sábado, 2 de mayo de 2026

LA GRAN OPORTUNIDAD DE CLAUDIA SHEINBAUM

 


Por: José Ricardo Morales y Sánchez Hidalgo

(ACLARACIÓN: Este artículo se terminó de escribir minutos antes de la solicitud de licencia del gobernador Rubén Rocha Moya)

Por supuesto que la noticia, no solo de la semana, sino del sexenio de Claudia Sheinbaum Pardo, es la solicitud oficial por parte del departamento de justicia de los Estados Unidos, para la detención provisional con fines de extradición del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y otros altos funcionarios de Sinaloa, incluyendo a un senador de la república —¡qué bajo ha caído la cámara alta! —, y el alcalde de Culiacán, todos estos en funciones.

El gobierno del burro anaranjado donald trump (siempre con minúsculas) acusa a Rocha Moya de delitos relacionados con el narcotráfico, posesión de armas de fuego y conspiración para importar grandes cantidades de narcóticos en colaboración con facciones del Cártel de Sinaloa, específicamente "Los Chapitos", quienes están cantando como jilguerillos sin jaula, allende la frontera. Eso, por supuesto, desató la furia de los integrantes de la 4T, quien junto con la “prasadanta con A”, han defendido al pelafustán quien cogobierna Sinaloa con el crimen organizado, exigiendo a gritos, una y otra vez: pruebas.

Este gobierno cuatrotero y del obradorato, reclama airadamente le muestren las pruebas, exponiéndose a que, en efecto, las autoridades gringas, le muestren esas pruebas, que a todas luces serán incómodas para Claudia y más para el “Peje” escondido en Chiapas. La pregunta es: con que cara, el régimen actual, demanda “pruebas”, si a ellos no les importó decidir que la UIF puede y debe congelar cuentas bancarias sin ninguna “trinche” prueba y que, además incrementó o hizo más amplia la banda ancha para los delitos que ameritan prisión preventiva. En cristiano, esto quiere decir, que hoy, la 4T puede encarcelar a alguien, antes de juzgarlo y aquí, las pruebas, valen 70 oréganos. Es la doble moral del legado obradorista.

Dos figuras retóricas son recurrentes en los discursos “mañaneros” de la Sheinbaum: la primera, Gerardo García Luna y, segundo, el vocablo “soberanía”. Un día los menciona, y al siguiente también. Vamos por partes, dijera Jack el destripador. Es público y notorio, que Andrés Manuel López Obrador, nunca superó haber perdido la elección de 2006 por un margen mínimo. Nunca se resignó a ello y causó muchos estropicios como cuando tomó y se adueñó del Paseo de la Reforma en la CDMX, provocando quiebra de negocios y la pérdida de decenas de empleos. Ese legado de odio para todo lo que oliera a Felipe Calderón, se lo dejó el hijo de Macuspana a su actual títere que no acaba de funcionar en palacio nacional. 

Cuando detuvieron a García Luna en Estados Unidos, fue día fiesta para el “cuatrotero régimen” y desde entonces no dejan de mencionar a este tipejo, que sí, en efecto, fue uno de los artífices del crecimiento del narco en este pobre país, y evolucionó hasta lo que es hoy, en el régimen de los “abrazos y no balazos”. Esto es importante, pues durante seis años, AMLO desertó de su labor de brindar seguridad a la patria. Aplaudieron a rabiar cuando los mafiosos detenidos en el gabacho, cantaron como los Niños de Morelia, echando pestes y estiércol sobre la figura del Secretario de Seguridad Pública de Felipillo. 


Hoy, “el jefe de jefes” sinaloense, está exactamente en el mismo caso en que estuvo García Luna, allá en la tierra del no menos maleante Tío Sam. “Los chapitos”, el “Mayo” y otras lacras, parecen Pavarottis echando gorgogitos a un gran jurado para traer a Rubén Rocha Moya y meterlo en un negro calabozo junto al odiado Genaro. Solo, que, para la 4T, el primer caso, sí fue legal y lo vitorearon, pero con Rochita ya no les gustó y hasta llamaron ilegal lo que hicieron los gringos solicitando la augusta presencia del hijo predilecto de Badiraguato. Si Sheinbaum quiere ser coherente con lo que dice y con lo que hace —dice mucho y no hace nada—, debe actuar en contra de Rocha, pues ya lo dijo sin rubores: “Lo he dicho siempre en forma clara y hemos actuado en consecuencia: nosotros no vamos a cubrir a nadir que haya cometido un delito”. ¿En serio? Entonces cómo se explica que al gobernador incomodísimo de Sinaloa lo han cubierto con amplio zarape de la protección y la impunidad.

Creo en dos cosas que son como las líneas paralelas, corren una distante de la otra, pero nunca se tocan. Primero, estoy seguro que este caso es una oportunidad histórica e irrepetible para Claudia Sheinbaum. Es hora, y qué mejor pretexto que este negro caso, de romper el pacto de impunidad con el narco, ver por el futuro, la paz y el bienestar —ahora sí, bien empleada la palabreja— de México. Empezar a deshacerse de todas las alimañas que responden al viejo cacique enclaustrado en Palenque, comenzando por uno de los más ponzoñosos como es Rocha Moya y los otros nueve apéndices del depredador sinaloense, para que sirva de escarmiento a los demás, incluido por supuesto, una de las peores sabandijas del sistema como es Adán Augusto López, o bien, bichos corruptísimos como Mario “el ojitos de sapo machucado” Delgado, María del Pilar Ávila y otros gobernadores y legisladores, todos “preciosos”.

Pero, soy realista también y la declaración del jueves de la presidenta atada al déspota tabasqueño, me lo deja claro, cuando expresó, mordiéndose los labios: “Si no hay pruebas es evidente que es político; no permitiremos injerencias”, y en consecuencia —lógica por cierto— avienta la pelotita a la Fiscalía General de la República, lacaya del sistema, una de las joyas de la ya muy adornada corona obradorista, quien “abrirá una carpeta de investigación” que se sumará a las millones que tienen archivadas y retrasadas en el algún oscuro rincón, porque sabemos, que la 4T no investiga a la 4T y menos la castiga, si acaso le dan una embajada al “pernicioso individuo” y tan tan, a otra cosa mariposa.

Imagine usted, amable lector, que por algún milagro, el malandro Don Corleone Rocha Moya, llegara ante las autoridades de los “primos” del norte y, como hacen todos los trúhanes caídos en desgracia, se pone a soltar la sopa… todos los caminos llevan a AMLO, ese reyecito que es dueño del poder ejecutivo —Claudia es de él—, el poder legislativo, del poder judicial, de la fiscalía, de 24 gobernadores, de casi todo el gabinete de Sheinbaum, del INE y de los partidos Morena, PT y Verde, y, lo peor, dueño también del ejército, de la marina y de la guardia nacional. Ante esto, la mandataria nacional nada hará contra Rocha, porque es hacérselo a su jefecito, el capo di tutti capi, quien, con solo tronar los dedos, la depone del puesto donde viene haciendo terrible ridículo.

