miércoles, 13 de abril de 2011

RESCATE Y PUESTA EN VALOR DE LAS ESTACIONES DEL FERROCARRIL PERTENECIENTES AL ESTADO DE NAYARIT (3a. parte)


Por: Antropólogo Raúl Andrés Méndez Lugo
Por otra parte, es conocido que el Ferrocarril Sud Pacífico fue adquirido por el gobierno en 1951, cambiando su nombre por el de Ferrocarril del Pacífico y durante dos años quedó bajo la administración de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, posteriormente pasaría a ser una empresa paraestatal.
El ferrocarril Sud Pacífico construyó mil 764 kilómetros de vía desde Nogales hasta Guadalajara, Jalisco, y 2 mil 898 kilómetros hasta la ciudad de México. Más tarde, aquellas enormes máquinas de vapor que mucho impresionaron a la gente de Acaponeta, fueron retiradas para dar lugar a las nuevas máquinas de diesel, siendo en su mayoría desmanteladas o destruidas para ser vendidas por kilos como fierro viejo.
Sin embargo, en algunos lugares tuvieron la precaución de obtener uno de esos aparatos que alguna vez fueron la novedad del siglo XX y fueron colocados en puntos cercanos al ferrocarril, como una especie de joya arqueológica que representaba una época verdaderamente gloriosa, romántica e histórica: Lo nuevo sustituía a lo viejo.
De manera retrospectiva, el historiador refiere que por muchos años los habitantes de Acaponeta que llegaron a viajar en ferrocarril conocieron a un tren demasiado lento y al que denominaron El Burro, en contraste con otro más veloz y al cual “bautizaron” como La Bala, en realidad ambos eran de una lentitud desesperante.
A finales de los ochenta, cuando ya se llamaba Ferrocarriles Nacionales de México, surgió otro tren al que la gente llamó El Estrella, supuestamente porque sus instalaciones eran mucho más modernas, era más cómodo y más rápido, pero en realidad nada de esto era cierto ya que pronto se convirtió en un medio de transporte similar a sus antecesores; mala atención, pésimo servicio, lento como tortuga y, por si fuera poco, sus empleados abusaban de los viajeros y su estado físico llegó a ser antihigiénico. Como consecuencia de esto, la gente dejó de viajar en ellos y optó por el servicio de los autobuses, así fue como el servicio del ferrocarril se fue demeritando.
Entre 1980-1990, el gobierno federal tuvo serios problemas sindicales con los trabajadores del Ferrocarril, ocasionados por la corrupción que invadió al sindicato, el conflicto provocó que el gobierno se enfrentara ante una situación de números rojos en el manejo de la paraestatal, lo que propicio severas pérdidas económicas e ínfimas ganancias.
En el mes de junio de 2001, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes publicó el decreto mediante el cual se estableció la desaparición definitiva de Ferrocarriles Nacionales de México, se procedió entonces a la liquidación total de este organismo descentralizado, para posteriormente ser vendido a particulares, concluyendo de este modo una época que dejó una profunda huella en el ánimo de los nayaritas. Terminaron así 91 años de historia y tradición.
Paradójicamente mientras en nuestro país desaparecía una de las obras más importantes del porfiriato, en otros países evolucionaban los sistemas ferroviarios, los cuales también habían comenzado con máquinas de vapor, que enseguida fueron sustituidas por las de diesel. Con ello, las demás naciones del mundo ingresaron a la modernización a través de los sistemas de trenes eléctricos que viajan a una velocidad de 300 kilómetros por hora.
Entre estos países se pueden mencionar España, Alemania, La India y Japón, entre otros, los cuales actualmente cuentan con excelentes sistemas ferroviarios  con la más sofisticada tecnología moderna; esa es la paradoja, es decir, que en tanto dichos países lograron prosperar en el rubro ferrocarrilero, los mexicanos nos quedaron sin este medio de transporte.
Néstor Chávez Gradilla, autor de varios libros relativos a la historia de Acaponeta, consideró justo dar mencionar los nombres de algunos trabajadores que dedicaron parte de su vida al ferrocarril. Entre los cuales destaca la figura de Pedro López Díaz, quien años después se convertiría en doctor, licenciado en derecho y escritor, entre otras cosas; los hermanos Samuel, Elías y Nicolás Marroquín Gómez; como Jefes de estación, los señores José Franklyin Magallanes, Agustín Borrego y Nicolás Díaz Quintero.
En transportes y cargas hay que mencionar a Pedro Andrade y Luis Ramírez; como rieleros figuraron Benigno Villegas, Benigno López, Tamble Valencia. Como conductores los hermanos Alberto y Gregorio Estrada; como garroteros, Pedro Rivera Villegas Blanco; en calidad de celadores los hermanos Renacé y Samuel Ríos; como motoristas, los hermanos José Luis Osuna y otro al que apodaban El Payaso; en túneles y puentes, Asunción Rivera Cervantes, Hilario Vallín, Santiago Parra y Heliodoro González y en oficinas, Manuel y Alberto Gómez Torrero, Enrique Aguiar, Juan Casillas, Mario Borrego, Francisco Eduardo Marian Fonseca y Javier Fonseca, entre muchos más que tuvieron la fortuna de ser grandes protagonistas de una era ya lejana y que difícilmente se repetirá, ellos fueron—tal vez sin proponérselo, héroes—de este singular acontecimiento que significó el advenimiento del primer tren que arribó a la ciudad de Acaponeta el 1 de enero de 1910.

(Continuará)

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