martes, 4 de enero de 2011

CARTA A DIEGO DE TARSO, APÓSTOL DE LOS FARSANTES


Estimado señor Fernández de Cevallos:

hace casi 2000 años, camino a Damasco un hombre como usted, respirando amenazas y asesinato, se encontró con una luz que del cielo fulguró. En medio de esa luz una voz le preguntó: “Saulo, Saulo, ¿por qué me estás persiguiendo?”. Esa luz lo hizo recapacitar y después de tres días de ayuno y ceguera se convirtió al cristianismo, siendo conocido después como el apóstol Pablo, un gran misionero.
El día de hoy regresa usted, con el cabello cortado de estilista y la barba de pordiosero, queriendo que creamos que una luz fulguró por siete meses en su camino y que logró su conversión; una luz del cielo que lo ha transformado.
Pero transformarlo de qué. ¿Quién era usted antes de que esa luz lo transformara? No lo voy a decir yo, sólo anotaré lo que de usted piensan sus supuestos secuestradores y una gran parte de los mexicanos; para ellos era usted “operador de la oligarquía neoliberal y de la ultraderecha fundamentalista, traficante de influencias, mercenario de los juzgados, legislador a sueldo, rentista de la crisis y defensor de los grandes capos de la droga”. No es poca cosa. Al apóstol Pablo le bastaron tres días de ayuno y ceguera para lograr su conversión, a usted le tomaron más de siete meses en “cautiverio”.
Pero no creo que se haya transformado. Antes bien, regresa usted con ese mismo gesto arrogante, con esa displicencia hacia lo correcto, con su actitud de perdona vidas que ya nadie le aguanta; regresa usted bendiciendo a Dios, como si Dios requiriera que usted lo bendijese. Regresa citando al Quijote para que creamos que, como el hombre de la Mancha, usted se dedicará de ahora en adelante a “desfacer entuertos, a defender viudas y socorrer huérfanos”. Regresa usted, “magnánimo apóstol Diego”, perdonando a sus captores y reivindicando causas justas como el de la señora Marisela Escobedo asesinada en Ciudad Juárez y todo porque dice haberse comprometido con sus captores a luchar por un México más justo.
Sí, seguramente lo dejaron salir por eso. Los treinta millones de pesos sólo fueron la propina por siete meses de cursos intensivos de justicia.
Y luego esa exclusividad a Televisa, a López Dóriga, que se bañó de más fama al ser el primero en dar la noticia de su liberación; que por cierto no sucedió el día 20 o 21 de diciembre sino muchos días antes. Ya nos extrañaba que llegara usted tan repuesto, manejando su Mercedes Benz de manera tan imprudente, protagonizando un show mediático en el que se presentaba como un hombre fuerte, muy fuerte, un sobreviviente. Claro, se presentó desparasitado, con una limpieza bucal, curado de sus heridas, el cabello alisado, pero la barba descuidada para que todo mundo creyera en su cautiverio. Regresó romántico, porque según el guión lo primero que debía hacer después de la entrevista banquetera era visitar a su amada, quien al según se llevó la gran sorpresa al enterarse de su liberación; pero usted ya andaba suelto desde hacía más de una semana. ¿Quién le organizó todo este show, Genaro García Luna, especialista en esta clase de montajes? Sólo faltó que lo llevaran a la Basílica para darle las gracias a la “morenita del Tepeyac”.
Mentira, pura farsa, siete meses en cautiverio no bastarían para convertirlo en un buen hombre; ni siete años en el infierno bastarían, ni setenta y siete. Usted no puede ser corregido porque, como la antítesis del rey Midas, todo lo que toca lo convierte en mierda. Es su esencia, la del escorpión que no puede dejar de picar e inocular su ponzoña, la de la serpiente que no puede dejar de arrastrarse, la de la hiena que no puede dejar de reírse mientras devora la carroña.
Pero lo intenta, intenta con esta farsa hacernos creer que ha cambiado, intenta porque en este país de surrealismos todo puede pasar. Si un hombre como Marcial Maciel, considerado santo se transformó en un demonio de un día a otro, por qué un demonio como usted no habría de transformarse en santo.
¿Ahora que sigue? ¿Irá usted como el apóstol Pablo desde Tarsis hasta Persépolis predicando las buenas nuevas del evangelio del PAN? ¿Viajará desde Mérida hasta Tijuana formando congregaciones del Yunque, compartiendo la luz que lo encegueció, que lo convirtió de cabra en cordero? ¿Escribirá epístolas a sus congregaciones, padecerá el odio de los romanos, naufragará en Chipre, será decapitado por órdenes de Nerón?
Farsante.
Sí, farsante. No se crea que todos nos tragamos su cuento. Usted no es un sobreviviente, usted es un opresor. Usted seguirá siendo el mismo Diego Fernández de Cevallos que desde finales de los ochentas ha estado sumiendo a este país en la miseria y en la ignorancia.
Farsante, igual que su vocero López Dóriga quien aseguraba tener la primicia sobre su liberación y que en la entrevista apócrifa que le hiciera sólo se limitó a seguir el guión ya trazado.
Farsante, usted no es ningún Quijote y no regresa para hacer el bien, no nos venga con eso de que tiene un compromiso con los pobres; el único compromiso que tiene es con usted mismo y con los hombres del poder, culpables de las constantes crisis de este país.
Farsante, es cierto, si usted fuera apóstol sólo sería el apóstol de los farsantes.
Farsante.

Armando Ortiz

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