La otra línea de la cual hablaba, es esa palabra que no se le quita de la boca a la presidenta de pacotilla, es la de “soberanía”, que la saca lo mismo de día que de noche, o bien, para hacer unas ricas enchiladas suizas, sale con el manido cuento de la “soberanía”. ¿Pero, qué significa? La Real Academia Española la define como a la autoridad suprema e independiente de un Estado o colectividad para gobernarse a sí misma. Su etimología viene del latín “super” que significa “sobre” o “encima de”, y del sufijo “anus”, que indica procedencia o relación, formando el término “superanus”, es decir, "el que está por encima". Y, aquí el problema es que la propia Sheinbaum, que debería de estar por encima de todos, está por debajo —muy abajo— de Líopez Hablador, y de sus corifeos, que poco caso le hacen a la “presidenta científica”. Y, lo peor, Sheinbaum para efectos prácticos vale gorro, porque esta nación “soberana”, está también por debajo del crimen organizado que manda y dispone acciones en inmensos territorios de la geografía nacional como Sinaloa y ellos sí, ahí son “soberanos”.


Creo que Claudia debería hacer equipo con los gabachos y dejarse de grillas trasnochadas y de cuarta. Pelearse con “los güeros” o el asno amarillo no es sano, porque tienen la sartén por el mango. Dice ella, sin pensar, que la acusación norteamericana es pura politiquería, aunque ella, hace lo mismo a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, que bien o mal, acabó con un gigantesco narcolaboratorio y ahora la quieren quemar viva en el templo mayor a un ladito del zócalo de la CDMX, acusándola de traidora a la patria y vende soberanías.

Dice la Sheinbaum, que habló telefónicamente con el gánster Rocha y le expresó a este, que no se preocupara y nada temiera —solo Judas temió, Rocha— y, alegre se puso el vejete hampón y, poco faltó para que les gritara a los gringos como hizo el caído en desgracia Nicolás Maduro: ¡Vengan por mí cobardes! Lo cual, es una pésima estrategia de la mandataria de palacio nacional. Estoy cierto, que ella tendría que alzar el teléfono de su despacho, marcarle al mafioso de Sinaloa y decirle sin más trámite: “Gobernador Rocha, por favor presente en las próximas 12 horas su renuncia con carácter de irrevocable”. Es todo, no necesita amenazar o dar de sombrerazos, solo eso —apuesto doble contra tronchado que a las 12 horas o menos deja el puesto— y se quitará tremendo alacrán de encima.

A final de cuentas, repito, todos los caminos en este caso de Rocha Moya, llevan al rancho “La Chingada” donde se oculta el eremita de Tabasco, pero también de la indigna y nefasta jornada electoral de Sinaloa del 2021, también del huachicol fiscal, las transas de las obras faraónicas, las corruptelas de Segalmex, la desaparición del Insabi, el crecimiento gigantesco del crimen organizado y la enorme deuda que tiene México.

De seguir actuando así, Claudia Sheinbaum y de paso México, se meterán en una bronca marca ACME. ¡Qué Dios nos coja confesados!¡bueno, nos agarre!


LAS GARDENIAS Y EL POETA

 


Mensaje de Consuelo Sáizar de la Fuente en su homenaje en la Casa de la Cultura "Alí Chumacero"


Consuelo Sáizar de la Fuente 

Casa de la Cultura «Alí Chumacero» Acaponeta, Nayarit

24 de abril de 2026 

Yo no soy lo que me sucedió; yo soy lo que elegí ser. Carl Gustav

 Jung 

Señoras y señores, buenas tardes. 

Inicio como aprendí a hacerlo en la escuela donde estudié —el Centro Escolar Acaponeta—: agradeciendo. 

Gracias al H. XLIII Ayuntamiento Constitucional de Acaponeta. Gracias a la Casa de la Cultura «Alí Chumacero». 

Gracias, de manera muy especial, a la Junta Vecinal Pro-Conservación y Difusión del Patrimonio Histórico y Cultural de Acaponeta, que cumple treinta años de cuidar, con terquedad invencible y amor apasionado, la memoria y el porvenir de esta tierra. 

Gracias por pensar en mí. Gracias por hospedarme esta tarde. Gracias a Julia, mi esposa, que me acompaña hoy, como lo ha hecho a lo largo de este siglo. 

Gracias a mi familia, que es también esta tierra. Cierro los ojos. Y sé que no estoy soñando. Sé que no es un sueño porque hoy, al despertar, olí las gardenias; porque anoche comí gorditas, esta mañana fui por churros y más tarde tomaré tejuino. Sé que no estoy soñando porque estoy rodeada por los olores y sabores de mi infancia, los mismos que me han acompañado —allá donde he estado— durante estos cincuenta años: el medio siglo transcurrido desde aquel 30 de julio de 1976, cuando salí de Acaponeta, a los catorce años, para instalarme en Tepic. 

Y, sin embargo, si algo de sueño hay en esta tarde, es que hoy amanecí de nuevo en Acaponeta: no en la casa de mis padres, que ya no están; no en la de mis abuelos, que ya no existe; sino aquí, en la única patria que nunca he dejado de habitar: la de mi niñez. 

La primera patria se lleva tatuada en el corazón. Si algo me llena de orgullo es haber nacido en Acaponeta. He hablado largamente de mis años de infancia; he escrito sobre los momentos decisivos que viví en estas calles; he querido registrar, con gratitud y con asombro, a las personas y las escenas que marcaron mi destino.

Por eso, cuando a finales de enero recibí un mensaje de Pepe Morales Sánchez Hidalgo para decirme que la Junta había decidido rendirme un homenaje por mi trayectoria académica y profesional, y que esa decisión había sido unánime, me emocioné profundamente. Pero de inmediato me detuve en la palabra homenaje. Y entendí que no era Acaponeta quien debía homenajearme a mí: era yo quien debía rendir homenaje a Acaponeta. 

Y con esa certeza empecé a escribir estas letras. Permítanme invertir el orden de esta ceremonia. Soy yo quien viene a rendir un homenaje a Acaponeta. A todos ustedes. A la Junta Vecinal Pro-Conservación y Difusión del Patrimonio Histórico y Cultural de Acaponeta, A.C., por estos treinta años de trabajo heroico e infatigable; por haber defendido una idea grande de la vida común; por haber dejado en este pueblo no solo obras y proyectos, sino una forma organizada, devota y perdurable de amar lo propio. 

Treinta años son más que una cifra o una efeméride. Son obras. Son un piano de cola conseguido con tanto tesón para esta Casa de la Cultura que la sola gestión generó la donación de un segundo instrumento. Son las gardenias plantadas en las calles y los parques, una a una, con cada pétalo como una declaración de principio: aquí vive gente que valora y cuida lo hermoso. Son doscientas placas con los nombres de las calles en las esquinas del pueblo. Son más de trescientas sillas para este recinto. Son la huella y la memoria de congresos de cronistas e historiadores, presentaciones de libros, encuentros de poetas, conversatorios, exposiciones. Es un cine club. Es un museo comunitario. 

Son ustedes: un grupo de acaponetenses de probada honestidad, como los define Pepe, propositivos, entusiastas, comprometidos. Un pueblo también se reconoce en aquello que decide cuidar. Y aquí se ha decidido cuidar la palabra, la música, la memoria, los libros, los parques, las esquinas, las placas, los recintos, las tradiciones. Aquí se han sembrado gardenias como quien fija una convicción: la belleza es una forma de vida compartida. 

Por eso quiero rendir homenaje a todos ustedes: a los presentes y a los que no nos acompañan; a quienes sostienen la conversación del pueblo; a quienes han cuidado sus casas, sus patios y sus zaguanes; a quienes han hecho de Acaponeta no solo una geografía, sino una forma de estar en el mundo. 

