domingo, 20 de agosto de 2023

FUNDACIÓN DE TEPIC COMO LA PRIMERA COMPOSTELA Y PRIMERA CAPITAL DEL REINO DE NUEVA GALICIA

 


Por: Raúl A. Méndez-Lugo.

Encargado del Programa de Desarrollo Cultural Municipal del CECAN, Presidente de La Crónica de Nayarit A.C. y Coordinador de la Red de Ecomuseos de Nayarit, ONG Comunitaria.

FUNDACION DE TEPIC COMO LA PRIMERA COMPOSTELA Y PRIMERA CAPITAL DEL REINO DE LA NUEVA GALICIA, POR NUÑO BELTRAN DE GUZMAN, 1531-1532.

Nuño Beltrán de Guzmán impuso el nombre de "Conquista del Espíritu Santo de la Mayor España" a los territorios explorados y conquistados por él.


NUÑO BELTRÁN DE GUZMÁN


Se tiene registrado, así lo menciona el Historiador Salvador Gutiérrez Contreras, que entre el 17 y 24 de noviembre de 1531, Nuño de Guzmán, fundó la Villa del Espíritu Santo de la Mayor España en donde ya existía un antiguo pueblo que los nativos habían bautizado como Tepique (Tepic), que en lengua náhuatl significaba "Lugar entre cerros" o "Lugar de piedras duras o macizas". Sin embargo, la autoridad que gobernaba (Emperatriz Isabel de Portugal) por ausencia de su esposo el Emperador Carlos I de España y Carlos V de Alemania, no estuvo conforme, por lo que por medio de una Carta Otorgada, emitida en Ocaña, España, el 25 de enero de 1531, ordenó que se nombrara al territorio conquistado como "Reino de la Nueva Galicia" y se fundase una ciudad con el nombre de "Santiago de Galicia de Compostela" como capital.


HISTORIADOR DON SALVADOR GUTIÉRREZ CONTRERAS

Para cumplir con dicha carta, Nuño de Guzmán fundó el primer asentamiento hispano de Nayarit en la actual ciudad de Tepic, el 25 de julio de 1532, día de Santiago Apóstol, relatando Fray Antonio
Tello en su Crónica Miscelánea que dicha fundación de la primera capital del reino de la Nueva Galicia, se llevó a cabo durante cuatro días con grandes ceremonias solemnes y festivas, quedando la descripción de la siguiente manera:



"Después de colocar un crucifijo y una imagen de la Virgen en el templo, se hizo el juramento de no desamparar la ciudad y se dijo la misa de acción de gracias. Se procedió a la división y repartición de solares entre los vecinos, y en seguida “el Gobernador, los de a caballo e infantería se pusieron en forma de escuadrón que va marchando a pelear con sus enemigos, al son de tambores y pífanos, tendidos los estandartes y enarbolado el real con las armas de la ciudad de Compostela de nuestra España. Al ruido de mosquetes, arcabuces y tiros de frusilera resplandecían los arneses, lozaneábanse y hacían visos las plumas con el aire; los caballos enjaezados y encubertados con caireles de seda y oro, se iban engrifando, y todos iban apellidando a Santiago y al rey de Castilla. Pregonándose las mercedes que Su Magestad hacía a aquella ciudad y reino con título de Nueva Galicia y Compostela... Los indios, con grandes voces y algazaras, abrieron los bosques, y saliendo los animales por las calles y casas, los corrían y flechaban".
"En la plaza estaba un tablado capacísimo donde se colocó por el gobernador el estandarte real y los alcaldes y regidores de la nueva ciudad, para tomar posesión de su oficio entregando a los vecinos sus solares. Acabados estos actos hubo una salva de mosquetería, y los infantes hicieron con los indios bizarros acometimientos".
"El 24 de julio, arregladas las calles primorosamente y vestidos los españoles con las más ricas y vistosas ropas que tenían, se reunieron en las casas de cabildo donde se había colocado el estandarte real sobre un tablado y subiendo a él el licenciado don Nuño Beltrán de Guzmán, vestido de terciopelo carmesí armado de punta en blanco, se le entregó el estandarte haciendo antes una genuflección, y lo tremoló tres veces gritando ¡Viva nuestro señor don Carlos Rey de Castilla y Nueva Galicia! y cada vez disparaban todos la artillería y los indios levantaban la voz” (Tello: Crónica Miscelánea t. II).
"Durante toda la noche se veló el pendón y el 25 de julio se llevó al templo al “glorioso Santiago”, haciendo juramento de sacarlo cada año y recibiéndolo como patrón de la ciudad. De allí se encaminaron a las Casas de Cabildo donde se tomó posesión de la ciudad tremolando el pendón y disparando toda la artillera y tocando la música, cajas y trompetas, y luego la justicia y regimiento pronunciaron un auto. Al siguiente día se hizo la lista de vecinos, que fueron 100 castellanos". (Enciclopedia de México, 14 tomos, Edición 2004, encontrado con el término "Nayarit", sección Historia).



