Los españoles manifiestan su aprobación al
anuncio de ETA que en comunicado de prensa notificó el cese de la violencia
y la entrega de las armas; solicitó a los gobiernos de España y Francia la
oportunidad de comenzar un diálogo directo en aras de la paz. Sobre esto, diversos
analistas en radio y TV manifiestan sus puntos de vista…que si es genuino este
cese de violencia…que si es una pantalla para esconder la verdadera agenda de
este grupo armado con inquietudes francamente anti-democráticas, etc., pero
entre que se aclaran los intereses (si es que algo así se puede) personas que
han vivido la violencia tan de cerca avizoran este comunicado como el inicio de
nuevos tiempos para España en el que la violencia deje de ser protagonista.
Esto me permite reflexionar en el estado de
cosas similares en nuestro país México, desde muchos caminos se intenta la paz
y el cese de la violencia, declaraciones como las del ex-presidente Fox en
foros americanos sobre la posibilidad de pactar con el narcotráfico para evitar
más muertes, son opciones que se discuten con encono, pero de lo que me
interesa hablar es de los daños directos y colaterales que dejan las olas de
violencia en el mundo.
Las muertes violentas son daños directos y la
modificación del tejido social cambios colaterales, sobre estos dos vértices
los mexicanos tenemos algo que nuestro folclor nos ha heredado la posibilidad
de ver a la muerte como un elemento de vida. La forma en la que se recuerdan
los muertos es una tradición que en otras culturas no sólo resulta extraña sino
chocante. Por ejemplo, comentar la forma en la que desde épocas ancestrales se
realiza la construcción de altares de muertos con los objetos más apreciados
por el difunto, o los concurso de calavera: epitafios satíricos dedicados a los
vivos, son elementos que impactan al extranjero que no conoce esta tradición,
se manifiestan desconcertados de esta celebración y fiesta.
Con motivo de difundir esta tradición cultural
he convocado a una reunión en mi casa aquí en Girona, en el que una compañera
de Mexicali y yo construiremos un altar de muertos dedicado a las victimas
colaterales del narcotráfico, estamos pensando en la persona que se encontró
en el momento y el espacio menos indicado, sin ni siquiera haberse planteado
minutos antes que su vida terminaría con una bala perdida.
La idea es mostrar físicamente una
aproximación a un culto mexicanísimo como el día de muertos a los extranjeros y
a los mexicanos provocar una reflexión profunda al estilo Teresa Margolles
(plástica mexicana odiada-amada por su trabajo) que con independencia de que
guste o no el arte de este personaje, una cosa que me parece indiscutible es la
voracidad con la que intenta reivindicar la memoria de lo que ella llama
“restos” de adolescentes y personas víctimas de la violencia en Cd. Juárez.
Para Teresa Margolles un “cuerpo sin vida” alcanza la categoría de “muerto” o
“difunto” con una conciencia histórica en la mente de otro, es decir del
recuerdo que el otro profesa a la persona fallecida, ahora esto es de lo que
carecen algunas víctimas en Cd. Juárez ya que no alcanzan la categoría de
“muertos” porque nadie los reconoce, entonces se convierten en restos de lo que
fueron y sus cuerpos son dejados en fosas comunes.
Por
eso, creo que celebrar esta tradición es parte de la difusión y preservación de
nuestra cultura, pero más importante será, creo yo, que aprendamos que esta coyuntura
de violencia que se vive en todo el globo debe ser una invitación a la vida en
el sentido crítico de la palabra.
Con esto me sumo al clamor de todos aquellos
que piden que la paz sea algo más que un discurso en voces populistas.
Los abrazo con afecto.
Rocío López
Comentarios,
quejas, sugerencias e improperios a: shio.lopez777@gmail.com
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