere que el trabajo realizado en este lugar era especializado.

También fueron localizadas depresiones de contorno circular que probablemente correspondan a bocaminas de pozos de extracción azolvados, asociadas a concentraciones de materiales residuales derivados del proceso inicial de talla de la obsidiana, que era realizada in situ. Los tiros localizados sobre la ladera norte del volcán, de hasta 3 metros de profundidad, sugieren que para alcanzar los flujos solidificados de obsidiana más profundos se llevaron a cabo trabajos especializados de minería. Además, todavía es posible observar nivelaciones artificiales del terreno en forma de terrazas, aledañas a los afloramientos de obsidiana, donde probablemente se encontraban las viviendas temporales de los mineros y de los artesanos, apuntó el arqueólogo.

“El control, distribución y aprovechamiento de diversos recursos estratégicos, como la tierra cultivable de alto rendimiento, la sal y la obsidiana, le confirió a estas poblaciones la autosuficiencia necesaria para consolidarse como entidades relativamente autónomas, aunque de ninguna manera funcionaban como unidades político-territoriales aisladas, como lo demuestra la compleja red comercial supra-regional que se consolidó durante la ocupación Aztatlán (850/900-1350 d.C.) en la región durante el Postclásico”, señaló el especialista.

Es importante mencionar que alrededor del 85% del volumen total de la obsidiana que fue consumida por la población asentada en la planicie costera noroccidental de Nayarit --donde no existen formaciones naturales de vidrio volcánico-- en niveles de ocupación pre-Aztatlán procede precisamente de este yacimiento, lo que sugiere que esta fuente fue explotada intensivamente durante el periodo Clásico. 
El volcán Las Navajas constituyó una de las fuentes de abastecimiento de obsidiana más importantes del Occidente de México y la cultura Chinesca (100 a.C.-250 d.C.), representativa de la tradición Tumbas de Tiro asentada en los valles intermontanos del altiplano nayarita, estuvo directamente involucrada en su explotación y redistribución a nivel regional, desde etapas tempranas.

La caracterización química y mineralógica de la obsidiana del Volcán Las Navajas, así como la integración de estos resultados dentro de la base de datos general de los yacimientos de obsidiana del Occidente de México, proyecto a cargo del Dr. Glascock, permitirá establecer correlaciones culturalmente significativas entre numerosas colecciones de artefactos recuperadas en diversos sitios arqueológicos de los estados de Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Durango, Zacatecas y Colima, con su fuente geológica de obtención. Con este cúmulo de datos será posible reconstruir los patrones prehistóricos de producción, distribución y consumo de esta materia prima dentro de esta extensa región, así como explicar la complejidad de las esferas comerciales establecidas entre estas poblaciones a través del tiempo.

Finalmente, el arqueólogo comentó que los resultados de este y otros estudios fueron recientemente publicados (2010) en el Reino Unido bajo el título de “Crossing the Straits: Prehistoric Obsidian Source Exploitation in the North Pacific Rim (Yaroslav Kuzmin y Michael Glascock, eds.), BAR International Series.

Una de los compromisos del INAH en Nayarit, que coordina el L.D.C. Armando Santa Cruz Ruiz es precisamente la investigación, la difusión y que a través de estas acciones se fomenta el conocimiento de la historia de Nayarit.




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