Se dice que a causa de la hostilidad de los nativos, en 1540 la capital se trasladó al valle de la actual Ciudad de Compostela.
La conquista de la Nueva Galicia abrió el camino a las exploraciones posteriores del noroeste de México. Nuño de Guzmán exploró y conquistó en siete años casi la tercera parte de México.
Su gran empresa estuvo siempre bañada en sangre, las quejas fueron tantas que la Corona española resolvió enjuiciarlo y envió al licenciado Diego Pérez de la Torre para investigarlo, quien lo encontró gravemente responsable, le quitó el gobierno de la provincia y lo remitió preso con grilletes a España, donde murió encarcelado en el Castillo de Torrejón de Velasco en marzo de 1544.



sábado, 19 de agosto de 2023

DE CHILE, DE DULCE Y DE MANTECA


 



Por: José Ricardo Morales y Sánchez Hidalgo

DE CHILE: Uno de los grandes males o circunstancias negativas que tienen los gobiernos de Acaponeta —que en realidad es algo que sucede a nivel nacional— es que no hay continuidad de un gobierno a otro. Me explico: cuando el gobierno “X” hace una buena o incluso magnífica obra, el que lo sucede, ya no le da seguimiento. Simplemente lo olvida. 


Más claro con un ejemplo conciso. Durante el gobierno municipal de Malaquías Aguiar Flores, aquí en Acaponeta, se tuvo la buena idea de sanear al arroyo de “La Viejita”, que en verdad estaba contaminado y sufría del embate de la ciudad como padecen todos los ríos o arroyos que atraviesan una zona urbana. Los problemas eran muchos: cárcamos de bombeo que no funcionaban, descargas de aguas negras directas al arroyo, limpieza del talud del arroyo, acordar con los botaneros mayor sanidad, fugas del drenaje, mantenimiento a la laguna de oxidación del rastro, etc. 


Al principio de los trabajos se detectaron unos siete u ocho puntos críticos que poco a poco se fueron solucionando. Al final del trienio, ya se había relacionado y en la gran mayoría de los casos solucionado más de 40, y el resultado fue un arroyo saneado con posibilidades de convertir —si se le daba seguimiento a esta labor— en un bonito paseo y un arroyo sano. Sin embargo, entró el nuevo ayuntamiento encabezado por el finado “Beyto” Arellano y a esa tarea nadie la peló y transcurrieron cuatro años en los que nada se hizo al respecto y el arroyuelo volvió a decaer. 


Ahora, la actual administración municipal vuelve a retomar esa idea, pero lamentablemente es volver a comenzar. Es como si de nuevo se escribiera el Génesis, surgieran otra vez Adán y Eva, así la vida se renueva de cero. ¡Qué lástima y qué tontería! Porque se duplican las erogaciones para esos quehaceres; el esfuerzo hecho, se arroja impunemente a la basura. Todos los candidatos o aspirantes les gritan a los votantes, que México es primero, que tienen a Nayarit como prioridad, que Acaponeta bla, bla, bla. Pero cuando se trata de sumar, se fijan en el color del “adversario”, vienen los malos recuerdos de agravios pasados, lo toman como una oportunidad de revancha y al final, queda como prioridad el partido o los pleitos personales y de un plumazo, echan a la basura lo que hizo el que sale, aunque sea algo muy bueno o trascendental y se olvidan de sus promesas y “buenos deseos”, retrasando el avance y dilapidando recursos. 


