martes, 5 de abril de 2011

RESCATE Y PUESTA EN VALOR DE LAS ESTACIONES DEL FERROCARRIL PERTENECIENTES AL ESTADO DE NAYARIT (2a. parte)



Por el coordinador del proyecto: Antropólogo Raúl Andrés Méndez Lugo
Estación del tren en Tepic, Nay.
Don Everardo Peña Navarro, pionero de los estudios históricos en el siglo XX sobre Nayarit, nos dice que en 1914 los enfrentamientos entre huertistas, carrancistas, obregonistas y villistas, “le dieron al traste al flamante ferrocarril recién inaugurado por Pino Suárez, viéndose precisada la Compañía a abandonar la línea casi por completo, haciendo que en pocos años la vía se destruyera, al grado de hacer imposible todo tráfico en ella. Los durmientes se acabaron, las lluvias deslavaron los terraplenes y los puentes fueron incendiados. Este fue el segundo fracaso del ferrocarril a Tepic, hasta que en 1919, se comenzó con lentitud a reconstruir la vía, y por fin, el 5 de febrero de 1922, después de 7 años de aislamiento, llegó a Tepic el primer tren de pasajeros procedente de Mazatlán “. 
Estación del FFCC en Compostela
   
Don Salvador Gutiérrez Contreras, historiador nayarita y cronista de Compostela, nos informa en su magnífico libro “Historia de Compostela, Nayarit” , editado en 2003, que los primeros trenes del ferrocarril Sud-Pacífico llegan a la estación de Compostela el 31 de enero de 1925, cuya tripulación era norteamericana. También nos dice que el primer jefe de estación fue Miguel Peregrina Gómez, quien tomó posesión de su puesto el 13 de enero de 1926. De la misma manera, establece que la primera requisición y venta de boletos fue el 19 de febrero de 1929, siendo jefe de la estación el Sr. Enrique M. Rodríguez, conocido con el apodo de “El Bombillas”.  Menciona también como jefes de estación a Enrique Rivas Pantoja (1934), Alfonso Rivera Díaz (1935), Juan F. Villanueva (4-08-1938), Narciso Damy (3-10-1945), Loreto V. Rosales ( 11-06-1948), Leocadio Rodríguez (25-06-1948), Miguel Peregrina Gómez (1952 y 1961), Ignacio Vargas (16-10-1954), Benjamín González Pérez (14-03-1959), Antonio Rendón Jiménez (1960) y Arturo Ceceña Rendón (11-02-1971). Don Salvador anota que se cancelaron los servicios de la estación de Compostela el 6 de octubre de 1997, siendo jefe de estación Ceceña Rendón, quien le comentó que la empresa del ferrocarril había sido adquirida por Union Pacific e ICA (Ingenieros Civiles Asociados).
Gutiérrez Contreras menciona que por esa estación se embarcaban productos agrícolas del municipio, como maderas, carbón vegetal, maíz, arroz, metales a San Luís Potosí; grandes cantidades de ganado vacuno y porcino, principalmente con destino a Guadalajara. También llegaban mercancías diversas, productos alimenticios, ropa y materiales de construcción.
Estación del FFCC de Ahuacatlán

Don Rubén Arroyo Arámbul, Cronista de Ahuacatlán nos regala una hermosa crónica de la llegada de la “punta de fierro” a esa localidad, producto de las memorias del Sr. Refugio Llamas Guerrero, anotando lo siguiente: “el día 22 de septiembre de 1925, llegó la “punta de fierro” del ferrocarril Sud-Pacífico de México, fue la máquina 401 que rodó por los rieles por primera vez en el llano de Ahuacatlán, su conductor fue el Sr. Luke, eran las 5 de la tarde cuando la máquina entro silvando y tañendo su campana jubilosamente en señal de triunfo”. Más adelante el cronista escribe, “la vivencia de ser testigos de tan novedoso acontecimiento quedó grabada en la memoria de quienes lo presenciaron; después de 48 años, en entrevistas realizadas, nos comentaron: Angelita Rea: “ya teníamos mucho rato esperando a la mentada punta de fierro, cuando por fin la oímos a lo lejos, nunca habíamos escuchado nada parecido, el ruido era más grande que la caballería de mi general Buelna; unos querían huir y otros entre risas nerviosas nos quedamos dizque quietos. Con un largo y fuertísimo pitido que se nos metía hasta el tuétano, la vimos llegar, la tierra temblaba, las bestias de carga se encabritaron, los perros con la cola entre las patas se escondían asustados. Parecía cosa del diablo, las mujeres con el Jesús en la boca nos quedamos como estatuas; yo, pos pa que le digo que no ¡casi me hago de las aguas !...”.  “la mayor parte del pueblo se reunió en el llano para presenciar este gran acontecimiento. Doña Prisciliana Rincón Vda. De Martinez con ayuda de otras señoras y señoritas preparó una tamalada que repartió a la mayor parte de los asistentes. La banda de música del pueblo dirigida por don Braulio Aranda hizo acto de presencia amenizando aquel acto tan lleno de alegría y a la llegada de la locomotora lanzó al aire repetidas veces sus alegres dianas, patentizando así la gran satisfacción popular de tan importante servicio...” y continúa “...Por la noche tuvo lugar un grandioso baile organizado por la H Junta de Mejoras Materiales, en honor del conductor Sr. Luke y su tripulación en la casa que hoy es habitación de la señora Ernestina Casillas Vda. de Rodríguez; siendo así como el pueblo de Ahuacatlán celebró la llegada del ferrocarril a estas tierras...” .  Para que quedara un recuerdo de este importante acontecimiento, Ferrocarriles de México mandó fabricar unos clavos de vía especiales que fueron repartidos entre los asistentes; en la superficie de la cabeza del clavo aparecía grabado el número 25, año en que llegó la punta de fierro. Don Juan Espinosa, presidente municipal, en su discurso de bienvenida enfatizó “ a partir de hoy, el progreso de Ahuacatlán irá sobre ruedas".  

