domingo, 24 de marzo de 2024

DE CHILE, DE DULCE Y DE MANTECA

 


Por: José Ricardo Morales y Sánchez Hidalgo

DE CHILE: Mucho se habla de cuidar el voto. De entregarlo a la persona correcta, no por otra cosa, sino porque nos va a gobernar. En el caso de los que radicamos en este rincón de la geografía nacional y que responde al noble nombre de Acaponeta, lo hará durante tres años el nuevo primer edil. Por supuesto, vienen las deidades menores como son el síndico, que, según creo, va en fórmula con el candidato a la presidencia municipal, y, claro, los regidores, esos entes que regularmente pasan el trienio con más pena que gloria, como fue en este XLII ayuntamiento, donde hubo algunos que, en tres años ni siquiera supe sus nombres y que su paso por el máximo órgano de gobierno municipal no tendrá un lugar, aunque sea mínimo en la historia local, simple y llanamente porque no hicieron nada. 

Hay que recordar que, según la ley municipal para el estado de Nayarit, los regidores son el cuerpo orgánico que delibera, analiza, resuelve, controla y vigila los actos de administración y del gobierno municipal. Y puedo decir, en base a lo que pobremente salió a flote del actual cabildo municipal, que salvo dos o tres —de los diez que son—, se salvan de hacer su función, el resto, no puedo decir nada, porque nada sé de ellos…ya lo dije, ni su nombre.

Desafortunadamente, a nosotros los gobernados, nos han hecho creer la peregrina idea de que los regidores son aquellos personajes del ayuntamiento que cambian focos fundidos, colocan en las esquinas tambos para la basura, cooperan para comprar algún medicamento o dan un óbolo a algún necesitado; y bueno, está bien, siquiera que hagan eso, porque sabemos que hasta una partida de su “dieta” está considerada para esos apoyos, pero por supuesto, no es su más importante función. 

Ellos, los regidores, deben intervenir en el registro, vigilancia y gestión de la hacienda municipal y exigir al tesorero toda la información relativa a los recursos municipales, y no solo a este funcionario sino a todos los titulares de la administración. Deben ser ellos los que denuncien a los servidores públicos que caigan en irregularidades o acciones ilícitas. Es función de un regidor promover la participación ciudadana en apoyo a los programas o acciones que proponga el presidente o el mismo cabildo. Pueden ellos remover al secretario de gobierno o tesorero en turno. La ley, les exige presentar por escrito un informe anual de las actividades relativas a su cargo, el cual debe ser presentado quince días después del informe anual del presidente. ¿Saben de alguno que lo haya hecho?


Los partidos políticos deben tener la alta responsabilidad de escoger como sus candidatos a regidor a los mejores hombres o mujeres, ya que ellos vienen a ser los “diputados chiquitos” del pueblo; y la verdad hemos oído de algunas propuestas espantosas que nos llevarán a lo mismo: personas que solo calentarán la silla de cabildo y alzarán la mano según convenga al presidente en turno, y, por supuesto, esperar puntualmente la jugosa quincena. Pero, así es la vida en el trópico…

 


DE DULCE: Estoy convencido que Claudia Sheinbaum Pardo, ganará la elección de junio de 2024, no solo porque todas las encuestas serias la ponen muy arriba de Xóchitl Gálvez, y a años luz del palero Álvarez Máynez, sino porque la hidalguense no levanta. Así que, a mi juicio, la Sheinbaum será presidenta de este país y, tiene ella todo para ser la mejor presidente de la historia nacional. 

Me explico: primero, confieso que nunca he estado de acuerdo con eso de “el mejor presidente de México” o, al revés. “el peor presidente de la nación”. Eso no existe, no se puede medir de ningún modo, por lo que son conceptos muy subjetivos. AMLO, que siempre se ha querido comparar con Benito Juárez, alega en cada mañanera que “el benemérito” es el mejor de todos. Yerra el huésped de palacio nacional al decir eso, por lo que menciono arriba y por esa necedad de los gobernantes de diseñar la historia a su modo y conveniencia, logrando en el intento que “los héroes” nacionales, suban a la categoría de deidades perdiendo sus atributos humanos, es decir, esos compas de carne, hueso y pedazo de pescuezo, que, si bien aciertan en muchas cosas, se equivocan en otras y riegan el tepache como cualquiera de nosotros.


Estoy convencido, por eso voté por Andrés Manuel López Obrador, que él pudo ser un presidente único, recordado en el futuro como un ejemplo de gobierno, como un estadista y alguien que, en efecto, logró una auténtica transformación de México. Pero todo quedó en buenas intenciones, como siempre sucede, por las razones que no le conocíamos: soberbia y ambición sin límites.