Quiero homenajear el rumor del río y el paso del tren. La luz de la tarde. A las guitarras y los pianos. Las casas que ya no existen y las que se han construido para albergar nuevas vidas. Quiero agradecer a quienes han hecho de Acaponeta eso que tantas veces se ha dicho con justicia: la Atenas cultural de Nayarit. Un sitio donde la belleza no es adorno, sino vocación; donde la cultura no es ornamento, sino seña de identidad. 

Yo nací en una imprenta. Nací entre máquinas, tinta, papel y tipos móviles. Allí se imprimía El Eco de Nayarit, y allí aprendí, desde muy niña, que un pueblo no solo se formula desde un palacio municipal o desde un partido político: también se define desde la conversación pública, desde las noticias, desde las ideas, desde la dignidad de nombrar los hechos. 

El Eco de Nayarit fue obra de la ambición intelectual de Manuel Sánchez Hidalgo y del inclaudicable tesón de Martín M. Sáizar: dos familias de Acaponeta que creyeron, contra todo pronóstico para un poblado de pocos habitantes, que un periódico merecía salir con puntualidad y sin erratas para registrar la memoria colectiva, esa filigrana que nos une a todos. 

Aprendí muy pronto que una imprenta es un lugar con geografía propia. Tiene su cielo de cajas altas, donde habitan las mayúsculas; tiene su tierra firme de cajas bajas, donde descansan —más numerosas— las minúsculas. Tiene sus vitelas, sus cuadratines, la aspereza y solidez de plomo. Tiene un ritmo: el de la rueda, el del pedal que —en mi infancia— bajaba y subía marcando las horas. Y tiene un olor que nunca más volví a encontrar en ningún otro lugar del mundo: el olor mezclado de tinta fresca, de papel recién cortado, de petróleo y de metal caliente. 

Quien creció allí sabe que ese olor es el olor de la verdad impresa. En la imprenta se cazaban las erratas con un cuidado casi religioso. Don Martín, mi abuelo, solía decir que una errata era una falta al lector, y que el lector, aunque no reclame, siempre reprocha. La tarde anterior a la salida del periódico, las planas se leían en voz alta, línea por línea, entre dos personas: una con la pluma, otra con el original. 

Yo era pequeña y, sin embargo, ya entendía que aquel ritual era la búsqueda del oficio y de la perfección. La palabra bien escrita es, también, una forma de la justicia. Una errata es el testigo espurio de la negligencia, que hay que evitar a toda costa. 

Es por eso que me conmueve especialmente que sea José Ricardo Morales Sánchez Hidalgo, nieto del fundador, quien convoque hoy a este acto. Los mismos apellidos Sánchez Hidalgo y Sáizar en una conversación incesante. Otra generación mirándose en un espejo de tinta. Gracias, Pepe, por cerrar ese círculo y abrir uno nuevo. 

En la imprenta de don Martín —luego de don Toño y hoy de Toño—, el mundo llegaba en forma de letra de plomo. Antes de saber leer, yo ya tocaba las palabras. Aprendí a limpiar con petróleo los ojitos de las letras, a acomodar los tipos, a doblar el papel. Allí supe que el lenguaje exige cuidado, paciencia, disciplina, pasión. Allí empezó todo para mí. 

Una de las historias que más me gusta repetir es la de un muchacho que decidió ir a buscar a su familia a una colonia incierta de los suburbios de Los Ángeles, California. —¿Pero tienes la dirección de tu primo? —le preguntaban. —No —respondía—, pero lo voy a encontrar. Y un día emprendió el viaje en autobús. Después de cuarenta y ocho horas, se apeó en uno de los condados de Los Ángeles, se fajó los pantalones y empezó a caminar voceando: «¡El Eco de Nayarit! ¡El Eco!».

Desde una terraza se asomó el primo, que también había sido voceador del periódico en Acaponeta y que había reconocido el grito con el que los niños de este pueblo anunciaban el bisemanario. Llorando, se abrazaron. Yo no fui voceadora: yo limpiaba tipos y corregía planas. 

Y en esa imprenta ocurrieron para mí varios momentos epifánicos. Allí mi abuelo me enseñó la materialidad de la palabra, su peso, su estructura. Y allí me presentó a quien habría de marcar mi vida. Aún recuerdo aquella tarde, poco antes de la inundación de septiembre de 1968, cuando entró a la imprenta un hombre altísimo, con camisa blanca de manga corta, pantalón color crema y lentes de carey oscuro, con la elegancia que lo distinguió siempre. Mi abuelo, después de saludarlo, se dirigió a mí, pronunciando una frase que me abrió el futuro: —Mira, mijita, este hombre es poeta, escribe y hace libros. 


Vi, entonces, extenderse hacia mí una mano inmensa de dedos largos, mientras decía: —Soy Alí Chumacero, poeta y editor; hago libros y me pagan por leer. Trabajo en el Fondo de Cultura Económica. Hay frases que, al escucharlas, ordenan una vida. En ese instante, decidí que yo también quería que me pagaran por leer y vivir de hacer libros. Decidí que, de grande, iba a trabajar en el Fondo de Cultura Económica.

Entendí, sin saber nombrarlo todavía, que el lugar donde yo quería vivir estaba hecho de palabras. Treinta y dos años después, en un pasillo de las oficinas del Fondo, el maestro Chumacero recordó aquel encuentro y dijo, con una media sonrisa: —La directora Sáizar, desde chiquita, ya sabía que iba a trabajar en el Fondo: yo se lo prometí cuando la conocí. Lo dijo con la complicidad de la memoria compartida. Lo dijo porque él sabía que aquí, en Acaponeta, un poeta le había prometido a una niña que podía vivir de leer. Él cumplió. Yo también. 

Acaponeta es la ciudad de la palabra y la belleza. Hogar de las legendarias hermanas Díaz Tejeda. Blanca puso el nombre en el mapa con su triunfo en el certamen Señorita México 1979; Perla, con su amor contagioso por esta tierra, continúa con la cartografía del asombro: invita a todos a visitar «la ciudad de las gardenias» y gestiona proyectos como el Teatro «Juan Francisco Ealy Ortiz». 


Si Alí Chumacero hizo visible la grandeza de Acaponeta en la república de las letras, Blanca Díaz Tejeda inscribió el nombre en el reino de la estética. 

Para mí, además, es imposible dejar de mencionar, con el orgullo de la sangre y de la admiración, a la mujer más hermosa de la historia de esta tierra —con perdón de todas las igualmente hermosas—: mi amadísima tía Raquel Sáizar de Velarde, belleza hecha porte, inteligencia y fascinación. A mi tía Raquel le debo mi vida en Tepic. Cuando salí de aquí a los catorce años, me abrió su casa y fue mi segunda madre. Me enseñó la disciplina, la contención y el valor del esfuerzo. Bajo su mirada, aprendí una forma de orden que no había conocido antes: la del silencio alrededor del libro. Mi tía Raquel entendía que una lectora necesita un tiempo que no sea interrumpido, y me lo regaló con cariño infinito. 

