Amigas y amigos de Acaponeta;
Señoras y señores:
Nuevamente es un enorme gozo estar en esta maravillosa casa
de cultura y compartir con todos ustedes la feliz y sensacional alegría de
festejar los primeros 30 años de vida de nuestra amado institución la JUNTA
VECINAL PRO CONSRVACIÓN Y DIFUSIÓN DEL PATRIMONIO HISTÓRICO Y CULTURAL DE
ACAPONETA A.C. y, fue en este mismo lugar cuando el 12 de abril de 1996, con el
antropólogo Raúl Andrés Méndez Lugo, se conformó la Junta Vecinal, que ha
cumplido ya tres décadas al servicio de la comunidad.
Pero no venimos a hablar de eso, digo que tengo una gran
satisfacción de estar aquí esta tarde de celebración, y que mayor regalo que
esta ceremonia modesta, pero llena de sinceridad y orgullo para hacer homenaje
a una de las hijas más notables de Acaponeta, Consuelo Sáizar de la Fuente.
Dicen que uno siempre vuelve a los
sitios donde amó la vida. Pero en el caso de la Dra. Consuelo Sáizar de la
Fuente, no se trata solo de volver, sino de reconocer que ella nunca se fue del
todo. Porque aunque sus pasos la llevaron a las cumbres del pensamiento
universal, a las oficinas de las instituciones culturales más importantes de
México y a las aulas de las universidades más prestigiosas del mundo, su
brújula interna siempre marcó el norte de México: hacia este "lugar junto al río donde el frijol se enreda
a la caña”.
Hoy no solo homenajeamos a la ex
directora del Fondo de Cultura Económica o a la ex presidenta del Conaculta.
Hoy celebramos a la hija de Acaponeta. A la niña que aprendió a leer el mundo
no solo en libros comunes, sino en el ritmo metálico de las linotipias en
tiempos en los que sacar un periodico a la luz del día era heroico.
Para entender la pasión de Consuelo
por la palabra, hay que cerrar los ojos y viajar en el tiempo a los talleres de
El Eco de Nayarit. Imaginen a una pequeña Consuelo correteando entre el aroma
penetrante de la tinta fresca y el crujir del papel revolución. Inspirada quizá
por el monótono y al mismo tiempo musical traca traca de la prensa, ya soñaba
con los altos vuelos de llegar a ser no solo una gran editora, sino la editora
principal, la del Fondo de Cultura Económica, ni más ni menos y, ¿saben qué? lo
logró.
Allí, bajo la mirada de su abuelo Don
Martín, y su padre, mi querido Maestro Don Rodolfo Antonio Sáizar, ella no solo
vio nacer noticias; vio cómo se construye la memoria de un pueblo. El periódico
familiar fue su primer alfabeto. Mientras otros niños jugaban con juguetes
convencionales, ella jugaba con tipos móviles y ennegrecía las manos con la
oscura tinta. Esa infancia entre prensas y papel, le tatuó una convicción que
marcaría su carrera: la cultura no es un lujo, es un registro de nuestra
existencia; es el eco que nos sobrevive.
Esa niña de Acaponeta, el pueblecito
del que dijera el poeta que no fue mar, ni fue montaña, escondido en la costa
noroccidental del Pacífico, entendió que si una imprenta podía darle voz a una
región, la gestión cultural podía darle voz a una nación entera.
Cuando Consuelo salió de Nayarit para
conquistar el mundo de las letras y los libros, llevó consigo la tenacidad del
sembrador de la fértil tierra nayarita, el otrora granero de México. Su paso
por el Fondo de Cultura Económica no fue una simple administración; fue una
revolución digital y humana. Abrió librerías que son catedrales del saber y
modernizó el acceso a la lectura, convencida de que México debía ser un país de
lectores.
Luego, al frente de Conaculta,
demostró que la cultura es el eje transformador de la sociedad. Su visión de
"La Ciudad de los Libros" en
La Ciudadela es, quizá, el monumento más grande a su amor por el papel y la
tinta que conoció aquí en su tierra. Ahí, en ese mágico lugar conviven y viven
a través de sus propias bibliotecas, gigantes de la literatura mexicana como
José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Jaime García Terrés, Carlos Monsiváis
y Alí, nuestro Alí Chumacero.
Pero Consuelo no se detuvo en la
gestión. Su sed de conocimiento la llevó a una carrera académica brillante,
obteniendo doctorados y reconocimientos en Cambridge, Oxford y Hardvard .
Sin embargo, quienes la conocen saben
que, a pesar de los títulos internacionales, su mayor orgullo sigue siendo la
honestidad intelectual y el rigor que aprendió, de inicio, en estas calles de
cantos rodados birlados al hermano río, bajo este sol nayarita que forja caracteres
fuertes y mentes claras…y, por supuesto, de aquí al mundo recorrido, que no es
poco.
Hoy, Acaponeta la recibe con el
orgullo de quien ve regresar a una de sus ciudadanas más ilustre. Por todo lo
anterior, desde esta tribuna, a nombre de todos mis queridos compañeros de la
Junta Vecinal de Acaponeta A.C., pedimos a la autoridad municipal, especialmente
al honorable cabildo, y aquí está la síndica y algunos amigos regidores, que en
la primera oportunidad, en próxima sesión de cabildo, la Dra. Consuelo Sáizar
de la Fuente, sea declarada HIJA PREDILECTA DE ACAPONETA. Prof. Habacuc
Contreras, le pido por favor, comente esta propuesta con el Señor Presidente.
Consuelo Sáizar, es un referente en
la identidad de este noble pueblo acaponetense, igual como lo es El Eco de
Nayarit; su nombre, junto con otras recordadas y amadas celebridades locales,
inevitablemente nos evoca, sobre todo cuando estamos fuera del terruño, el
sabor de un buen pescado zarandeado, los festivales culturales, los sabrosos
taquitos de puerquito echado, los viajes a la playa de El Novillero en frescos
camiones tropicales; los camarones de mil formas y colores; las marismas
nacionales, los churros del buen Señor Min; la furia del Río Acaponeta, el olor
milagroso de gardenias, mangos, guayabas y arrayanes; el sonido de los pianos y
la música de banda que resonaba en la plaza; los aguaceros que matan a la
canícula por unos minutos mientras nos bañamos bajo el chorro de las canaletas y
esa calidez única de nuestra gente. Porque Consuelo es la prueba de que se
puede ser profundamente universal siendo profundamente local.
Ella ha llevado el nombre de Acaponeta
y el de Nayarit a los foros internacionales más exigentes, no como una mención
en un currículum, sino como una identidad que se porta con elegancia. Su éxito
es el éxito de la educación pública, del esfuerzo familiar, del denuedo
personal y de la fe en que los libros pueden cambiar el destino de una
persona.
Querida Consuelo:
Has pasado la vida editando el presente
de México para que tengamos un mejor futuro. Has sido la guardiana de nuestras
letras y la arquitecta de nuestros espacios culturales. Pero hoy, más allá de
los protocolos, queremos que sepas que para nosotros sigues siendo la niña de
El Eco de Nayarit. La que sabe que la tinta es la sangre de la historia.
Gracias por enseñarnos que desde un rincón de Nayarit se puede soñar con el
mundo entero, y gracias por volver siempre a casa para compartir esa luz.
¡Larga vida a tu obra, y bienvenida
siempre a tu tierra, Dra. Sáizar!
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