Cuando, los que siguen, le dan continuidad a las obras o acciones de gobierno, estas se notan y cobran importancia, así el país, el estado o el municipio avanzan. Recuerdo cuando en Acaponeta, siendo presidente municipal Don José Chávez Rodríguez, el estimado “Joselillo” adoquinó todo alrededor de la plaza “Miguel Hidalgo”, así como la callecita “Gral. Ramón Corona”, obra que todos aplaudimos; los presidentes que siguieron: Enrique Jiménez, Santos Díaz, Efraín Arellano, Saulo Lora, Malaquías Aguiar, creo que también Beyto Arellano y ahora Manuel Salcedo, han ido adoquinando otras calles o avenidas y el rostro de la ciudad cambió. 


Todos dieron seguimiento a una obra de beneficio común. De acuerdo con esto, se me ocurre, que viendo la actual situación en que se encuentra el palacio municipal de Acaponeta, si no en ruinas, sí con un franco deterioro, creo que sería bueno que este gobierno o el que viene, decidieran meterle mano a la vieja casona de la calle Morelos, inmueble que comenzó a construirse en 1903 para ser inaugurada en 1910 con motivo del primer centenario del inicio de la independencia de México. Es decir, ese edificio tiene ya 113 años desde su apertura, y salvo algunas reparaciones menores, no se ha hecho gran labor a su favor. Sabemos que el magro presupuesto que llega al municipio es muy pobre y casi todo se va en sueldos y salarios, por lo que se hace necesario gestionar recursos de otros lados e iniciar un proceso de rehabilitación total y profundo, que requerirá que los futuros ayuntamientos le den seguimiento y se sumen a tan necesaria labor. Dirían en el teatro: ¡primera llamada!


DE DULCE: Marcelo Ebrard Casaubón de un plumazo le quitó lo aburrido y terriblemente tedioso a la campaña que por cierto no es campaña de los candidatos a la presidencia de la república, que no son candidatos y que despectivamente AMLO les llama “corcholatas”. 


El “carnal” Marcelo, saliéndose un poco —o un mucho— del huacal del presidente acusa a la Sheinbaum de acarrear gente, utilizar recursos públicos para su lambiscona campaña y otros actos ilegales que no respetan el acuerdo que les entregó el propio presidente. Esto por supuesto no le va a gustar al dueño de palacio nacional y Ebrard, en estos momentos está en la cuerda floja por meterse abiertamente contra la “delfín” de Andrés Manuel, porque, además, les echó a perder el rollo de la selección de las encuestadoras, lo que puso a Morena de cabeza en tan solo 48 horas. 


Se puede producir un cisma de proporciones catastróficas para el partido del ojitos de sapo pisado, Mario Delgado, lo que vendría a cambiar totalmente el panorama político que hoy se tiene. De hecho, esta semana se presentaron hechos interesantes, como, “la liguilla” del Frente Amplio por México, integrado por esa triada imposible del PRI, PAN y PRD, que dejó tendido en el camino a Enrique de la Madrid. Siento que el pase de Beatriz Paredes, priista connotada de toda la vida, afecta sobre manera a Xóchitl Gálvez, pues eso ocasionará que el tricolor le meta todas las ganas a su finalista, porque finalmente la presidencia es la presidencia y si hay que llevarse entre las patas de los caballos a los demás, ¡venga! y más teniendo un presidente del partido impresentable como es al transa Alito Moreno, quien para salvar un pellejo ya muy comprometido es capaz de sacrificar a la hidalguense y entregar en bandeja de plata a Andrés Manuel, la cabeza de Xóchitl.

 


Ya Paredes Rangel, está mandando mensajes subliminales que son un dardo directo a Xóchitl. El PAN, no sé si en verdad considera a la Gálvez como verdadera panista y se vaya con todo a favor de Santiago Creel, lo que dejaría a la senadora indígena chiflando en la loma. Se puso bueno este reality show, mejor que el bodrio ese de la Casa de los Famosos.