En ese tiempo leí, con quince años recién cumplidos, los libros que me formaron. Allí empecé a subrayar —mal al principio, con exceso, como se subraya al comienzo— los párrafos que me acompañarían siempre. Allí entendí que una casa puede ser, en sí misma, una educación. Y allí supe, sin que nadie me lo dijera, que cada decisión que tomaba iba formando a la persona que hoy tienen frente a ustedes. Fue en ese domicilio de Gustavo Baz número 5, donde leí por primera vez a Virginia Woolf. Una frase suya fue para mí un mandato: «Una mujer debe tener dinero y una habitación propia». Yo, al leer esas líneas, aún no tenía ninguna de las dos cosas. Mi habitación propia era entonces una habitación compartida con una de mis primas, el buró al lado de mi cama y la cajuela de un coche. 

Dos años después empecé a trabajar en El Observador de Nayarit, en la construcción de mi independencia y de una biblioteca propia. Crecí entre esas dos soberanías: la de la palabra y la de la belleza. Fui una niña ajena a la realidad inmediata, huraña, malhumorada, obsesionada con el futuro, incapaz de entregarse del todo a los juegos de la calle. Mientras otros corrían, yo ampliaba el mundo por medio del lenguaje. 

Perla, por cierto, me recordó recientemente que le asombraba que yo no saliera a jugar hasta no haber aprendido cinco palabras nuevas, todos los días. Cuando me lo dijo, pensé: claro. Cómo no iba a ser así. Mi manera de descifrar el mundo fue aprender a nombrarlo. 

Hoy pienso en mis padres, que me dejaron soñar más allá del horizonte visible; que nunca reprocharon mis excentricidades; que acompañaron siempre mis deseos. A mi padre le debo el encuentro con mi vocación; a mi madre, la persistencia en las decisiones. En muchas entrevistas me han formulado una pregunta de manera recurrente: quién soy, cómo me defino. 

Y hace tiempo entendí, por una lección de Emma Godoy, que hay que ser muy cuidadosos con las palabras que aceptamos como definición personal. Cuando cursaba el cuarto año de primaria, salí a jugar a la calle Allende y me encontré con una amiga de mi tía Bruni, Margolis Algarín. La pelota que yo recién había pateado se fue hacia donde ella estaba; la recogió y, al devolvérmela, me dijo: —Oye, Chelito, el otro día alguien me comentó que eres muy aplicada. Vas a ver que vas a llegar muy lejos. Nunca supe por qué lo dijo, ni con quién lo había comentado. Pero no lo he olvidado jamás. Cuando he tenido dudas, cuando la dureza de la vida pública ha puesto a prueba hasta los cimientos, cuando la incertidumbre ha querido instalarse en mí, he recordado aquella frase. Y, al recordarla, he sentido alivio. Y esperanza.

Otras palabras escuchadas en Acaponeta me acompañan cada mañana: las de Mayoli Herrera, mi amiga de la infancia que injustamente murió siendo una niña: «Mientras más duerme uno, más cansado despierta». Tal vez por eso duermo poco. Un recuerdo más de los aprendizajes en esta tierra es el de un poema cuyo título he olvidado, con una desmemoria que todavía me reprocho. Fue un texto que leyó el profesor Ley Mitre en una clase de tercero de secundaria, que me hizo sentir que mi obsesión por el lenguaje no era una rareza, sino un destino. No recuerdo el título. Apenas tres palabras: cáustico, viscoso y sórdido. Pero siento aún el sacudimiento de ese momento, y la certeza engendrada: las palabras eran mi casa, y yo podía habitarlas; eran mi piel, y podía vestirlas; eran mi mundo, y podía recorrerlas. 

Qué cosa tan misteriosa es un maestro: una expresión suya, un ejemplo, una recomendación pueden dar un giro a cada vida. La seño Conchita, por ejemplo, me enseñó la magia de una palabra: kiosko, con k. Sí, con k. La Real Academia Española recomienda escribirla con q y u, lo sé perfectamente, pero para mí será siempre con k. Porque kiosco con k es la palabra de este kiosco, el de Acaponeta: el que aparece en mis sueños, el que veo cuando cierro los ojos y quiero pensar en estas calles. Kiosco con k es Acaponeta entera contenida en una sola palabra. Y eso me lo enseñó la seño Conchita en una lección de ortografía. 

Las palabras, cuando uno las escucha con atención, son lugares, emociones, promesa, sentido. Y qué es la infancia sino eso: escuchar a una constelación de personas que nos enseñan palabras, gestos y frases decisivas para articular los sueños, las ilusiones, para poder cumplirlos. Con mis maestros, con mis amigos, con mis tías, con mis abuelos y mis padres, aprendí que la vida no empieza cuando uno llega a las grandes ciudades o a las grandes universidades. La vida empieza cuando alguien, en el lugar donde nacimos, nos hace sentir que nuestra inteligencia, nuestra disciplina y nuestra constancia son el epicentro del futuro. Y ese futuro, en mi caso, empezó aquí.

Por eso, hoy quiero honrar a quienes pensaron con grandeza el alma de Acaponeta, y sirvieron a sus habitantes: al doctor Chan, médico certero y cálido, que le salvó la vida a mi hermana Laura; al doctor Castillo, fundador de la preparatoria; al señor Chávez, que tomaba fotografías con tal respeto que hacía sentir que uno posaba para la historia, y cuyo legado sigue en Néstor, el hijo que preserva la memoria en labor de cronista; a la señora Aurora Galvarriato, por transmitirnos el ser orgullosamente acaponetenses; a la señora Ofelia, que nos daba aventón a Ana Ledón y a mí cuando llevaba a Checo, su hijo, a la secundaria; a la señora Yolanda Alduenda de Quintero, por sus pájaros, su música y sus carcajadas; al profe Inocente Díaz, por la dulzura de su enseñanza para tocar la guitarra, y quien —supongo que solo para hacerme sentir bien— algún día me dijo que cantaba muy bonito, ¡a mí que soy la más desafinada del mundo!; a Lucila Hernández, la teacher que me dio el nivel de idioma para poder cursar un doctorado en Cambridge, a la señora Esperanza Mora, por el cariño y amabilidad hacia esa joven que siempre sintió habitar los márgenes.

Y me detengo aquí, para rendir un necesario homenaje a las mujeres de Acaponeta que supieron enfrentar con fiereza y valor la pérdida de los padres de sus hijos. Pienso en la señora Ofe Herrera de Chan, en las señoras Nelly Díaz de Casillas, Cuquita Infante de Bertrand, Carmen Díaz de Espinosa, Livier Tejeda de Díaz, Tina Domínguez de Blanco, que continuaron con la educación de su familia con serena dignidad al quedar viudas. 

Acaponeta es ejemplo de mujeres gallardas y altivas, dignas y valientes, admirables y ejemplares. Pero también quiero pedir perdón. Pedir perdón a Tití Chan Herrera: pude haber sido más amable con ella, lo supe tras su muerte, y todos los días me lamento de mi descortesía, y la acompaño con mis oraciones. Pedir perdón a Cristina, mi compañera de primaria, a quien no supe acompañar en un momento de vulnerabilidad, cuando más necesitaba mi amistad. Pedir perdón a los que ofendí, a los que hice sentir incómodos.  

Los años me enseñaron —tarde, como casi todo lo importante— que un pueblo también se mide por las ternuras que no supimos mostrar a tiempo, que no supimos reconocer o valorar. Por las sonrisas necesarias, el abrazo omitido, el acompañamiento en silencio. ¡Y, por otro lado, tenemos tanto para sentirnos orgullosos! 

