jueves, 21 de marzo de 2013

ANTROPONOTAS: EL NAYARIT DE TODOS


Por: Antrop. Raúl Andrés Méndez Lugo
El estado de Nayarit es inmensamente rico en manifestaciones culturales y artísticas, cuenta con sitios arqueológicos con antigüedad que data desde hace 5000 años A.C., como es el caso de los concheros del estero de Teacapán en Tecuala, las marismas de San Blas y Mexcaltitán, las aldeas prehispánicas de la costa de Chila en Compostela y Punta de Mita, en Bahía de Banderas. Pero no sólo eso, arqueológicamente contamos con el arte rupestre más impresionante del occidente de México, como es el santuario de petroglifos de Altavista en Compostela, el Cerro de Coamiles en Tuxpan y la Pila de los Monos en Acaponeta y Huajicori. En cuanto a ciudades y centros ceremoniales se tienen documentados Los Toriles de Ixtlán del Río, Amapa en Santiago Ixcuintla, Chacalilla en San Blas, Malinal en Bahía de Banderas, El Mosco en Ruiz y Coamiles en Tuxpan.


 
Por otra parte, el patrimonio histórico arquitectónico es tan amplio en Nayarit, que no existe ninguna región sin la presencia de él; templos, haciendas, trapiches, acueductos, ex fábricas textiles, plantas hidroeléctricas, casonas habitación, monumentos funerarios, etc. Actualmente se tienen catalogados cerca de 1500 monumentos históricos en todo el estado, destacando Jala, Ixtlán del Río, Ahuacatlán, La Yesca, Santiago Ixcuintla, Amatlán de Cañas, Acaponeta, Rosamorada, entre otros.
Los pueblos y manifestaciones culturales indígenas de tepehuanos, huicholes, coras y mexicaneros constituye, sin duda, nuestro “Nayarit Profundo”, es decir, de donde provienen nuestras raíces que nos dan singularidad, la esencia de “bronce” de nuestra identidad regional. Estos pueblos por lo general se encuentran enclavados en contextos naturales cuyos paisajes son extremadamente bellos y ricos en biodiversidad, tales son los casos de las comunidades coras de Santa Teresa, Mesa del Nayar, Jesús María, San Juan Peyotán y Dolores, entre muchas otras; también tenemos comunidades huicholas que pertenecen al embalse de la presa de Aguamilpa como es el caso de Zapote de Picachos o Guadalupe Ocotán en el municipio de La Yesca; con relación a los tepehuanos del sur podemos mencionar las comunidades de San Andrés Milpillas y Quiviquinta, pertenecientes al municipio de Huajicori; y, por último, tenemos la comunidad de Santa Cruz de Acaponeta, donde habitan los mexicaneros.


Además de la riqueza arqueológica, histórica y etnológica de nuestro estado, existen manifestaciones culturales y artísticas sumamente importantes, dignas de contemplarlas en nuestro proyecto, como es la variada y riquísima gastronomía popular nayarita, tanto la que se prepara en la costa a base de mariscos, como la propia de los valles y el altiplano, sin olvidar la importancia que tienen los platillos y bebidas pertenecientes a la región de la Sierra Madre Occidental y otras regiones del sur o suroeste del estado, como es el caso de Amatlán de Cañas, la meseta de Juanacatlán de Jala o la Sierra de Vallejo de Compostela y Bahía de Banderas.
Por último, tenemos la gran diversidad de las artes populares, las fiestas y las tradiciones de casi todos los pueblos de Nayarit, como son los 28 rubros artesanales que hemos registrado en nuestro estado, tanto en comunidades mestizas como indígenas, destacando los trabajos de estambre y chaquira de los huicholes, los textiles coras, la cestería y muebles de Jala, la alfarería de Ixtlán del Río, los trabajos en concha de la costa, el tallado en piedra y madera, la herrería artística, entre otras; las fiestas patronales, ferias, peregrinaciones religiosas, bailes populares, juegos florales, aniversarios de fundación de pueblos y ejidos, festivales y conmemoraciones de personajes ilustres y acontecimientos históricos, entre estas fiestas y tradiciones podemos mencionar las fiestas de San Francisco de Asís de Ahuacatlán, las de San Pedro y San Pablo en Mexcaltitán, la de la Virgen de la Candelaria en Huajicori, la de la Virgen de Guadalupe en el Pichón y en el barrio del Santuario de Tepic; la semana santa y las pachitas en las comunidades coras, las fiestas patrias en Ixtlán del Río, la del Señor de la Misericordia en Compostela, la del Señor de la Ascensión en Santiago ixcuintla, la conmemoración de la Huelga Obrera de Bellavista o el aniversario luctuoso de El Tigre de Álica Manuel Lozada, la peregrinación a Wiricuta (Real de Catorce, SLP) y a Aramara (San Blas) de las comunidades huicholas; los Festivales Culturales de Acaponeta y de Bahía de Banderas; los festivales culturales Amado Nervo y el Internacional de la Danza, en la ciudad de Tepic, en fin, sería interminable por esta ocasión mencionar todas las manifestaciones que forman parte de la identidad cultural de los nayaritas, pero es importante darnos una idea de que este patrimonio es parte fundamental del desarrollo integral de nuestro estado, ahora lo que se necesita es valorar y potenciar dicho patrimonio y manifestaciones culturales a través de una política cultural y artística de tipo popular, democrática y al servicio del pueblo, que tenga como prioridad formar promotores profesionales, verdaderos militantes de la revolución cultural que todo pueblo o nación requiere en estos momentos, revolución que sólo es posible con la organización de las comunidades, revolución que debe concebir a la educación como el elemento fundamental para propiciar las transformaciones que quedaron pendientes después de los movimientos sociales de 1810 y 1910, doscientos años de construir una nación que quiere ser libre, soberana y democrática, justa e igualitaria. Por eso, es necesario decir ¡SI SE PUEDE!, pues requerimos construir el México y el Nayarit de nuestros hijos, nietos y descendiente, con el patrimonio más importante que nos queda todavía, ¡LA SOLIDARIDAD Y LA CONCIENCIA DE QUE ESTE MUNDO PUEDE SER MEJOR!

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