viernes, 29 de junio de 2012

REMEMBRANZAS...CASI UNA AUTOBIOGRAFÍA (10a. parte)




Por: José B. Algarín G.

DE VUELTA A GUADALAJARA...

Después de durar casi 10 meses de vivir y hacer “nuestro” Servicio Social en ese Ejido-poblado llamado Quimichis, me reporté con el Dr. Antonio González Guevara, como ya había dicho Jefe de los Servicios de Salubridad y Asistencia en el Estado de Nayarit, y al condonarme dos meses que cronológicamente me faltaban para el año, no tuvo ningún inconveniente en darme la tan anhelada carta de haber cumplido cabal y eficazmente mi constancia de haber servido a dicha comunidad (Y haber salvado muchas vidas ¿?).

Creo que en gran medida a una dieta rica en mariscos (Moluscos acéfalos lamelibranquios marinos, monomiarios, con conchas de valvas desiguales, ásperas, de color pardo verdoso por fuera, lisas, blanco y algo anacaradas por dentro, de las cuales la mayor es más convexa que la otra y está adherida a las rocas. Y crustáceos decapodos macruros de varios tamaños) llamados vulgarmente Ostiones y Camarones, mi querida Betty estaba ya “un poquito embarazadita” sospecha que comprobé al practicarle un examen ya en la bella Ciudad de Guadalajara.
La familia de Betty nos recibió con beneplácito, y yo, aumentando un “poquito” mi caparazón (haciendo concha, pues) acepté quedarnos ahí en casa de mi querida suegra y de Don Juan, papás de Betty, para continuar el siguiente paso: hacer mi año de Servicio Hospitalario Complementario (¿así se le llamaba?). Hice mi solicitud y fui aceptado en el Hospital Ayala, ya perteneciente al IMSS. Como la Clínica No. 45.
Tenia también el engorroso paso de hacer mi tesis, de tal manera que de común acuerdo con la Dirección de mi Escuela y de mi Maestro, un gineco-obstreta el Dr. Carlos Ramírez Esparza, Jefe de Departamento, y de su adjunto el Maestro Orozco Sahagún, nos pusimos de acuerdo para el título de mi tesis.

Escogiendo yo el rimbombante titulo de: “EMPLEO DE LA N-BUTIL BROMURO DE HIOSCINA FENIL-DIMETIL PIRAZOLON AMINOMETAN SULFONATO SÓDICO, MAS OCITOCICO SINTÉTICO EN EL PRIMER PERIODO DEL TRABAJO DEL PARTO”. Apantallador, ¿verdad?
El trabajo fue localizar a los representantes médicos de los Laboratorios que producían estos medicamentos, para que me los regalaran, pues se les iba a promocionar sus productos, quizá con mi Tesis a nivel Mundial. (¿?)
El mejor campo para el desarrollo de mi trabajo era una Maternidad cercana al Hospital Civil, donde de día y de noche era prácticamente una “fabrica” en serie y en serio de producción de bebés, llamada Campos  Kunarth.
Ahí se atendían únicamente partos eutocicos, es decir, sin complicaciones.
Así que trabajaba por las mañanas en  la Clínica No. 45 del IMSS, y en las tardes acudía a la maternidad, donde pasaba las noches aplicando tan innovadora teoría de tratamiento (¿?).
En ocasiones coincidíamos un compañero, que me reservo su nombre, el cual también hizo su tesis sobre trabajo de parto, con un nuevo medicamento. Llegaba, me saludaba efusivamente, escogía a dos o tres parturientas, las inyectaba por vía intramuscular y me decía: Algarín, ahí te encargo, las pacientes son fulana, zutana y mengana de las camas tantos y tantos, por favor apunta a que horas se “alivian” ¡ y se iba!
El medicamento que él empleaba era un nuevo ataráxico, que las ponía “en onda”, y se andaban “aliviando” de sus partos en el suelo, en el baño, en el escusado, y “muertas de risa”.  ¿Cómo la ven?
Para mi la Tesis, no era mas que cumplir con un requisito, así que la mía, fue una Tesis, “al vapor”, únicamente para cumplir, y la terminé en poco mas de tres semanas. Mis tutores, no pusieron ninguna objeción.
Y aquí entra de nuevo mí querido amigo y compañero el Dr. Adalberto, que como Médico, era un gran Político.
Supe que le tocó hacer ahí, en esa misma maternidad su Servicio Complementario. Y como quedó aclarado en ese lugar solo se atendían partos normales, siendo las dos o tres enfermeras que ahí laboraban de planta, según Adalberto unas “chuchas cuereras” en cuanto a partos se trataba (palabras textuales de el). “Que una vez  se presento una señora Con un parto difícil, y las enfermeras para “calar” al nuevo Doctorcito, le hablaron para que la atendiera; él intuyó de inmediato que las “cosas” no venían bien, y muy serio les indicó que la pasaran a la sala de expulsión, se lavó perfectamente sus manos, se puso su bata, su gorro, y un cubreboca “especial” que él siempre traía, pues no había de su medida. Pidió  guantes, campos, etc, y luego de examinar a la paciente, y poner los ojos en blanco, mirando hacia el cielo en varias ocasiones, y murmurando...mmm...mmm. Pidió de inmediato que trajeran el TRIFELOQUETOR DE KNIFE, las enfermeras se voltearon a ver mutuamente, extrañadas de esa petición, y decirle una de ellas, que, pues no contaban con ese instrumento...Adalberto, malhumorado, se quita los guantes, los avienta al suelo, arroja también el gorro,y tarda un poco más en retirarse el cubreboca (un cubreboca grande, grande), diciendo...¡Cómo quieren que uno trabaje si no hay los instrumentos adecuados!  ¡Pásenla al Hospital Civil!”
Nunca más lo volvieron a “calar”.
Antes de recibirme como médico hice varios intentos de instalar un consultorio, el primero fue en la Colonia Atlas, con regulares resultados, me hice amigo de un matrimonio ya mayor, los cuales me permitieron instalarme en lo que era la salita de su casa para iniciar mi consulta, iba a diario, en los días en que podía, generalmente en la tarde, y me “caían” uno que otro despistado paciente, cuando menos me servía para pagar la gasolina de un carro de modelo antiguo que mi papá me regaló.
Después, mi amigo y compañero, Javier Ramos Haro, me recomendó, que me fuera a Pegueros, pueblo chico en los altos de Jalisco, pues él dejaría de ir por motivos de estar en otro trabajo. Lo hice, y hasta allá iba con un cartón de muestras medicas a “salvar vidas”. Mi traslado era en camión, y realmente no me fue muy bien, a pesar de que Javier me había recomendado con la familia donde él llegaba. Así que dejé de ir.