Si comparamos a Claudia Sheinbaum con Andrés Manuel, la primera se lo lleva de calle: académica y no un estudiante fósil como YSQ; con mentalidad científica y el empuje de la juventud madura. Mientras Claudia tiene una licenciatura en Física (¡Waooo, ni más ni menos), una maestría en ingeniería de la energía, así como un doctorado en ingeniería ambiental, AMLO es un aldeano, sumido y encerrado en su alegre y fantasiosa “Pejelandia”, ni quiere saber nada del mundo, ni asoma las narices para que de qué lado gira el planeta; para él solo existen México, Venezuela, Cuba y Nicaragua…(¡chin!).


Sé muy bien que Claudia hoy por hoy, no puede emitir algo que contradiga al tabasqueño, ¡Dios guarde!, capaz que la saca de la contienda y en otra de sus ocurrencias mete a la tal Layda Sansores. Así que calladita se ve más bonita. Pero también sé que, si de verdad quiere pasar a la historia como la mejor presidente, tendrá que poner sana —sanísima— distancia con López Obrador. La historia es clara, todo ex presidente es un lastre enorme amarrado al tobillo del nuevo mandatario; y como no hay mal que dure cien años ni presidente en funciones que lo aguante, sacan la casta y los batean de jonrón, tal como hizo Cárdenas con Calles, Echeverría con Díaz Ordaz, López Portillo con LEA y Zedillo con Salinas. Donde exista un ápice de cordura, cualquier brizna de esperanza tiene espacio para crecer. ¡Veremos!

 


DE MANTECA: La imagen que tiene la clase política nacional es detestable, desde el presidente de la república hasta el más humilde regidor de un municipio carente de recursos allá por Oaxaca. Los gobernadores de los estados, que siempre actúan como verdaderos virreyes, reinando en sus fantasiosos países o, en el mejor de los casos, cotos personales. Nombres hay muchos y de todos los colores políticos y partidos, desde toda la historia nacional.



Sin embargo, una de las que se lleva las palmas o la medalla de oro, como lo “piorcito de lo piorcito”, es la doña de los pelos colorados, Layda Sansores San Román, virreina y cacique de Campeche, quien siguiendo las directrices del “santo de su devoción” San Andrés Manuel López Obrador, comete pifias enormes. Lo que recientemente sucedió en Campeche, no solo la pinta de cuerpo entero a ella, sino a toda la cuarta transformación.

Resulta que se desató un motín en un penal alejado de la ciudad; en respuesta, el gobierno envió sin ninguna preparación, plan o protocolo de intervención, a un pobre grupo de mujeres policías, desarmadas y, literalmente a la buena de Dios, a enfrentar a puro macho alfa, desalmados y de altísima peligrosidad que no tienen nada que perder, ellos sí, armados con machetes —¿Cómo ingresaron estos a la cárcel? —, piedras, instrumentos punzocortantes, etc. Así es la cuarta transformación, actúa más con el estómago que con el cerebro. Obviamente, las mujeres policías indefensas pronto sucumbieron frente a los malosos, quienes las golpearon, apedrearon, sometieron, manosearon y casi violaron. De suerte, no murieron.


Como cualquier ser humano injuriado y humillado, las policías, apoyados por sus compañeros de oficio, protestaron y ante la nula respuesta de las autoridades estatales encabezadas por Layda “la colorina” Sansores; lo cual es otra característica de la 4T, desoír la queja ciudadana, por más que estén dentro de la razón. Finalmente —cosa que no esperaba la tal Layda—, la manifestación fue multitudinaria y el pueblo de a pie, la apoyó, dejando mal parado al terrible gobierno de la doña de los pelos bermejos; obteniendo pópolo y afectados, la típica respuesta lopezobradorista: “a toda marcha corresponde una marcha igual, pero de sentido inverso”, es decir, la Sansores convocó a una manifestación de “apoyo” llena de lambiscones, acarreados y trabajadores de gobierno obligados a asistir y aplaudir a la virreina “agraviada”, que cuando le dijeron que los policías querían dialogar con ella, expresó con la conocida insensibilidad de la transformación de cuarta: “quieren que vaya yo…mejor que vaya la mamá de cualquiera, yo no voy a ir”. Así esta “dama del buen decir”.

Al final, la señora de las greñas bermellonas, seguramente aleccionada por la Sheinbaum o por el propio AMLO, reculó de su torpe decisión de una marcha a su favor y alegando —típico de la cuarta— politiquerías y “para que no haya confusión electoral”, suspendió esa acción de culto a su personalidad. ¿Y los policías, lograron algo, aunque sea ser escuchados? El resultado, una vez más, define a la dizque transformación obradorista: ¡Negativo!


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