Estar aquí es honrar inevitablemente a Vladimir Cora, por su inmenso talento y por su obra, que ha dado al mundo el lenguaje visual de Acaponeta; a José Luis Fong-Choy por su ejemplar cosmopolitismo; a Tanya Vázquez, por su trayectoria artística; a Abigail Villalobos, por Así hablamos los de Acaponeta, el libro que le da dignidad lingüística a nuestras expresiones; a Néstor Chávez, por su admirable empeño en armar la memoria y el espejo de esta tierra; y a Pepe mismo, por documentar nuestra historia. Por supuesto a Guillermo Llanos, por haber iniciado el Festival Cultural de Nayarit, emblema de Acaponeta. Y a los jóvenes que empiezan a abrirse paso por el mundo, y a deslumbrar con sus éxitos, personalidad y talento, entre ellos Ernesto Aguiar Vaca y Antonio Sáizar Montellano, mi admirado sobrino. 

Gracias también a quienes llenaron nuestra memoria de bondad: a don Nico Díaz, a Elba, su esposa, y a toda su familia, que nos albergaron en su casa durante la inundación de 1968. Su generosidad fue entonces tan grande como la tragedia que azotó la región. Solo los que estuvieron ese día contemplando la fuerza de la naturaleza pueden comprender la magnitud de mi agradecimiento. Mi deseo de nombrar a todos los que recuerdo con cariño, admiración y gratitud es más grande que mi memoria, que mi corazón, y excede el tiempo que me destinaron en esta ceremonia. 

Pero no quiero dejar de evocar un episodio fundamental para apreciar la grandeza moral de este pueblo. Hace algunos años, los hijos de una de mis mejores amigas, Haydeé Bertrand, sufrieron un accidente en el puente de Acaponeta al inicio de una Semana Santa. Haydeé estaba en Guadalajara; desesperada, en un traslado que le pareció infinito, viajó hacia el hospital, imaginando solos, heridos, sin nadie que cuidara de sus hijos. Al llegar, en medio de sus lágrimas, se encontró con una amiga, quien apenas se enteró del accidente, corrió a hacerse cargo de aquellos jóvenes a los que vagamente conocía: cuidó de ellos como si fueran sus propios hijos. «Sus brazos fueron los míos: no los dejó solos ni un momento, y me acompañó hasta que salieron del hospital», me dijo inmensamente agradecida. La mujer que estuvo allí, pendiente de cada detalle, fue Fabiola Espinosa Ponce, una de las personas más dulces, empáticas y generosas que conozco, amiga desde la infancia. 

El tamaño de un pueblo se construye también con esos actos de generosidad instantánea, con esa clase de solidaridad que no delibera ni calcula, aquella que acude instintivamente. No idealizo nuestra vida: pueblo chico, infierno grande, dice el refrán. Y a veces, seamos claros, lo sabemos. Llegamos a padecerlo. Somos humanos, imperfectos. Pero somos de Acaponeta: somos los que comprendemos nuestras debilidades, los que nos acompañamos en el dolor, los que apoyamos en las tragedias, los que perdonamos las ofensas y celebramos los éxitos ajenos. 

Son ustedes, los que viven aquí, los que reciben a los que nos fuimos como si nunca nos hubiéramos ido, como si aún tuviéramos nuestro domicilio aquí. Yo soy hija y obra de Acaponeta. Si alguna vez hice algo digno en la vida pública, se debe a que aquí aprendí un código ético indispensable y la entereza suficiente; si alguna vez defendí los libros con pasión, se debe a que aquí supe que la lectura era el vestíbulo de los sueños. 

Si alguna vez contribuí a ensanchar el acceso a la cultura, se debe a que nací en un lugar donde la cultura es una forma de identidad. Si alguna vez tuve fuerza para sostener mis convicciones, se debe a que fui criada en un sitio donde se valora el esfuerzo, la honestidad, la congruencia. Tal vez Jung tenía razón solo a medias. No somos únicamente lo que nos sucedió; también decidimos nuestro ser con las cualidades y los dones que la vida nos entregó al nacer. 

Es por eso que estoy convencida de que yo soy todo lo que me sucedió en Acaponeta: la imprenta, la inundación del 68, la mano inmensa de un poeta, una pelota que rueda y una voz que dice «eres bien aplicada», las conversaciones con la Chati — mi prima—, con Lilia Aguiar, con Esperancita Lizárraga; la dignidad y el valor inmenso de Lolina, mi hermana. 

Y pude elegir mi forma de vida, elegir mi pasión. Elegir la lectura. Elegir la edición. Elegir el servicio público. Elegir la academia. Elegir amar a quien amo y decir su nombre con orgullo. Pero para lograrlo tuve que vivir en otra parte: aquí no había editoriales, no podía vivir de ser editora. Algunos, para cumplir nuestros sueños, debemos emprender el exilio. Afortunados los que los encuentran y los pueden hacer realidad en la tierra en que han nacido. Porque el migrante vive entre dos ajenidades: la del nuevo espacio y la del cielo que dejó. 

Hoy, al volver, entiendo mejor algo que acaso siempre intuí: los homenajes verdaderos no exaltan, reintegran. No subrayan la distancia: devuelven al origen de una forma inédita. Ser invitada a un homenaje es volver al sitio donde todo empezó. Esta tarde no me están mirando solo a mí. Están mirando a los que fueron ustedes cuando crecíamos. Están mirando la niña que fui, a aquella que jugaba entre máquinas de impresión. A la que aprendía palabras antes de salir a jugar. A la que se sintió distinta desde muy temprano y que construyó en los libros su propio Aleph. A la que oyó a un poeta decir que le pagaban por leer y decidió, desde ese instante, persistir en esa revelación. 

Hoy vuelvo para afirmar que en los libros he encontrado las palabras que han guiado mis días, conjurado mis demonios, certificado mis intuiciones, despejado mis dudas y dado aliento a mi profesión —que es, también, mi pasión—. Vuelvo para decir que esas palabras que mi abuelo me enseñó a componer, las que Alí Chumacero me regaló, las que encontré en Virginia Woolf, las que me dijo Margolis, las que me enseñó la seño Conchita, las que Mayoli me dejó sobre el sueño, y muchas más, las encontré en Acaponeta. Aquí encontré las palabras que me han sostenido; las que me han llevado por el mundo; las que hoy me han devuelto aquí. 

Hay que inventar la vida, porque acaba siendo verdad. Ana María Matute. Yo, desde niña, inventé una vida hecha de libros. Y esa vida ha acabado siendo verdad. Vivo —cito a Patricia Reyes-Spíndola— como me soñé. Cierro los ojos de nuevo. Y siento los brazos de mi madre. Y escucho la máquina de escribir de mi padre. Y los ruidos de la imprenta y los gritos de los voceadores. Y vuelvo a tomar la bandera para recorrer las calles de Acaponeta. Y voy por un raspado de fresa con leche, por un vaso de agua de nanchi y por unos churros. Y entiendo que yo no me he ido nunca del todo de aquí. He vivido en muchos otros sitios. Pero mi vida onírica sigue ocurriendo en Acaponeta. 

Porque la verdadera patria no siempre es el territorio que se habita: es también el espacio de los sueños; es una memoria compartida; son los mismos nombres dichos por más de una voz; los olores y los sabores que inundan de nostalgia; la inundación que vivimos juntos; el orden de las calles; las canciones y los ruidos. Esa patria es una comunidad que acompaña a la distancia y vela por los cercanos; la que acude, la que perdona; la que reconoce al que vuelve, aunque haya tardado medio siglo. 

