sábado, 29 de agosto de 2026

DE CHILE, DE DULCE Y DE MANTECA

 


Nixon y Kruschov

 DE CHILE, DE DULCE Y DE MANTECA

Por: José Ricardo Morales y Sánchez Hidalgo

DE CHILE: Allá por el año de 1959, el entonces vicepresidente de Estados Unidos, el asesino Richard Nixon, tuvo un encuentro con Nikita Krushchov, líder de la extinta Unión Soviética y no menos canalla que aquel. Cuentan las crónicas que en una casa modelo de aquella lejana nación comunista, iniciaron en la cocina, un serio debate sobre las diferencias entre el capitalismo gringo y el comunismo soviético. En un punto de la charla, Don Nikita le expresó a Nixon: "Si el pueblo cree que hay un río invisible allá afuera, no les digas que no hay ningún río. Constrúyeles un puente invisible sobre el río invisible"

En este México nuestro, las cosas —y me refiero a los ríos y puentes invisibles— suceden cosas muy similares. El gobierno “cuatrotero” que padecemos, nos ha puesto a todos los mexicanos en dos polos opuestos: uno, donde nos hallamos cada día más —me cuento entre ellos—, los que no nos tragamos los cuentos perversos del actual presidente, dueño de “La Chingada”, su excelentísima majestad Andrés Manuel López Obrador, así como su “copresidenta” —igualito que en Nicaragua— la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo. A este grupo lo han llenado de toda clase de adjetivos que, según ellos, son despreciables: “fifís”, “neoliberales”, “conservadores”, “prianistas”, “ultraderechistas”, “traidores a la patria”, “chayoteros” y otras lindezas. 


En el otro polo, se hallan aquellos que son fieles y hasta rabiosos defensores de la mítica “cuarta transformación”, les llaman “pueblo sabio y bueno” y, como además reciben sus centavitos de manera al menos bimestral, defienden a los dos mandatarios —la de palacio nacional y el de Palenque— al grado de convertir al régimen en una secta, donde el líder se eleva a la categoría de Dios Bendito, ligeramente arribita de Joaquín Nasón, conocido santón. Hablamos ya, de que estamos en medio de un dogma de fe. 


Y no creo equivocarme, porque estos últimos son los que imaginan ríos invisibles y ruegan a la autoridad les construya puentes invisibles. Estos existen, pero con otros nombres: AIFA, Tren Maya, refinería de Dos Bocas, proyecto Islas Marías, Tren Ístmico, Megafarmacia, Mexicana de Aviación, Gas Bienestar, Vacuna Patria, Litio Mx, y otras ocurrencias menores. Súmele amable amigo lector los cuentos —también invisibles— del fin de la corrupción, de la austeridad republicana, de la bonanza económica, del mejor sistema de salud del mundo, de la drástica reducción de la inseguridad, las alegres estadísticas de cualquier cosa perfectamente maquilladas. Y, lo peor, es que todos esos “puentes invisibles” se llevan una enorme tajada del presupuesto, subsidiando su fracaso.


Una de las cosas que siempre he dicho es que México es un país maravilloso e inmensamente rico. En la primaria nos enseñaban que el territorio nacional tenía forma de “cuerno de la abundancia”. La mitología griega cuenta que el bebé Zeus fue criado en secreto y amamantado por una cabra llamada Amaltea. Un día, mientras jugaba, Zeus le rompió accidentalmente uno de sus cuernos. Para compensar a Amaltea, el dios le otorgó al cuerno el poder mágico de conceder milagrosamente comida, bebida y riquezas infinitas a quien lo poseyera, por ello, este siempre se representa como un recipiente, precisamente con forma de cuerno curvo que se ensancha y desborda de frutas, flores, granos, monedas y toda clase de bienes. Así es México, tiene de todo, pero lo malo es que, desde siempre, sus gobernantes han querido vaciar los bienes del famoso cuerno, pero este es tan abundante, que esos malditos hijos de Chencha, no se lo han podido acabar.

