jueves, 1 de marzo de 2012

LA REPOSTERÍA AMATLECA


Por: Óscar Luna
Cronista Municipal de Amatlán de Cañas
 
Para Irene Prado, mi madre.
Oscar Luna Prado
Después de comer unos ricos y deliciosos platillos amatlecos, nos llega el gusanito de algo dulce como postre, y nos dirigimos a la tienda “Ma Lola”, la que se encuentra en la “Calzada”. Lo primero que vemos es una caja muy grande de madera sobre el mostrador en la cual se encuentran acomodados unas dos centenas de panes de todo tipo, colores y sabores, todos ellos fabricados en la panadería de al lado, llamada la “Victoria”.

Degustamos unas ricas y vaporositas conchitas y novias, mientras la propietaria del abarrote, la señora Irene Prado nos acomoda en una bolsa, el  ojo de buey, el torcante, los jotos, las costras y los picones con pasas y nueces, que por muchos años saben hacer en ese lugar.
Comenzamos pues, con este postre a platicar de lo que fue y es el oficio de la repostería en Amatlán.
No me remontaré a datos que no alcance mi memoria, pero si remarcare algunos de los cuales surte efecto y ya es tradición sobre este tema tan dulce.
Por los años del señor, los famosos veintes del siglo pasado, uno de los panaderos de renombre, que se curtió en la leña y la harina, fue el señor José Prado Valdez, mejor conocido en su tiempo como el “Puro”, él junto con su esposa, la señora Dolores Quintero Toscano, forjaron dos de los negocios más tradicionales de Amatlán: el Pan y el Chocolate de mesa.
La panadería del “Puro”, primero estaba ubicada en la calle Hidalgo y luego se instaló en su domicilio particular, por la Matamoros esquina Hidalgo. Ahí, rústicamente fue fabricado un gran horno de material con barro, y era calentado con la leña que sabían vender antaño, luego acondicionaron un espacio bastante amplio para la elaboración de todo tipo de pan, en él trabajaron todos sus hijos y varias generaciones de empleados que aprendieron bien este arte. Cabe destacar que esta panadería luego se le llamó la “Victoria”  y de ella salieron grandes maestros del birote y la concha, que luego se regaron por el municipio, las ciudades de Ameca, Guadalajara y hasta Tijuana.
Muy de madrugada, el horno era preparado, los panaderos alistaban la masa batiendo, en una mesa de madera amplia la harina con el agua y los demás ingredientes para preparar todo tipo de pan. Salía calientito, humeante y con un olor inigualable, ya que los productos que se utilizaban eran de origen natural y de primera.
Vicente, José, Francisco y Salvador hijos del “Puro”, junto con Oscar Meza y Galencho, acomodaban los birotes en la ruedas de carrizo, para luego repartirlas en los abarrotes de este caluroso pueblo.
Mas tarde cuando la jornada había terminado, los niños iban para que les regalaran los recortes que salían del pan.
Mientras tanto, el chocolate de mesa ya tradicional elaborado por doña Lola, esposa de José Prado, era preparado con delicadeza y ritualmente molidos los granos de cacao, esto se viene haciendo desde 1927.
Hoy las cosas han cambiado, la tecnología ha entrado al quite, para alivianar el trabajo tan duro, que era antes, pero el sabor se conserva con recelo.
Además, del Pan del “Puro”, que fue uno de los pioneros y grandes maestros en el arte de la harina procesada, se encontraban las de don José “el Viejito”; del “Diablo”, del “Chorruco”, que todavía se  trabaja; la de Honorio; y la de Eduardo Luna, nieto del “Puro” es quien tiene la “Victoria”.
No se nos olvide, que en estos tiempos de la dieta y la moda de estar delgados, comiendo menos calorías, los panaderos y galleteros ingresaron al mercado, varios productos elaborados aquí. El “Babi”, que fue unos de los pioneros en la fabricación de galletas de salvado y avena; qué me dicen de los que fabrica la señora Olga Lidia García, como las galletas de cacahuate, avena, nuez, de horno y varias más.
Pero, enseguida del pan, están también los dulces de leche comúnmente llamados por aquí “huesitos”; me acuerdo que la señora Chuy Peña, los fabricaba; las hermanas Pinzón, que una de ellas tiene la industria en grande, junto con la elaboración de tamales colados, ella es Zenaida.
La apicultura, es dada también en grandes cantidades. Lucio Tovar y después sus hijos; hoy el ingeniero Raúl Parra, vende una de las mieles de abeja mejores de la región sur del Estado.
Con tanto sabor, recordé que por los años setentas, con el programa del INPI, y el DIF, se repartían en todo el país productos alimenticios de calidad, Amatlán no salió de este esquema y a toda la niñez, que se formaba para comprarla adquiría por unos centavos, los deliciosos mazapanes de leche,  los hubo de chocolate y vainilla, ese olor de la leche en polvo fue muy característico en mi infancia.
Se nos olvidaban las empanadas que cada mañana, elabora y reparte Arminda  Aguayo, sin dejar pasar también que ella es una de las reposteras por excelencia, junto con “Meli” la de “Murío” y Meredith Álvarez, quienes fabrican los pasteles y roscas más buenos de valle amatlense.
Ya para terminarnos la coca cola, le pedimos a doña Irene Prado, que nos muestre las fotografías colocadas sobre la pared, de las panorámicas del pueblo y de paso comprarle unos libros y folletos de Amatlán que además vende ahí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Saludos a Oscar y a su Hermano Juan Carlos Luna Prado.

E. Gonzalez

Anónimo dijo...

Hola que tal, me da mucho gusto haber dado con este blog!!
Estoy realizando mi tesis acerca del rediseño de empaque de productos nayaritas, y di con esta fabrica de chocolate, la cual probé y me quede encantada, me agradaría mucho que me dieran mas información para mi investigación, soy de la Univesidad del Valle. Situada en Tepic Nay.
Muchas gracias y excelente nota. un saludo