Es a veces una serie de nombres dichos con amor —los de los maestros inolvidables, los de las amigas aún presentes, los de las viudas admirablemente erguidas, los de los niños que no supimos rescatar o que la vida nos impidió salvar—. A veces esa emoción cabe entera en una palabra escrita con k. A veces está albergada en el olor de una gardenia. Yo llevo mi Acaponeta conmigo: entrañable, ubicua, eterna. No ocupa espacio en la maleta. La invoco cuando quiero ser feliz, tan feliz como lo soy ahora al pronunciar estas palabras en este sitio, adivinando el cariño, los ojos y el corazón de mi madre en ustedes. 

Gracias. Muchas gracias. Eternamente gracias.

domingo, 22 de marzo de 2026

DE CHILE, DE DULCE Y DE MANTECA

 


Por: José Ricardo Morales y Sánchez Hidalgo

DE CHILE: Ya parezco disco rayado al decir, que el máximo y más urgente problema para resolver que tiene México, no es la corrupción, ni la inseguridad, ni la economía, ni el terrible sistema de salud, o la demagogia llena de mentiras de la 4T, no, nada de eso, el principal conflicto, que muchas veces es la madre de los anteriores, es la IMPUNIDAD. 

México es un país donde no se castiga a nadie, desde los puercos ciudadanos que tiran la basura a la calle, hasta fraudes increíblemente gigantescos como el del huachicol fiscal que alcanza sumas que no caben en las neuronas. Para muestra, van dos botones: uno el del hermano incómodo del Mesías totonaca escondido en Palenque, el “valentón” Pío López Obrador, quien fue “cachado” en varios videos, recibiendo sobres —de esos amarillos— llenos de billetes de manos de un conocido operador político que trabajaba a las órdenes del gobernador de Chiapas, con toda la intención de ingresar esa lana a las campañas de Morena y de su carnal AMLO. 


Usted y yo lo vimos en video, cómo sin ningún rubor y casi relamiéndose los labios, el avaricioso Pío —pillo debiera ser—, se llenaba las manos y las bosas de sobrecitos retacados de pachocha de procedencia dudosa. Sin embargo, el espantoso mal que es la IMPUNIDAD vuelve a repetirse, ahora con ese otro macuspano, ya que, como su brodie es el dueño de todo en este país, incluida la “sañara prasadanta con A” y también del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, apenas hace unos días, se exoneró al rapaz mandadero de su hermano, bajo los absurdos argumentos de que no existían pruebas suficientes para demostrar que los recursos recibidos por Pillito, fueron utilizados para financiar de manera ilegal al partido Morena y que los videos difundidos no tenían el valor probatorio necesario para sustentar un delito electoral, bajo la premisa de que los materiales pudieron ser editados o manipulados antes de su publicación. ¡Hazme el recavor fabrón!

Moraleja: “pueblo sabio y bueno”, lo que viste no lo viste, fue quizá una ilusión de óptica, así que en la corte no tiene validez. Perro no come perro, dicta la popular máxima, y Morena no se come a los suyos. 

Aquí, fíjese amable lector que me sigue, salieron bien librados el propio diosito de yeso, su carnaval Pío, el que le entregó la billetiza, David León Romero, operador político de Manuel Velasco, el gober precioso de Chiapas y eminente machuchón del dizque partido, dizque verde y dizque ecologista, quien también se escapó. ¿Así cuando?


El otro caso es esa eminencia médica que es Hugo López-Gatell, ese miserable “curandero” —con el debido respeto a todos los curanderos y "chamanes"— causante, durante la pandemia de la muerte de 850 mil mexicanos, 300 mil de los cuales no debieron fallecer, pero “entregaron el equipo” por culpa de este gaznápiro que solo se preocupó por quedar bien con su jefecito. Y en el colmo del lacayismo e indignidad, llegó a decir que la “fuerza del presidente era moral y no de contagio”. Eso explica porque Líopez Hablador, cayó tres veces tres, contagiado de Covid 19. 

Como premio a su esfuerzo asesino, el famoso Dr. Muerte, recibió como premio y por órdenes de la presidenta, un puesto en Ginebra, Suiza, como representante de México en la Organización Mundial de la Salud —puesto que ni siquiera existe en el organigrama de la federación—, ganando un “mísero” salario de 12,000 euros mensuales, poco más de 220,000 pesos mexicanos --¿no que no deben ganar más que la dueña de palacio nacional?. Además del salario base, cuenta con prestaciones diplomáticas que incluyen apoyos para el pago de renta, seguro médico y otros gastos operativos. 

Trinche IMPUNIDAD, así cuándo se resolverán los problemas y pagarán los malditos por sus fechorías. ¿Será por eso que soltaron a la hija del Mencho?


 DE DULCE: Se acerca la fecha del mundial de futbol de México —perdón— de Estados Unidos con subsedes en México y Canadá. Al hablar de este tema he notado la gran cantidad de exageraciones, como esa que habla de que visitarán esta nación millones y millones de extranjeros, lo cual no es verdad. Para empezar, este torneo no ha despertado en la verdadera afición totonaca, ninguna expectativa, por lo que yo considero son las principales causas: primero los boletos para acceder a los estadios. el costo promedio de una entrada individual en las sedes de México oscila entre 34 mil 700 y 78 mil 500 pesos, o sea, algo imposible de pagar por la enorme mayoría de los mexicas. Súmele a todo eso, que si se va a tomar una chelita para disfrutar mejor en encuentro, tendrá que vender su carro para alcanzar a pagar las ambarinas. Ni se hable de hoteles y boletos de avión que subirán hasta en un 500%.

Segundo, desanima un poco —o un mucho— un certamen donde no solo estarán los mejores, no, compiten 48 naciones, en algo que solo tiene como explicación la voracidad y ambición desmedida de la FIFA. ¿A quién demonios le importa un partido entre Macedonia dsel Norte vs. Albania, que pudiera llegarse a dar?

Siento que a México, este mundial solo le dejará un dolor de cabeza, pues los maestros (¿?) de la CNTE, grupos campesinos y de transportistas, han amenazado seriamente de tomar estadios y aeropuertos para bloquear la “fiesta futbolera”. Veremos.

 

DE MANTECA:  Debido a la desfachatez con que Andrés Manuel López Obrador, le pidió a la población que se mochara para apoyar a Cuba, para una tal asociación llamada “Humanidad con América Latina AC”, las redes sociales pusieron al diosito de yeso, como lazo de cochino.

Indignada “la sañara prasadanta con A” de que se expresaran así de su Jehová particular, Claudia narró una champurrada clase de historia sobre la isla de José Martí, explicando que era un llamado solidario a favor del pueblo cubano. Por supuesto la mandataria, nada dice de la brutal y anacrónica dictadura, represiva y criminal que gobierna con mano dura a los cubanos, ni informa sobre las últimas protestas y manifestaciones que ya se dan en Cuba, con justa razón porque no tienen electricidad, escacean gravemente los alimentos, los servicios de salud están del carajo y en general, Cuba padece indignante miseria, pero por supuesto la Sheinbaum, eso no lo ve, ella solo mira a través de diosito palenquense. 



