miércoles, 19 de enero de 2011

UN AS BAJO LA MANGA PARA EL PRD


Antonio Franquez Villaseñor
CAMINO A LA ESPERANZA
Antonio Franquez Villaseñor.
Desde 1985, aproximadamente, cuando llegué a esta ciudad de Acaponeta, fui testigo de la gran bonanza que se reflejaba en la economía de esta región, sin duda, esta situación era consecuencia de las buenas cosechas que levantaban nuestros hermanos campesinos. Ese fue el panorama que me encontré al arribar a este noble pueblo.

  Sin embargo, hoy me doy cuenta con tristeza, que muchas de esas tierras se encuentran abandonadas. Y en mi humilde opinión considero que esto se debe a que ya no son redituables por los altos costos de los insumos, es decir, fertilizantes y semillas son de baja calidad. Pero sus costos son tan elevados que resultan prácticamente inalcanzables para el hombre del campo, quien de esta manera enfrenta grandes dificultades para hacer producir la tierra.

  Ante este deplorable horizonte que se puede ver en el agro mexicano, pienso que es necesario prestarle la atención debida, buscar los mecanismos adecuados para fomentar el desarrollo y crecimiento de la región norte.
Si queremos que nuestra economía vuelva a florecer como antes, es necesario que tomemos conciencia de la gravedad por la que está atravesando el sector primario, sustento de todo y de todos; hay que asumir una nueva actitud, debemos ser más responsables, debemos preocuparnos más, porque sólo así podremos sacar al campo del atolladero en que se encuentra.
  Es indispensable generar la cultura del autoconsumo, en la cual todos participemos, comprando los productos agrícolas que se cosechan en nuestra región, comprándolos a un precio justo. Con ello, yo considero que generaremos riqueza, tanto para los agricultores, como para la población en general, por supuesto, sin excluir el comercio, porque cuando el campo produce como debe ser, esta situación se manifiesta en un mayor circulante, en una derrama económica que eleva las ventas de los comerciantes y mejora la calidad de vida de los más pobres, de aquellos que viven de su jornal, porque no tienen más opciones.
   Por eso, amigo campesino, te invito a reflexionar. Permíteme darte algunos ejemplos: según versiones de los propios productores, el grano básico por excelencia, que es el frijol, en la temporada pasada, el frijol mayocoba se lo compraron a  los campesinos a  7.00 pesos,
 mientras al público consumidor se le vendió a 12.00 pesos. Actualmente, cuesta 18.00 pesos. Me pregunto: ¿Para quién fueron las ganancias?
  Sin embargo, si nosotros se lo compramos al productor a 12.00 pesos el kilo, la ganancia es para quien lo sembró y no para los intermediarios. Por lo tanto, las ganancias se van a ver reflejadas en los bolsillos de todos nosotros. Todos sabemos que cuando hay dinero, repito, se genera riqueza para todos sin excepción, nuestra economía se fortalece y el progreso, como consecuencia de esto, llega por sí solo. Por eso, compañero campesino, te exhorto a que juntos impulsemos el campo, que no lo dejemos morir por la indiferencia de los gobiernos que no han tenido la voluntad de implementar una estrategia adecuada para rescatarlo del abandono en que lo tienen desde hace mucho tiempo. Comencemos, pues, en esta temporada, por oxigenar el agro, démosle vida para hacer crecer nuestra economía regional, creo que aún es tiempo de salvarlo y convertirlo nuevamente en la llamada costa de oro. No dejemos morir ese gigante, en cuyos hombros se sostiene toda nuestra economía. ¡Juntos podemos salvarlo!, no permitamos que se nos muera en nuestras manos, porque es nuestra responsabilidad sacarlo del hoyo en que se encuentra, estoy convencido que unidos podemos lograrlo.

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