Se acercaba la fecha de nuestra recepción, y todavía nos quedaba por presentar una prueba de Hematología, si mal no recuerdo, con un Maestro muy estricto, el Dr. Bátiz y Güereca, quien por fin logró sus anhelos, reprobar a la mayoría de tan selecto grupo que formábamos la generación 1954-1960.
Inconformes fuimos a plantear nuestro problema con el aquel entonces Secretario de la Escuela de Medicina, el Dr. Carlos Palomera (q.e.p.d.) quien se comprometió a hablar con el Maestro Titular, y así lo hizo. Esperamos afuera de la Dirección mientras él trataba de convencer al Catedrático. Como pasaba el tiempo y no salían, el grupo, que esperábamos una respuesta afirmativa, vimos salir al Dr. Palomera sonriente, y nos dijo: ¡Muchachos, su asunto ya se arreglo!
¡No se pudo! (¿?)
Optamos que nos cambiaran de Maestro,  y afortunadamente en esos días acababa de llegar de Chicago, Illinois USA. El Dr. Mario Paredes Espinosa, quien nos impartió un curso de “inmersión” de varias semanas de duración, y después de un examen , pues casi todos pasamos. ¡Otro escollo mas salvado!


NACE EL PRODUCTO DE NUESTRA ESTANCIA EN QUIMICHIS, MI ADORADA Y “PRIETITA” HIJA BETTY...

Para ese tiempo, yo estaba en la Clínica del IMSS (Hospital Ayala), haciendo mi Servicio Hospitalario Complementario como interno, siendo Director de ésa en aquel tiempo importante Institución, el Dr. Novoa Niz, quien había sido mi Maestro en el Hospital Civil, y ahí llevé a mi esposa Betty, al término de su embarazo, siendo atendida por un médico de nombre Oscar Flores Carrera, con familiares en la Ciudad de Tepic, Nayarit.
El llamar a mi pequeña hija “prietita”, no era, ni es un eufemismo, pues su color moreno, firme hasta hoy en día, le dio una belleza que aun perdura.

