domingo, 4 de junio de 2023

DE CHILE, DE DULCE Y DE MANTECA

 


Por: José Ricardo Morales y Sánchez Hidalgo


DE CHILE: Pensé que, ahora ya jubilado, me había librado de las mentadas y engorrosas declaraciones patrimoniales que nos exige la ley…que supongo es la de Herodes: “o te chingas o te jodes”. Pero no, resulta que debo hacer mi declaración de cierre, es decir, la última. Eso no me consuela, al contrario, me encabrita más pensando que este país se ubica en el reino del revés, donde nada el ave y vuela el pez.



Me parece totalmente absurdo y elevadamente burocrático que tengan que enfadarnos con este requisito, cuando no manejamos dinero y aunque así fuera, es tan poco que no hay manera de malversarlo. Es una cruel burla de que, por ejemplo, hasta los intendentes tengan que hacer su declaración patrimonial, mientras algunos políticos y gobernantes andan de gira artística por el mundo con los miles de millones de pesos —no pinchurrientas decenas de bilimbiques, no, miles de millones de pesos y a veces dólares— que robaron, malversaron, timaron, ratearon, desviaron, atracaron, estafaron, sustrajeron o usurparon y que ahora gozan en sus enormes mansiones o viajando por todo el ancho mundo con gordas cuentas bancarias en paraísos fiscales como las islas Caimán o Suiza. Mientras uno, triste mortal, intenta hacer las cosas bien, hasta en la maldita declaración patrimonial, calculando cuánto gané en un año, cuánto gasté, si tengo deudas, si debo mi casa o mi auto, ellos, esos traidores a la patria, mandan a sus achichincles a hacerles la declaración, falsa por supuesto, “olvidando” declarar el pequeño penthouse en Miami o la colección de carros superlujosos o los caballos pura sangre de “la granjita”.


 Causa tirria molestarse en elaborar esta “joda” mientras voltea uno para atrás y ve a Foximiliano y Martota, a “Borolas” Calderón, a Alí Babá Peña y sus 40 ladrones, viviendo libres e impunes en la opulencia. Y más se revuelve la tripa cuando mira uno hacia adelante y ve a los nuevos y “transformistas” politigrillos de hoy, en las mismas condiciones que los de ayer, pero con el lema tatuado en la frente de que ya no existe la corrupción: Bartlett, los hijos de AMLO, el generalote Sandoval, dueño del changarrito “la Sedena”; Layda Sansores y a un presidente de la república viviendo en el lujo, la exuberancia y demasía en un suntuoso palacio donde nada paga, nada gasta, nada eroga, mientras repite todos los días hasta la saciedad: “primero los pobres”. No somos nada, y disculpen me retiro a hacer la suma de mis quincenas.


DE DULCE: Sí, no lo niego ni me escondo, duele ver perder al equipo de las entrañas, de la querencia, de la niñez; más siendo local y con dos goles de ventaja. Exagero sin duda, pero la de Guadalajara es una tragedia similar al maracanazo de 1950 en Brasil, cuando la verde-amarela, perdió la final del mundial contra Uruguay. 

No faltará quien me llame enajenado, condicionado por la TV, etc. Y es que el fútbol, ha sido satanizado por algunos que, en aras de una supuesta filosofía de izquierda o socialista, ven mal que las masas se distraigan por un partido de balompié de los grandes males del país. 


El fútbol, se ha colocado, por estas personas, a nivel de las telenovelas, del Libro Vaquero y Ventaneando. Sin embargo, creo que es al revés, un pueblo como el mexicano, que ha sido engañado y saqueado a lo largo de su historia por prácticamente todos sus gobernantes; donde la demagogia y la mentira oficial es el pan nuestro de cada día. En un México, permanentemente en crisis económica, con una inseguridad galopante de cientos de asesinatos dolosos diarios; donde la inflación se halla en las nubes y no se ve cuándo disminuya; territorio fértil para la impunidad y el crimen organizado y hasta el desorganizado; país en el que el discurso consuetudinario nos pinta una nación en jauja, pero la realidad nos pone en nuestro lugar. 

México, donde no se entiende la cantidad de barbajanes que hay que mantener, cómodamente instalados en mullidas curules trabajando más para sus indignos partidos que para la comuna. Con un presidente de la república, que en ratos parece el merolico del mercado o de plano un orate escapado del manicomio; que se agarra como las verduleras a romperse el hocico con todo lo que se mueva, se hace necesario un partido de fútbol o de béisbol o de lo que sea, con tal de olvidar la desgracia que vivimos todos aquellos que vimos en AMLO un verdadero cambio de organización, ética y mentalidad. Siempre será bienvenido un clásico Chivas-América para paliar un poco la terrible realidad de una rica y maravillosa nación hoy convertida en un país bananero y ramplón. Mejor embotarnos el cerebro con la Rosa de Guadalupe, el Libro Vaquero o Chanoc, que escuchar los mismos berrinches de una mañanera que hastía y nos prende la mecha. 

¡Que sigan los pleitos de los Chiva Hermanos contra las aguerridas y paliduchas águilas del América!; que vuelvan a brotar los ingeniosos memes de la final futbolera y que nos traiga distraídos la tabla de posiciones cada semana…todo será mejor que oír el pleito diario contra los neoliberales, los fifís y los conservadores, todos ellos racistas, clasistas y traidores a la patria. Por cierto: ¡Arriba las Chivas canijos!