                                     


LÁZARO CÁRDENAS Y PLUTARCO ELÍAS CALLES
                                                       

DE DULCE: Quiero creer, y deseo con todo fervor que así sea; que ante la crisis por la que está pasando la pobre señora presidenta de este país, se acerca el momento del rompimiento definitivo con Palenque. Es cosa de ver las demacradas facciones de Doña Claudia, se ve que no duerme, los ojos se le quieren salir de sus órbitas y lagrimean; está hasta el copete de defender todos los malditos días, en vivo, a todo color y de frontera a frontera a tanto gañán impresentable como Rocha, Andy, Adán Augusto, Inzunza, Noroña, los ministros de la corte, Layda y, otras alimañas. Los casos del huachicol, el caos que es Sinaloa, el crimen organizado, la falta de dinero que se pierde por sostener las obras faraónicas de Keops López Obrador, la tremenda presión del burro naranja trump (siempre con minúsculas), entre otras minucias, traen a la Doctora con la cabeza en otro mundo y a diario una nueva arruga surca su macilento rostro. 

Hasta el día domingo, “la prasadanta con A”, lleva en el poder un año, diez meses y 29 días; es decir, lleva gobernando 698 días, en los que ya debió conocer bien a bien, quien está con ella en el gabinete, cuáles gobernadores la apoyan. En las cámaras, ya sabe quiénes son los leales y los que miran al sur; pero sobre todo, qué generales, almirantes y mandos superiores del ejército, la marina y la guardia nacional están con ella. 

Esto me viene a la mente, luego de un comentario que hice en la radio sobre el fin del “Maximato” de Plutarco Elías Calles, que duró de 1928 a 1934, cuando el llamado “Jefe Máximo de la Revolución” mangoneó y utilizó como marionetas a los presidentes Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez. Calles quiso manipular del mismo modo al General Lázaro Cárdenas, hombre de mucha dignidad y pundonor, quien no se le puso de pechito al “jefe de jefes” y, luego de agobiantes 495 días como mandatario, el “Tata” Lázaro, tuvo los arrestos suficientes para comenzar a poner orden en la casa. 

Primero hizo algo muy inteligente: se ganó a los campesinos —en esos momentos todavía enojados porque la revolución no les había hecho justicia— ya que repartió casi 18 millones de hectáreas; lo mismo hizo con la clase obrera y trabajadora, puesto que apoyó en gran manera a ese sector y se puso del lado de los huelguistas que aparecieron. De hecho, la CTM (trabajadores) y la CNC (campesina) nacen con Cárdenas. 

Segundo, quitó el control del ejército cambiando de lugar a los altos mandos que comandaban territorios estratégicos en el país, desmembrando poco a poco a la hidra militar. En 1935, luego de fuertes críticas que hizo Calles del cardenismo, el presidente michoacano, solicitó la renuncia en bloque de todo el gabinete —esencialmente callista— para reemplazarlo por gente de su entera confianza. También hubo un grupo de legisladores que intentaron boicotear las leyes e iniciativas del ejecutivo y Cárdenas les suprimió el fuero y los removió de sus curules. Asimismo, desapareció los poderes en entidades donde mandaban gobernadores afines a Don Plutarco, reemplazándoles con funcionarios interinos. Así Cárdenas, llevó a cabo una revolución burocrática y para no dejar ninguna duda, la madrugada del 10 de abril de 1936, envió a una leal partida militar a casa del Plutarco Elías Calles, quien, en cama, con gripe y leyendo “Mi Lucha” de Hitler, fue invitado, estando aún en piyama, a subir a un carro el cual lo llevó al aeropuerto donde ya lo esperaban tres de sus más cercanos contlapaches. A los cuatro los treparon al avión que los llevó directito a Brownsville, Texas, donde lo dejaron como perritos abandonados. Santo remedio, se acabó el Maximato, que hoy, desgraciadamente se viene repitiendo.