Ahí conocí y me hice de buenos amigos, de los que recuerdo son: Luís Avalos, Marta Romo, después esposa del hermano de Luís Partida Labra, Alfonso Gafford, quien se recibió con nosotros, Luís Valdivia, Jorge Romo Leaño hermano de Marta, Cuauhtémoc Gutiérrez, compañero de estudios nuestro, un Dr. Navarro Cirujano Pediatra, un Dr. Barba, también Pediatra, compañero mío; también a Leonel Hernández, y otros más que  debido a mi amigo, el alemán Alzheimer no recuerdo.
Un detalle molesto para mí, fue que el Administrador cuyo nombre, afortunadamente se me olvidó, al dar de alta a mi esposa Betty, se presentó conmigo y de una manera poco comedida y prepotente me exigía el pago por la atención del parto de mi esposa. Me dirigí a la Dirección y le comenté al Dr. Novoa Niz la situación  económica en que me encontraba y él llamando de inmediato a dicho Administrador lo conminó a “que no me anduviera molestando”.

Al terminar mi Servicio en dicho Hospital, se me vino encima la Presentación de mi Tesis, y el examen Profesional.
Esto tenia lugar en un salón especial, dentro de la Escuela de Medicina, salón que queda enfrente del Aula Magna. Y en presencia del Director, Secretario, y mis Maestros Sinodales, encabezados por mi siempre querido y admirado Maestro Carlos Ramírez Esparza, el Maestro Orozco y Sahagun y otros más.
Estando ya reunidos, y en sesión solemne, se me llamó, y fue imponente el entrar a ese salón, pues únicamente se usa para actos académicos relevantes, entré, dejando mi Tesis, frente al Presidente del presidium en un largo escritorio y me invitaron a que me saliera, cosa que hice de inmediato.
Al poco rato, oí desde afuera, unas sonoras carcajadas, pensando para mis adentros...¿Dios mío!.. ¿De qué se ríen, de mi “trabajo”?, ¿de mi Tesis?  ¿Qué hice?...
Cesaron las risas después de unos minutos de angustia, y un “ujier” me dijo llamándome por mi nombre, puede Usted pasar...Así lo hice, y sentándome enfrente de aquel insigne jurado, pensando lo peor, pues me imaginaba que tendría que defender mi Tesis. El presidente del jurado me preguntó...¿Usted hizo esta Tesis?...Balbuceando, contesté, Si, yo ...la hice, con la supervisión de mis Maestros, Carlos Ramírez y Orozco y Sahagun.

¡Pues muy bien! ¡Permítame felicitarlo DOCTOR!
Acto seguido, se levantaron todos, rodearon el gran escritorio, y me entregó el Director mi constancia aprobada de mi Tesis, y dándome un fuerte abrazo me saludo de mano. Cada uno de los miembros del jurado hicieron lo mismo.
¡DOCTOR...DOCTOR...! ¡Lo había logrado! ¡El sueño por mi acariciado desde mi infancia se había convertido en una realidad!
Como una película en rápido movimiento, me cruzó por mi mente el recuerdo de mis Padres, de mi Nina, de mi esposa Betty, de mis hijos y de mis Maestros.
Me despedí de cada uno de ellos con una reverencia y un segundo apretón de manos... y una lágrima reprimida.
Al salir pegué de gritos y de brincos blandiendo en mi mano el acta de aprobación, pues todos mis compañeros estaban a la expectativa de cómo me había ido, pues fui el primero que se presentó al Examen Profesional. Recibí cariñosas felicitaciones y efusivos abrazos de todos los que estaban ahí.
Como un homenaje a un querido Maestro le impusimos a nuestra Gloriosa Generación el Nombre de Dr. SALVADOR DIAZ SOLIS.

A los pocos días, fue el acto Académico en el Paraninfo de la Rectoría de la Universidad de Guadalajara, donde se nos entregó el titulo de Médico Cirujano y Partero, así como el grado Académico. Con la presencia claro está del Rector y las máximas autoridades de dicha Universidad.
Siguieron las fotos del recuerdo, las felicitaciones de nuestros familiares, amigos, y entre nosotros mismos.
Al día siguiente llevé mi grado Académico a la Dirección de mi Escuela de Medicina, para que estamparan su firma mis Maestros a los que tanto debíamos.
Por supuesto que se ofició una Misa Solemne en Catedral, misma que la ofrecimos como Acción de Gracias, por haber terminado  con éxito nuestra carrera. El oficiante fue en el que en aquel entonces era el Arzobispo José Garibi Rivera. Con sus respectivas fotos, que de momento no pude recoger por falta de “circulante”.

(Continuará...)


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