DON EDUARDO VIDRIALES ROBLES

DE MANTECA:  Un personaje inolvidable para todos los que lo conocimos fue el buen amigo Don Eduardo Vidriales Robles, con quien afortunadamente tuve múltiples pláticas acerca de la historia contemporánea de Acaponeta y quien, antes de su sentido deceso, me compartió este cuentecillo sobre algún personaje de nuestro municipio. Ojalá lo disfrute el amable lector y queda ahí el recuerdo de una excelente persona que dedicó buena parte de su vida a las artes gráficas y la impresión.


“Hoy hace tres semanas que mi esposo Cirilo se fue pa´l norte y ya recibimos su primera carta. Un sobre bien alisado con un timbre gringo y que está escrito así: “Remite Cirilo Macías, Rancho Los Álamos, Texas. Para Rosalina Macías, Rancho San Dieguito de Abajo, Acaponeta, Nayarit, México.” Como si hiciera un año de que se fue, así de grandes eran las ganas que mis hijos y yo teníamos de recibir carta. Dice que cruzó sin problemas y sin susto, y que, de su primera paga, que no es completa todavía, nos está mandando veinte dólares. Son pocos dice, “pero ya será más cuando reciba mi raya completa. Estos son para que sepan que no me olvido de ustedes…”

Dice también: “salió bien la treta que tú y yo hicimos pa´venirme del rancho sin despedirme. Me traje la arpilla en la mano con que venía a comprar mandado en la tienda del “Tripas” en Acaponeta, donde yo había mandado antes el bulto con mi ropa. Dile a Juan “el sofocado”, uno de los sitieros del rancho, que me lo trajo, que muchas gracias. Así me horré el trago de las despedidas donde a muchos se les ha hecho bolas el cogote y hasta han tenido de plano que rajarse de hacer el viaje. O vienes o no vienes. Mejor así sin atragantarse al´ora de despedirse de los di´uno”. “Todos los días sueño a mi chilpayata Rosario, jalándome los pelos del bigote mientras la traigo abrazada. Y a Rosalba la de en medio ya le tengo vista en una tienda su mochila de color naranja, con calculadora y plumas de todos los colores para que le siga yendo bien en la escuela y siga sacando buenos lugares”. “A mi hijo Pablo el mayor, por llevar el nombre de su abuelo, ya le tengo vistas unas botas del cinco y una gorra tejana para cuando vaya los domingos al jardín de Acaponeta, ora que hay corrida al rancho que sale hasta las nueve de la noche y pa´que sus amigos digan: ´a´í va el hijo de Chilo Macías.” “Y a mi viejita “Beta” ya le tengo vista en una tienda de El Paso, su suéter aborregado, para las mañanitas frías que ya vienen allá por la cuesta blanca, rumbo a La Mesa, donde vive con mis demás hermanos. No me olvido también de los quinientos pesos que nos prestó mi compadre José Antonio para completar lo del “brinco”, junto con lo que nos dieron por la vaquilla josca que vendimos cuando me vine…” “Querida Rosa: Aunque me vine lejos a buscar la vida, a todos los tengo muy cerca. El retrato tuyo lo tengo en la bolsa de adentro de la chamarra, la que me pongo todos los domingos pa´que no se me olvide como eres. Aquí también hay tentaciones, pero trataré de guardarlas en la secreta de mi pantalón. No me has preguntado qué regalo quieres para ti, pero te lo voy a tener en secreto. Ya sé que te gustan los vestidos de colores chillones para lucirlos con tus trenzas largas. Eso y tus coquetas grandes y otras cosas más que te voy a llevar. Los quiere a todos Cirilo”

Mis amigas, las que no saben lo que es tener marido lejos, me preguntan cuánto vale una carta. Yo no les digo nada, pero para más es mi comadre Andrea que me pidió la carta para ponérsela al Santo Niño que tiene en su casa para que todo se nos cumpla. Dice que es tan milagroso como el que tenemos en la capilla del pueblo. No lo hace por leer la carta que de todos modos se la diríamos letra por letra, pues nos llevamos muy bien. Mientras, en mi casa, seguimos engordando la puerca “cuina” que tenemos pa´los chicharrones, el día que vuelva Cirilo. A mis amigas las que me preguntan qué cuánto vale una carta, les puedo contestar que yo y mis hijos no les daríamos esta que tenemos ni por todo el dinero que ellas pudieran juntar en cinco años. Bien alisada la carta, en el fondo de la caja de la ropa, podemos verla todos los días y saber cómo es cierto, que cada día nos queda más cerca el regreso de Cirilo. Él no se aguantó las ganas de poner una de esas que les dicen posdatas y que dicen: “Cuando oigan cantar a “los Chirrines” el corrido del bracero que se volvió rico, se acuerdan de mí pa´ver si se me hace…aquí también me pasan cerca los pitidos del tren como en San Dieguito. Adiós. Chilo”

¿Cuánto vale una carta? De Don Eduardo Vidriales Robles. Espero sus comentarios, sugerencias los invito a acceder al portal PUERTA NORTE ACAPONETA https://elblogpuertanorte.blogspot.com/