Furibunda y encolerizada, la dueña de palacio nacional, fiel a su labor de lacaya del Señor Feudal de La Chingada, salió en defensa de su divino creador y arremetió, obviamente, contra la derecha, corrupta y perniciosa que tanto daño le ha hecho al país —Calderón lo sabe—, los "comentócratas" y periodistas chayoteros y expresó: “Fíjense que la derecha se caracteriza por algo: son mezquinos. La mezquindad en las mentiras, las calumnias…” 

Yo, por supuesto que no soy de derecha, ni chayotero, aunque sí "comentócrata" me pongo el saco y enfrento lo dichos de la presidenta de la nación. Habla ella, de mezquinos y mezquindad, y siento que la Doñita se mordió la lengua. 


Según la Real Academia Española, mezquino es aquel falto de generosidad y nobleza de espíritu, un tipo pequeño, diminuto o de poco valor. En ese sentido, le diría yo a Claudia, que, si algo distingue al dizque movimiento de la cuarta transformación, es precisamente de mezquindad por sus acciones, la de sus integrantes y sus políticas con las que simulan actuar a favor del pueblo.

Mezquino es Dra. Sheinbaum, que AMLO y usted, soliciten el apoyo económico del pueblo mexicano para enviar al de Cuba, mientras cientos o quizá miles de madres buscadoras no tienen el menor sustento de parte del gobierno para encontrar a sus hijos, esposos o padres. 

Es mezquino presidenta, cuando casi nueve millones de personas viven en la miseria y padecen de eso que ustedes llaman “inseguridad alimentaria severa”, o sea, miseria. No veo a AMLO pidiendo ayuda económica para rescatar a la gente en situación de calle o para los miles de migrantes en tránsito padeciendo un infierno lleno de inseguridad y hambre; o para los deportados del país del pelos de jilote.

Mezquino e hipócrita es aquel que manda decenas de toneladas de alimentos a Cuba y deja en el desamparo a los indígenas del país…esos “inditos” que para ustedes solo sirven para tomarse a la foto con pseudolíderes a los que visten con lustrosos ropajes vernáculos, limpísimos que nada tienen que ver con la gente que habita en el campo o como los rarámuris encerrados en cuevas o los otomíes pernoctando en infames chozas con láminas de vil cartón. 

Mezquindad, señora presidenta, es manifestarse preocupadísima por los cubanos, mientras en el territorio nacional, todos los malditos días asesinan a entre 60 y 70 mexicanos, y desaparecen otro número similar. Eso es ser mezquino; sobre todo porque, cuando muestran sus estadísticas invariablemente todas van a la baja. 

Tenga empatía por sus compatriotas Señora Sheinbaum y no ande de farol de la calle, mientras la casa está literalmente como boca de lobo. Mezquino es engañar al “pueblo sabio y bueno” de que se apoya y ayuda al pueblo cubano, aunque los únicos beneficiarios serán Miguel Díaz-Canel, o Raúl Castro y el politburó del partido comunista, por cierto, el único que existe de ese país. ¿Qué democrático no?

Mezquino es, que esta organización "Humanidad con América Latina AC,", la última ocurrencia del tlatoani de Macuspana, se haya constituido en apenas un mes y que la Secretaría de Hacienda, apenas a las tres semanas le haya autorizado como "organización donataria", aunque la ley especifica que deben pasar seis meses de actividades altruistas para recibir ese permiso, mientras hay cientos de organismos que tienen meses o hasta años y nos les resuelven sus casos. Pero ya nos la sabemos: "No me vengan con que la ley es la ley".

Mezquino es, que usted apoye y hasta aporte recursos para esa hipocresía demagógica y le pida a la sociedad que haga lo propio, cuando el huachicol fiscal ha beneficiado a decenas de morenistas o simpatizantes del régimen más corrupto de la historia nacional, con la espectacular cifra de cerca de 600 mil millones de pesos por los últimos años de tan sonado fraude.

Mezquino es Claudia que no le pregunte usted al "Señor Grandeza": ¿Por qué no le pide dinero para tan "noble" causa a los trivagos Andy, Bobby, al bodoque José Ramón y hasta al junior Chocoflán? ¿Por qué no exige a Adán Augusto López Hernández y a toda su banda de la “Barredora” que apoquine unos billullos? ¿No estaría bien que muchos “simpáticos” fifís de la 4T del Bienestar se mocharan también? Esos que viajan en aeronaves privadas o VIP, compran en boutiques pomposas o compran mansiones ilegales en Tepoztlán, o traen calzones Armani cuando ayer cubrían sus vergüenzas con roídos chones Zaga o Ramírez.


Mezquino es "pasar el sombrero" al noble y agachón pueblo mexica y no a los gobernadores de los estados morenistas como el narco gober precioso Rocha Moya, la colorina Layda Sansores, la honradísima Rocío Nahle o la hija del violín guerrerense Evelyn Salgado. ¿O que me dice de pedir la cooperacha a los flamantes ministros del acordeón de la Tremenda Corte, especialmente al Benito Juárez de Petatiux, que, con lo que se ha ahorrado en boleadas de zapatos sí llena un buque de alimentos para la raza cubana?

Mezquino es “Prasadanta con A”, que los diputados y senadores de Morena, del PT y del Verde, se acomoden en sus muy confortables curules, enciendan un habano, se ajusten los audífonos con música de Pablo Milanés, Omara Portuondo o Compay Segundo, aleguen que con eso ya saben todo sobre la isla cubana y aplaudan a rabiar las estúpidas ocurrencias del emperador del tercer imperio mexicano.

Muy mezquino es presidenta, que AMLO saque la cabeza una vez más de su madriguera solo para regar el tepache, que se sienta triste por los cubanitos, pero no exprese ningún dolor por los asesinados nuestros de cada día; por la terrible lucha de las madres buscadoras, ni exprese un pésame por los muertos de sarampión que se deben a su esperpento de gobierno. No vimos pésame por los muertos del fallido "chucu chucu" transístmico, o por los soldados que abatieron al Mencho o los quemados del incendio de Dos Bocas. Eso es mezquindad y falta de ética y empatía por el "pueblo sabio y bueno" mexicano. Viejo mezquino y OGT.


La Patria es Primero” está escrito con letras de oro en los muros de honor de ambas cámaras legislativas. Haga caso Claudia, de esa máxima consigna patria y no ande de “culopronto” en Cuba o Venezuela o Colombia o Nicaragua, que presumen aberrantes dictaduras. Aquí se ocupa primero la ayuda de gobierno.  

La mezquina es usted Dr. Claudia Sheinbaum que ha permitido que AMLO y su camarilla de ratas de la transformación de cuarta la tengan secuestrada, maniatada y usted humillada, todavía les aplauda. Ya póngase a gobernar en México, para México y por México...olvídese de Cuba, y que AMLO se vaya en verdad mucho a La Chingada --su finca--.¡Salud amigos!

domingo, 15 de marzo de 2026

DE CHILE, DE DULCE Y DE MANTECA


 


Por: José Ricardo Morales y Sánchez Hidalgo

DE CHILE: México es el país de las incongruencias y las paradojas. Los gobiernos de los tres niveles, se pasan la vida hablando de las bondades del servicio público: en escuelas, hospitales, transporte o seguridad; si su servidor fuera cínico, diría que, en México, todo lo público, a ojos de los funcionarios, es maravilloso, exultante y no tiene rival en el mundo —¿recuerdan el servicio sanitario de Dinamarca? — sí, todo es sensacional, pero añadiría: “mientras lo padezcan otros”. 



Nuestros gobernícolas, aplauden y casi veneran los servicios de salud públicos; se deshacen en elogios al IMSS, al ISSSTE y a esa cosa que llaman IMSS Bienestar, ah, pero eso sí, al enfermarse todos corren a los hospitales y clínicas privadas donde los costos son altísimos. 


