domingo, 6 de septiembre de 2026

DE CHILE, DE DULCE Y DE MANTECA

 


Por: José Ricardo Morales y Sánchez Hidalgo

DE CHILE:  Los informes de gobierno, siempre han sido en México, no importando el color del presidente de la República en turno, nada más que una pasada del dedo presidencial, impositivo y todopoderoso, por el hocico de todos los mexicanos que religiosamente pagamos impuestos; o lo que es lo mismo “atole con el dedo”. Desde que su servidor se acuerda de los informes presidenciables —y creo que el primero que vi y escuché fue el de Gustavo Díaz Ordaz, cuando se hizo responsable de los hechos de octubre de 1968—, todos llenos de aplausos, vítores y felicitaciones por parte del “respetable” (secretarios de estado, diputados federales, senadores, gobernadores, empresarios, gente de las religiones, embajadores e invitados especiales, todos menos el pueblo al que se deben) participan del besamanos anual y aclaman con muchas palmas ignominiosas, una larga sarta de mentiras y la visión onírica de un país muy lejano a la realidad. 

Antes se decía —y aplica para estos tiempos— es “el día del presidente”. Bajo diferentes formatos, estos informes sobre “el estado que guarda la nación”, solo sirven para que el mandatario en turno, engañe al pueblo y se engañe a sí mismo —eso es lo peor— en medio de la celebración y la lisonja hipócrita de sus invitados, luciéndose siempre como el “mero nalga” del país, el ser humano perfecto, que nunca se equivoca y menos acepta que se lo digan. 


GUSTAVO DÍAZ ORDAZ

No veo diferencia entre aquel discurso de GDO de 1968, al de Claudia Sheinbaum de esta semana, 58 años después. La constante es la mentira y tienen en común la demagogia y el engaño al pueblo —en todos los tiempos ha existido el “pueblo sabio y bueno”—. Antes, a todo lujo y en la cámara de diputados, donde el mandatario imperial entraba, con mucho garbo, soberbia y saludando a diestra y siniestra a los cientos de manos, deseosas del toque milagroso del supremo mandamás en turno, lo mismo, los viejos del ayer como Abelardo L. Rodríguez, representando al Partido Nacional Revolucionario (abuelo del actual PRI) y quien ha tenido el informe de gobierno más largo en la historia de México, con un tiempo récord de ¡siete horas y 35 minutos!; o bien el PRI ya más “moderno”, pero no por ello, menos sinvergüenza, como Miguel Alemán o Adolfo Ruiz Cortines, que del PRI más contemporáneo, como el del mesiánico Luis Echeverría, también con discursos enormes y mega aburridos que nos teníamos que zampar “a la de a Wilbur”, porque se transmitía en cadena nacional en todas las estaciones de radio y los pocos canales de televisión que existían, hasta los frívolos de Peña Nieto. Pasando por la “docena trágica” del panismo, donde la oposición —hoy en el gobierno— hacían soberano escándalo y hasta cerraban las puertas del recinto como le sucedió a Felipe Calderón, hoy el enemigo público número uno del obradorato.

Para “la prasadanta con A”, México es maravilloso, un país en jauja, donde el crimen organizado y los asesinatos van siempre a la baja, donde la economía es digna de bonanza y los mexicanos vivimos felices, en un edén del campo agrícola productivo o el Shangri-La de hospitales eficientísimos que ya los quisieran en Dinamarca. En Claudilandia no existe la corrupción y la impunidad hace años se fueron de este mundo. Ella, al igual que su creador, el que se esconde en “La Chingada”, quien nos tenía viviendo en Pejelandia, nos muestran un mundo, que se derrumba fácilmente frente a una señora imbatible: “Doña Realidad”.


Créanme que siento mucho decir que ni una sola palabra le creí a la Dra. Claudia Sheinbaum, y me duele porque soy, y a mucha honra mexicano que ama a su patria. Lo único que sí me pareció real —aunque ella ahora lo niega y hasta se burla— es ver a una mandataria desencajada, con el rostro macilento, los ojos saltones y llorosos, a veces secos y sin vida; cada día una arruga nueva en su palmito; el porte decaído, débil. Corrió el rumor que antes del informe —que más que informe fue simplemente un mensaje a sus "cuatachos"— se puso muy mal, que nada bien se sentía y que incluso estuvo a punto de suspender el acto. La convencieron de lo contrario, seguramente advirtiéndole el costo político. 

Yo la entiendo, pienso que esa pobre mujer no duerme, ni come bien, atrapada como está entre el asno naranja estadounidense donald trump (siempre con minúsculas); el otro burro, este en Palenque; los capos y trúhanes del crimen organizado, encabezado por alimañas ponzoñosas como Rocha Moya, Enrique Inzunza, Adán Augusto, Marina del Pilar y otras cucarachas; la presión que viene generando entre aliados y opositores, la próxima elección del 2027, y, lo peor, tener que salir todos los días en las inanes mañaneras a defender cabrones sin escrúpulos como “los hijitos de papi”: José Ramón, Andy, Bobby y hasta Chocoflán; pillos y nacos nuevos ricos como “Lloroña”, Mario Delgado, Rocío Nahle, Amílcar Olán, Sergio Gutiérrez, Layda Sansores, Mara Lezama o la familia Monreal. 