Agustín Borrego Rivas, era originario de Mapimí, Durango, y allá en su estado natal trabajó como telegrafista, concretamente en Gómez Palacio, Durango. Posteriormente, en 1908, llegó al estado de Sinaloa, a la Cruz de Elota donde asumió el cargo de Jefe de Estación, luego en 1919 fue enviado a Acaponeta para ocupar el mismo cargo y aquí permaneció hasta el final de su existencia, su muerte acaeció un 25 de marzo de 1934.
Sin embargo, es importante mencionar que Agustín Borrego no fue el primer Jefe de Estación en Acaponeta, sino que le sucedió en el cargo a Don José Frankliyn Magallanes y a éste le siguió el señor Nicolás Díaz Quintero, en consecuencia, Don Agustín Borrego fue el tercer Jefe de Estación del Ferrocarril.
Agustín Borrego fue un férreo impulsor del sindicalismo, pero también en este renglón destaca la figura de Sebastián Marroquín Noriega, quien participó en la constitución del Sindicato de Cargadores y Carretoneros de Acaponeta, con la conformación del sindicato se logró el establecimiento de tarifas justas para que los trabajadores recibieran un salario digno y decoroso.
Con la desaparición física de Don Agustín Borrego, el sindicato cambió su nombre por el de “Sindicato de Cargadores y Alijadores Agustín Borrego de Acaponeta,” en memoria de este luchador social que aportó mucho a la vida de los trabajadores ferroviarios, fue tanto el aprecio que se ganó el duranguense, que sus compañeros decidieron ponerle su nombre a una calle de Acaponeta, precisamente situada al margen de la vía del ferrocarril.
Mientras, Sebastián Marroquín Noriega tenía una carreta y en ella transportaba mercancías del ferrocarril. Cuando Don Sebastián Marroquín ya no pudo—seguramente por sus años—continuar con su trabajo, su hijo Agustín Marroquín Gómez, se hizo cargo de la responsabilidad que le dejara su padre, lo hizo prácticamente toda su vida.
Néstor Chávez, narra que los trenes con máquinas de vapor que transitaban por Acaponeta, usaban como combustible la hulla, o carbón de piedra que producía un humo espeso, negro y asfixiante. Comenta que la fuerza energética que generaba el vapor de las calderas era tanto que las máquinas llegaban a jalar hasta cincuenta furgones cargados.
Poco después, comenzaron a usarse los trenes mixtos, los cuales traían unos cinco vagones de pasajeros y detrás de estos otros vagones especialmente para carga. Cuando era necesario tirar un número mayor de furgones cargados, se les reforzaba con dos máquinas.
En 1927, arribó a Acaponeta procedente de Ameca, Jalisco, Don Pedro M. Navarro, quien compró una amplia construcción con portal de madera y teja, ubicada justamente frente a la estación del ferrocarril, en la esquina que forman las calles Agustín Borrego y Zacatecas. El inmueble era propiedad de una señora conocida solamente como Doña Chana.
En ese lugar, Don Pedro M. Navarro, fundó un almacén o expendio para la venta de todo tipo de mercancías, luego firmaría un convenio con los propietarios del Ferrocarril para abastecer a todos los trabajadores del Sud Pacífico, se dice que este negocio establecido por Pedro M. Navarro llegó a tener un gran éxito por la afluencia de trabajadores y pasajeros que aprovechaban la escala o la parada del tren para surtirse de alguna mercancía.
Dice el historiador acaponetense, que al regularizarse el transporte ferroviario, comenzaron a funcionar los trenes de carga a los cuales se les adicionó una mayor cantidad de furgones a medida que se incrementaba el servicio.
En aquellos tiempos, las máquinas se movían a base de vapor de agua, por ello se les identificaba como máquinas de vapor. Chávez Gradilla, ilustra, que donde termina la calle Veracruz, al norte de la ciudad, justamente adonde llega la vía, se encontraba un enorme tanque con agua al que la gente “bautizó” como el "tambo del ferrocarril". En ese lugar se detenían las máquinas para abastecerse de agua. Para llenar de agua a ese enorme tanque, se bombeaba desde una noria que se encontraba al pie del Arroyo de La Viejita, donde actualmente se encuentra la capilla en la colonia conocida como Invinay.
Posteriormente, estas instalaciones se trasladaron junto al río. La bomba estaba entonces prácticamente en las faldas del cerro, a la entrada del puente del Ferrocarril, y extraía agua del lecho del río, junto a los tambos que resisten el peso del puente.

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