¿La educación pública en México? Según ellos, y lo acaba de gritar Sheinbaum Pardo en alguna mañanera, es excelsa, muy arriba de las escuelas privadas, pero pregúntese usted: ¿A dónde mandan a estudiar a sus hijos los funcionarios públicos? ¡Correcto! A las escuelas particulares de todos los niveles y muchos de ellos al extranjero. Curioso el caso del Secretario de Educación Pública, ni más ni menos, el ojitos de sapo machucado, Mario Delgado, quien tiene estudiando a sus pipiolos en el Colegio Alemán. Mariana Ímaz Sheinbaum, ¿le suena el nombre? hizo una maestría en la Universidad de Barcelona, que es una institución pública, aunque sí tiene un costo, en promedio 4 mil 750 euros, unos 100 mil pesos por la matrícula. Por supuesto hay que sumar los costos de alojamiento, servicios y alimentación. Todos sabemos que los chilpayates de los machuchones de la 4T, están en las aulas de instituciones que son las más caras del país: ITESM, ITAM, la Ibero, el ITESO, La Salle, o cursan estudios profesionales o postgrados en Barcelona, Vancouver, Milán, California o Nueva York.


Desde la “prasadanta con A” hasta el modesto director de alguna área de gobierno, presumen de la seguridad en el México incendiado, siempre, en el discurso, las estadísticas van a la baja, eso sí, ellos no asoman las narices a la calle sin un séquito enorme de guaruras o soldados. Lo mismo, sostienen maravillas del transporte público, y hasta Don Benito Juárez de Petatiux el presidente de la Tremenda Corte, desechó su camionetota Cherokee y dijo que en adelante viajaría en el metro, cosa que, por supuesto no hizo, ni hará. A ellos nunca de los nuncas los verán abordo de esas naves, pregúntenle a Lloroña. Hipócritas, corruptos, falsarios e incongruentes, son los chicos de la 4T, esos que “no son iguales”.

 


 DE DULCE: El primer fracaso de importancia, de la presidenta Claudia Sheinbaum, fue la bateada que le dio el congreso a su dichosa reforma electoral. Ahora, la mandataria, enojada y encaprichada amenaza con un “Plan B”, otro de los legados de Don Rucailino Rugama, escondido en la madriguera de Palenque. Se le olvida a la “prasadanta con A”, que esta reforma que ella quiso hacer, fue el “Plan C” de Andrés Manuel López Obrador, que, si mal no recuerdo, fue una estrategia electoral y legislativa lanzada tras el bloqueo de sus reformas electoral “Plan A” y legal “Plan B” por parte del Poder Judicial, luego entonces, ella ahora implementa el “Plan B” del “Plan C” obradoriano… ¡Jijos de la Jijurria! ¡Ya me hice bolas! Cómo sea, no se rinde Claudia, y presenta un “Plan B”, sin fuerza, sin vigor político, con los carrillos rojos de la pena, y, triste consuelo para ella, se lanza ahora contra los congresos locales y los ayuntamientos municipales, todo bajo la mentirosa y embustera premisa de que el pueblo se lo pide. 


Ayyy, Doñita, parece que quisiera ganar la corona de la Reina de la Demagogia, porque nadie le ha pedido nada de eso. ¿Quién ha visto por las calles de la capital de la república, o de los estados, marchas de gente alzando los puños y lanzando consignas exigiendo una reforma electoral? ¿Qué demonios sabe el “pueblo sabio y bueno” de plurinominales y representación proporcional? ¿Quién ha visto, en las asambleas que realiza Claudia por los estados, alzar la mano a un ciudadano, pidiendo eso? 

No mienta presidenta, todos —hasta el pueblo sabio y bueno o la nación chaira— sabemos, que solo son órdenes que llegan, a través del teléfono rojo, desde Chiapas. Ahora bien, tampoco se piense que esta votación que fue contraria a Morena, por la falta de votos de sus “aliados” el PT y el partido Verde, fue porque esos “sesudos” diputados, se pusieron a analizar si esa iniciativa convenía a los intereses del país, no, esos partidos parásitos del erario nacional, tan solo se pusieron furiosos y votaron en contra de la propuesta obradorista-claudista, porque les rebajaban a su rebanada del pastel patrio y porque Morena, que, como el clásico expresó veladamente que “el que parte y recomparte se queda con la mayor parte”; es decir, se llevaban la tarta completa con todo y velitas, y a la oposición —incluidos sus aliados rémoras— si acaso algo de betún y migajas. Aquí, lo único que prevalece y tiene valor son los intereses de los partidos —todos— y por supuesto, los personales de cada chango encumbrado.

 


DON BELISARIO DOMÍNGUEZ

DE MANTECA:  Don Belisario Domínguez, fue un tipo excepcional.  Médico y político chiapaneco, reconocido hoy como el máximo mártir de la libertad de expresión en México. Luego del cobarde asesinato de Francisco I. Madero y el vicepresidente Pino Suárez, por órdenes de Victoriano Huerta, que se hizo del poder, Don Belisario, siendo senador fue el único que se atrevió a denunciar abiertamente a la “cucaracha mariguana”, haciéndolo desde la tribuna del Senado, llamándolo "usurpador", "asesino" y "traidor". 

Huerta, que era de pocas pulgas, ordenó el secuestro y asesinato de Domínguez el 7 de octubre de 1913. Se dice, aunque esto no está debidamente comprobado, que sus verdugos le cortaron la lengua como un acto de represalia por sus palabras. Hoy, en su recuerdo, el Senado de la República otorga anualmente la Medalla de Honor Belisario Domínguez, la máxima distinción en México para ciudadanos que se han distinguido por su servicio a la patria o a la humanidad. 

A lo que me quiero referir aquí, es que, tanto el senado como la cámara de diputados a lo largo de su historia, ha visto desfilar por su alta tribuna a personajes de la talla de Belisario Domínguez. Hoy, la “calidad Premium” de nuestros legisladores, tiene vergüenzas monumentales y se trepan —más que subir al podio— a expresar tonterías e idioteces y exhibir el cobre de una manera que avergüenza a la patria. Ejemplos sobran, como el de la “inteligentísima” senadora Graciela Gaytán del dizque partido, dizque verde, dizque ecologista, que cuando sube a la tribuna, compite con el mismísimo Cantinflas y escupe babosada tras babosada y así, le pagamos millonadas al año. 

O la “geógrafa” del PT, diputada Dionicia Vázquez, que alega que el malhadado Tren Maya, llega hasta Panamá. ¡Hazme el recavor fabrón! Causa un enorme encogimiento escuchar a la diputada, esta de Morena, de cuyo nombre no quiero acordarme, cuando pasa a leer, a la tribuna, el discurso que obviamente alguien le escribió y ella muestra su enorme “capacidad de lectura” que un chiquillo de segundo año de primaria supera ampliamente. Y dígame usted, amable lector que me sigue: ¿para qué diablos nos sirve una diputada, ella de Morena también, Victoria Gutiérrez, que utiliza el micrófono del congreso de San Lázaro, para aventarnos un rollo alucinante de llevar el café veracruzano al planeta Marte. Sin duda alguna, Don Belisario Domínguez, se está revolcando en su tumba como tlaconete en sal, cuando escucha a esta bazofia. ¡Salud amigos!