El célebre escritor y político español José Martínez Ruiz, “Azorín” detallaba la regla de la fortaleza y equilibrio en la grilla: «El buen político cultiva la fortaleza física con hábitos saludables, porque entiende que un cuerpo fuerte respalda una mente lúcida». Con todas esas broncas, me queda claro que Claudia Sheinbaum Pardo, va a la baja en su salud y en su actuar.

                         


DE DULCE: En vísperas de la discusión del presupuesto, que siempre es un “despapaye chido y bonito”, en un país que mucho espera que los dineros que se reparten a todos los ámbitos de gobierno les llegué a todos y en abundancia, la realidad es que nunca son suficientes. Detrás de todo eso, ya de por sí un camino complicadísimo y lleno de espinas, aparecen  en un recodo del camino, como un dragón voraz y amenazante, las obras faraónicas y caprichos del Macuspano personaje por todos conocido como el “Peje”, ocurrencias malditas de un legado aún más perverso, que le arrebatan al enclenque presupuesto, una buena rebanada del pastel, convirtiéndose en una sangría enorme a los recursos con los que cuenta la actual mandataria Sheinbaum. 


Veamos: el Tren Maya requiere de apoyo público para su funcionamiento anual, de 30 mil millones de pesos. Este “chucu-chucu” del viejito escondido en Chiapas, pierde cada vez que sale el sol entre 25 y 27 millones de pesos, debido a que genera muy pocos ingresos en comparación con lo que cuesta mantenerlo. Ya desde un principio debimos ver que las cosas iban mal cuando cerraron la información, quesque por motivos de seguridad nacional, pero asesinando a la transparencia y no sabemos bien a bien nada sobre el costo de este lastre enorme que aparte devastó la ecología del lugar; sin embargo, se calcula que “la inversión” total de construcción fue de 550 mil millones de pesos. "Una bicoca".

La refinería “Olmeca” en Dos Bocas, Tabasco, costaría, según nos dijeron al principio muy ufanos, 8 mil millones de dólares, pero —siempre hay un maldito pero— el costo real final fue de 21 mil millones de dólares, casi tres veces más. Lo peor es que la proyección de los “genios cuatroteros”, calcularon una producción 340 mil barriles diarios, y la triste realidad es que solo llega y a duras penas a 141 mil barriles diarios. Eso ocasiona que a Pemex hay que inyectarle 11 mil 900 millones de pesos adicionales del famélico presupuesto.

Otro elefante blanco tirado en la sala es el AIFA: que tuvo un costo original de 75,000 millones de pesos. Pero la realidad dice que la inversión fue de 115,000 millones de pesos, un 53% más. A eso habría que añadir las penalizaciones y costos financieros derivados de la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, que sumó la nada despreciable cifra de 400,000 millones de pesos. Son solo tres ejemplos de muchos, pues también como vampiros chupan recursos fatales, el fallido y hoy sin funciones Tren Interoceánico, Mexicana de Aviación, la Mega Farmaciotota, que continúa jalando dinero sin haber en su interior una sola cajita de medicamentos; el proyecto —en nuestro Nayarit— Islas Marías, entre otros “pulpos chupeteadores”, dijera el gran “Palillo”. Por todo ello, no preguntemos por qué razón a pueblos, como este de Acaponeta, que poco o nada aportan económicamente al país, nos llegan presupuestos miserables y paupérrimos.

 


DE MANTECA: Recientemente tuve la oportunidad de ver la película “La Captura”, la cual es un largometraje mexicano estrenado en Netflix que recrea una crónica del periodista Héctor de Mauleón, sobre la tercera y última detención de Joaquín "El Chapo" Guzmán, ocurrida en enero de 2016 en Los Mochis, Sinaloa. 

Yo recuerdo haber leído esa nota periodística, donde un par de patrulleros, casi casi por accidente, detienen al máximo capo de la droga en esos momentos en México, quien se le peló a la Marina que allanó su casa. Me resultaba sorprendente —tan acostumbrados estamos a la corrupción—, que uno de los policías se quedó solo en un cuarto de hotel de paso donde se refugiaron, con el capo, el cual tenía cientos de millones de pesos, y claro, intentó sobornar al oficial de la ley ofreciéndole millones de bilimbiques, además de amenazarlo de muerte a él y a su familia. 

Hoy, “el chapo” está pudriéndose en una cárcel de Estados Unidos, pues no logró convencer al policía para que lo soltara. ¿Cuántas cosas pasaron por la cabeza de estos dos honestos policías? Solo ellos lo saben y queda al espectador de la película, sacar sus propias conclusiones. 

La recta actitud de esta pareja de servidores públicos, le da esperanzas a México de redimirse de tanto pecado de los funcionarios gubernamentales. Mientras hoy, el país —morenista, pero lo mismo sucedió cuando el poder estaba en manos del PRI o del PAN, dejando claro que los políticos, del color que sean son un asco— nada en el estiércol de la corrupción, la impunidad, la soberbia, la avaricia y la terrible sed de poder, la imagen de este par de mexicanos es ejemplar y debemos tenerlos en mente, ya que mientras sonados delincuentes gozan de impunidad, poder y continúa traicionando al país, mientras otras lacras como ellos, lacayos y lamebotas les gritan idioteces como ¡No estás solo!, perdidos entre tanta porquería, salta gente honorable y con dignidad…¿y sabe qué, amable lector? Somos mayoría… ¡Salud amigos!