domingo, 3 de mayo de 2026

MENSAJE DE PEPE MORALES EN EL HOMENAJE A CONSUELO SÁIZAR DE LA FUENTE

 


Amigas y amigos de Acaponeta;

Señoras y señores:

Nuevamente es un enorme gozo estar en esta maravillosa casa de cultura y compartir con todos ustedes la feliz y sensacional alegría de festejar los primeros 30 años de vida de nuestra amado institución la JUNTA VECINAL PRO CONSRVACIÓN Y DIFUSIÓN DEL PATRIMONIO HISTÓRICO Y CULTURAL DE ACAPONETA A.C. y, fue en este mismo lugar cuando el 12 de abril de 1996, con el antropólogo Raúl Andrés Méndez Lugo, se conformó la Junta Vecinal, que ha cumplido ya tres décadas al servicio de la comunidad.

Pero no venimos a hablar de eso, digo que tengo una gran satisfacción de estar aquí esta tarde de celebración, y que mayor regalo que esta ceremonia modesta, pero llena de sinceridad y orgullo para hacer homenaje a una de las hijas más notables de Acaponeta, Consuelo Sáizar de la Fuente.

Dicen que uno siempre vuelve a los sitios donde amó la vida. Pero en el caso de la Dra. Consuelo Sáizar de la Fuente, no se trata solo de volver, sino de reconocer que ella nunca se fue del todo. Porque aunque sus pasos la llevaron a las cumbres del pensamiento universal, a las oficinas de las instituciones culturales más importantes de México y a las aulas de las universidades más prestigiosas del mundo, su brújula interna siempre marcó el norte de México: hacia este "lugar junto al río donde el frijol se enreda a la caña”.

Hoy no solo homenajeamos a la ex directora del Fondo de Cultura Económica o a la ex presidenta del Conaculta. Hoy celebramos a la hija de Acaponeta. A la niña que aprendió a leer el mundo no solo en libros comunes, sino en el ritmo metálico de las linotipias en tiempos en los que sacar un periodico a la luz del día era heroico.



Para entender la pasión de Consuelo por la palabra, hay que cerrar los ojos y viajar en el tiempo a los talleres de El Eco de Nayarit. Imaginen a una pequeña Consuelo correteando entre el aroma penetrante de la tinta fresca y el crujir del papel revolución. Inspirada quizá por el monótono y al mismo tiempo musical traca traca de la prensa, ya soñaba con los altos vuelos de llegar a ser no solo una gran editora, sino la editora principal, la del Fondo de Cultura Económica, ni más ni menos y, ¿saben qué? lo logró.

Allí, bajo la mirada de su abuelo Don Martín, y su padre, mi querido Maestro Don Rodolfo Antonio Sáizar, ella no solo vio nacer noticias; vio cómo se construye la memoria de un pueblo. El periódico familiar fue su primer alfabeto. Mientras otros niños jugaban con juguetes convencionales, ella jugaba con tipos móviles y ennegrecía las manos con la oscura tinta. Esa infancia entre prensas y papel, le tatuó una convicción que marcaría su carrera: la cultura no es un lujo, es un registro de nuestra existencia; es el eco que nos sobrevive.

Esa niña de Acaponeta, el pueblecito del que dijera el poeta que no fue mar, ni fue montaña, escondido en la costa noroccidental del Pacífico, entendió que si una imprenta podía darle voz a una región, la gestión cultural podía darle voz a una nación entera.

Cuando Consuelo salió de Nayarit para conquistar el mundo de las letras y los libros, llevó consigo la tenacidad del sembrador de la fértil tierra nayarita, el otrora granero de México. Su paso por el Fondo de Cultura Económica no fue una simple administración; fue una revolución digital y humana. Abrió librerías que son catedrales del saber y modernizó el acceso a la lectura, convencida de que México debía ser un país de lectores.

Luego, al frente de Conaculta, demostró que la cultura es el eje transformador de la sociedad. Su visión de "La Ciudad de los Libros" en La Ciudadela es, quizá, el monumento más grande a su amor por el papel y la tinta que conoció aquí en su tierra. Ahí, en ese mágico lugar conviven y viven a través de sus propias bibliotecas, gigantes de la literatura mexicana como José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Jaime García Terrés, Carlos Monsiváis y Alí, nuestro Alí Chumacero.

Pero Consuelo no se detuvo en la gestión. Su sed de conocimiento la llevó a una carrera académica brillante, obteniendo doctorados y reconocimientos en Cambridge, Oxford y Hardvard .

Sin embargo, quienes la conocen saben que, a pesar de los títulos internacionales, su mayor orgullo sigue siendo la honestidad intelectual y el rigor que aprendió, de inicio, en estas calles de cantos rodados birlados al hermano río, bajo este sol nayarita que forja caracteres fuertes y mentes claras…y, por supuesto, de aquí al mundo recorrido, que no es poco.

Hoy, Acaponeta la recibe con el orgullo de quien ve regresar a una de sus ciudadanas más ilustre. Por todo lo anterior, desde esta tribuna, a nombre de todos mis queridos compañeros de la Junta Vecinal de Acaponeta A.C., pedimos a la autoridad municipal, especialmente al honorable cabildo, y aquí está la síndica y algunos amigos regidores, que en la primera oportunidad, en próxima sesión de cabildo, la Dra. Consuelo Sáizar de la Fuente, sea declarada HIJA PREDILECTA DE ACAPONETA. Prof. Habacuc Contreras, le pido por favor, comente esta propuesta con el Señor Presidente.

Consuelo Sáizar, es un referente en la identidad de este noble pueblo acaponetense, igual como lo es El Eco de Nayarit; su nombre, junto con otras recordadas y amadas celebridades locales, inevitablemente nos evoca, sobre todo cuando estamos fuera del terruño, el sabor de un buen pescado zarandeado, los festivales culturales, los sabrosos taquitos de puerquito echado, los viajes a la playa de El Novillero en frescos camiones tropicales; los camarones de mil formas y colores; las marismas nacionales, los churros del buen Señor Min; la furia del Río Acaponeta, el olor milagroso de gardenias, mangos, guayabas y arrayanes; el sonido de los pianos y la música de banda que resonaba en la plaza; los aguaceros que matan a la canícula por unos minutos mientras nos bañamos bajo el chorro de las canaletas y esa calidez única de nuestra gente. Porque Consuelo es la prueba de que se puede ser profundamente universal siendo profundamente local.



Ella ha llevado el nombre de Acaponeta y el de Nayarit a los foros internacionales más exigentes, no como una mención en un currículum, sino como una identidad que se porta con elegancia. Su éxito es el éxito de la educación pública, del esfuerzo familiar, del denuedo personal y de la fe en que los libros pueden cambiar el destino de una persona.

Querida Consuelo:

            Has pasado la vida editando el presente de México para que tengamos un mejor futuro. Has sido la guardiana de nuestras letras y la arquitecta de nuestros espacios culturales. Pero hoy, más allá de los protocolos, queremos que sepas que para nosotros sigues siendo la niña de El Eco de Nayarit. La que sabe que la tinta es la sangre de la historia. Gracias por enseñarnos que desde un rincón de Nayarit se puede soñar con el mundo entero, y gracias por volver siempre a casa para compartir esa luz.

¡Larga vida a tu obra, y bienvenida siempre a tu tierra, Dra. Sáizar!


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