 


DE MANTECA: ¡109 años se dice fácil! Pero no lo son. Hablamos de 39,785 días que hubo que reportear, 954 mil 840 horas de sucesos, muchos de ellos que quedaron plasmados en las páginas del hasta hoy cuarto periódico más antiguo del país. “El Eco”, como lo conocemos en Acaponeta, nace el 26 de agosto del ya lejano año de 1917, en medio de una revolución y fuertes enfrentamientos entre los grupos en pugna aquí en México y una guerra mundial —la primera—. 

En ese año nacen también la actual Constitución, hoy ampliamente violada por los diferentes gobiernos; y el Estado de Nayarit. Los cinco periódicos más antiguos del país, aún en circulación son: “El Dictamen” de Veracruz, aunque suele haber debates sobre cambios por diversos periodos de interrupción en su circulación; fue fundado originalmente en 1898 por Francisco Malpica y Silva se consolidó formalmente en su formato moderno a principios del siglo XX, manteniéndose activo hasta el día de hoy como uno de los pilares de la prensa en el puerto jarocho con 128 años de edad. Le sigue “El Universal” cercano a Acaponeta, ya que su propietario el Lic. Juan Francisco Ealy Ortiz, está casado con la acaponetense Perla Díaz Tejeda y de manera más o menos regular visita esta tierra. Fue fundado hace ya 110 años en la Ciudad de México el 1 de octubre de 1916 por Félix Fulgencio Palavicini. 

El tercer puesto lo ocupa “Excélsior”, que salió a la venta por primera vez en la Ciudad de México y su fundador fue el periodista Rafael Alducin. Viene en cuarto sitio nuestro —porque es de todos los acaponetenses— “El Eco de Nayarit”, fundado en agosto de 1917 por el Señor Manuel Sánchez Hidalgo Villalobos, orgullosamente mi abuelo, quien lo tuvo hasta el año de 1933, cuando lo vendió a un gran amigo de él, que fue el empresario, ex gobernador de Nayarit y ex presidente municipal, Don Federico R. Corona. Como curiosidad diré que el quinto más antiguo es “El Informador” de Guadalajara, también de 1917 pero de octubre.

Ya desde octubre de 1928, mi abuelo quiso vender el periódico pues tenía miras de dejar  Acaponeta, para darle estudios a sus hijos en lugares donde podrían acceder a niveles de secundaria, bachillerato y más, que aquí en el pueblo no existían. Estuvo a punto de concretarse una venta con gente de Sinaloa, pero al final no se hizo. Don Manuel explicó esa circunstancia a sus lectores y expresó que el periódico de iba a modernizar, tendrían nuevos tipos para la impresión y que tenía personal suficiente y confiable para sacar adelante el periódico, mencionando en especial al joven Martín M. Sáizar. 

Cinco años después de esa nota, se realizó el cambio de propietario del periódico y, Don Federico Corona se llevó también a Martín, quien se especializaba en la crónica deportiva. Yo calculo que el Señor Corona tuvo a El Eco por lo menos un par de años, y que siendo una persona muy ocupada y con diversos negocios que atender, dejaba al frente de la publicación a Martín que, con el tiempo se hizo del periódico, el cual dirigió hasta 1970 cuando puso al frente a su hijo Rodolfo Antonio Sáizar Quintero, mi inolvidable y querido maestro del periodismo, el cual nos dejó en marzo de 2008, quedando al frente su hijo el estimado Lic. Antonio Sáizar Guerrero, manteniendo esta tradición y, por qué no, un referente cultural y social de nuestro pueblo en una convivencia que, supera por mucho, el siglo de vida. ¡Enhorabuena, larga vida a este medio de comunicación de la zona norte del Estado y hay que celebrar en grande el 110 aniversario! ...¡Salud, amables amigos!