Por: José B. Algarín G.
MUERE UN HOMBRE DE BIEN...
A pesar de ya vivir en Guadalajara, mis visitas a mis padres en
Acaponeta eran frecuentes, y siempre sentía la nostalgia de ellos en cuanto los
dejaba, quizá por ya sentir cerca la partida de ellos, sobre todo de mi papá,
quien en una de sus venidas a Guadalajara, se le diagnosticó un cáncer
pulmonar. Desgraciadamente por su localización y el tipo de cáncer estaba ya
mas allá de la cura. Sin embargo se sometió a varios tratamientos de
quimioterapia y radiaciones, que le prolongaron la vida. La agonía de mi papá,
duró más de un año, pero esa agonía que él nunca vio con desesperación o
amargado de la vida, sino que él seguía siendo el eterno bromista hasta de su
mismo padecimiento.