lunes, 1 de marzo de 2010

UNA REFLEXIÓN DE UNA ACAPONETENSE DESDE ESPAÑA

29 de febrero de 2010
Girona, Cataluña, España.
Queridos lectores de Puerta Norte:
Hace algunos días que no venía a este espacio como habitualmente lo hago, específicamente desde que se publicó la espeluznante nota (con imágenes tan gráficas, que dejaban poco a la imaginación) de la muerte de jóvenes Acaponetenses que afortunada o desafortunadamente conocía. Pasé días, con sus respectivas noches, de pesadillas, imaginando el peligro de mi gente, las imágenes con las que ahora los niños interactúan y no pude evitar el llorar lamentándome de la cruel situación
 de la que poco nos sirve buscar culpables (aunque mucho sabemos que gran parte se la llevan nuestros gobernantes, pero alguien ya anotó que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen), así como tampoco sirve permanecer inmutables.
Escribo hoy, no ya para presumir de algún viaje, escribo hoy, no ya para narrar lo que por estas latitudes sucede, no, en esta ocasión escribo sólo para pedir algo que tal vez muchos ya piden, solicitar aquello que nadie desconoce y que bien o mal todos hacemos cotidianamente; ruego que se cuiden, hago un llamado a los ciudadanos de a pie como yo y mi familia para hacer un frente común ante la situación que se guarda actualmente en nuestra ciudad. Tal vez mi comentario pueda estar fuera de lugar y de tiempo, pero nunca está por demás decir a la gente que se quiere el cuidado meticuloso que se debe tener con nuestras personas.
Alguna vez escuché de voz de un profesor chilango que tanto quiero, que Acaponeta era el ombligo del universo, a mis 17 años no podía rebatir esa frase, pues no había duda de la verdad de la misma, puesto que Acaponeta para mí, como para otros compañeros era nuestro universo porque fuera de ella no conocíamos más. Ahora me doy cuenta que la apreciación de nuestro profesor provenía no de otra cosa, sino del contraste entre la caótica ciudad de México de los 80´s, 90´s y siguientes y anteriores, con un apacible pueblo en el que "no pasaba nada".
Para un profesionista venido de capital, cultivado tanto por museos, teatros, como crímenes cotidianos a la luz del día; un trabajo en un pueblito enclavado cerca del trópico de cáncer, se dibujaba entonces como un pequeño paraíso (sumen a esto la preciosa familia que nuestro profesor formó). Pero permítanme regresar un poco a mi frase anterior: un pueblo en el que no pasaba NADA.
Acaponeta en el período en que otras zonas del país se convulsionaban, permaneció impasible ante los problemas que en otros lugares se libraban, fuimos un pueblo noble ciertamente, pero con pensamientos parroquiales viendo pasar ante nuestros ojos problema tras problema, tal vez temerosos de la situación pero confiados en que al no ser nosotros actores nunca nos veríamos afectados.
Fue en ese mar de "tranquilidad" de "impavidez" del que se alimentaron y crecieron aquellos que ahora vemos morir, jóvenes entre 18 y 25 años víctimas del verdugo más grande: la ignorancia. Ignorancia que fue alimentada por un pueblo temeroso de su existencia, temor que paralizó a toda una sociedad, impidiendo planear, impidiendo ver a futuro, impidiendo organizarse, impidiendo el avance.
La generación de los 60's lo sabe; sabe de lo que la adolescencia y la juventud son capaces cuando se organiza y lucha por un ideal, ideales que con la codiciada pizca de adrenalina crean energía más poderosas que la atómica. Nuestra juventud ahora busca lo mismo que aquellos hippies, busca lo mismo que los "revoltosos" del 68, busca lo mismo que los jóvenes encarcelados en "Robben Island", buscan libertad, y la adrenalina que esta búsqueda deja es tesoro preciado que el aventurero le permite vivir.
Lamentablemente, ahora parece que no sabemos qué significa libertad, hemos confundido por ignorancia los diversos sentidos y alcances de tal concepto, pero nuestro adolescente no dejan de buscarla, ¿de buscar qué?...lo que sí encuentran en una oferta actual de adrenalina que conduce a un lugar del que no se regresa y en el que mucho menos se trasciende.
Y ante esto ¿qué hacemos ahora los acaponetenses? Lo de siempre: NADA.
Seguimos impasibles ante estos hechos, y si alguien nos cuestiona respondemos tradicional y pintorescamente "eso sólo le ocurre aquellos que tienen que ver con el narco" "eso es lo que les pasa a aquellos que andan en malos pasos", ¿pero no será que el abrir las puertas al problema nos hace parte de él? Antes eran las grandes y lejanas urbes, ahora el mal se sienta a nuestra mesa a comer o a tomar un refresco en nuestras salas, está dentro de nuestro pueblo.
¿Qué más necesitamos para que Acaponeta deje de ser un lugar en el ¡NUNCA PASA NADA!?
Rocío López Medina
Comentarios: shio_777@hotmail.com
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