DE MANTECA:  La verdad, me confundieron, me engañaron como al pueblo sabio y bueno. Lo que voy a expresar aquí, lo hago con reservas, porque en realidad no sé si efectivamente es como me lo contaron, sin embargo, por el resultado que se dio, sí es la neta. 


Resulta que, en el sexenio desafortunado y corrupto de Enrique Peña Nieto, se hizo el anuncio, como sucede cada seis años, de que regresaría el tren de pasajeros, lo cual nos alegró bastante, como sucede cada seis años. Paralelo a esto, en la vieja estación del ferrocarril de Acaponeta comenzaron trabajos de rehabilitación del bello edificio que se encontraba en ruinas. Pensé, inocentemente, por lo que había oído en las noticias: “¡Mira, qué bien, arrancaron por Acaponeta!”. 


Foto de Sonia Galindo

Hay que recordar que este hermoso y funcional inmueble, fue construido en 1903 por la compañía norteamericana Western Pacific, Co.; que posteriormente pasó a ser el muy mencionado Ferrocarril Sud Pacífico. Sin embargo, en 1937 un fuerte incendio dejó en las puras cenizas a la estación, misma que volvieron a levantar, y con el paso de los muchos años, tuvo un deterioro tal, que daba lástima ver aquello que se convirtió en refugio de miles y miles de murciélagos o “chinacates” como les llaman por acá. 


Así que cuando comenzaron a restaurar la vieja estación, muchos nos alegramos. Hay que decirlo como fue, dejaron la edificación en magníficas condiciones. Hay una foto muy buena, de la artista de la lente Sonia Galindo, que hizo de la estación ferroviaria por la noche, profusamente iluminada y que da buena idea de cómo terminaron las reparaciones. Sin embargo, la alegría se fue directito al carajo como dice YSQ. 


Extraordinaria foto de Sonia Galindo

Pues el ferrocarril de pasajeros nunca regresó, la estación no se ocupó en nada y, una vez más, el tiempo transcurrió y como es el gran destructor, la construcción volvió a decaer y, para colmo, el trinche huracán “Roslyn” del año pasado, acabó de darle en la maraca. Al ver tal desaguisado, tardíamente me pregunté: ¿por qué y para qué hicieron esta rehabilitación? 


El huracán "Roslyn" se llevó el techo de lámina en 2022

Preguntando aquí, preguntando allá, me enteré, y, como dije al principio, sin la seguridad de que así haya sido, me explicaron que personas preocupadas por el estado de la vieja estación recurrieron a una reconocida dama acaponetense, casada con poderoso personajes de la vida nacional, y le pidieron que solicitara a su esposo, para que moviera sus influencias y se hiciera la renovación del inmueble, cosa, que, me informan, así se hizo y se logró. ¡Qué bueno! Exclamé yo, pero ¡Qué malo! 

¿Por qué no nos avisaron? ¿No hubiera sido bueno que nos informaran a los grupos organizados como la Junta Vecinal u otros, para decirnos: ahí está el edificio nuevo, hagan con él lo que mejor puedan y decidan de manera comunitaria? Un centro cultural, una escuela de artes y oficios, un museo del ferrocarril, una galería de arte…tantas cosas que se pudieron hacer con tan solo avisar. Hoy, nuevamente el edificio se cae y todo eso, con el enorme gasto que representó, quedó en un trinche capricho de unos cuantos. ¡Las oportunidades nunca vuelven! 

Me despido amigos, recomendándoles tengan mucho cuidado allá afuera, ya que la inflación está galopante, no nos lleve entre las patas.

 

MONUMENTOS HISTÓRICOS DE ACAPONETA. CATÁLOGO DEL INAH (19)

 


ACLARACIÓN:

Existe un catalogo de Monumentos Históricos que elaboró el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y que lleva por título "Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles" (Ficha nacional de catálogo de bienes inmuebles con valor cultural) el cual fue publicado probablemente a finales de los años 80 o principios de los 90 y concluyó en 1994, siendo Director del Centro INAH-Nayarit, el estimado Antropólogo Raúl Andrés Méndez Lugo.
La intención de estas publicaciones, es mostrar a los acaponetenses las fichas de los 107 monumentos históricos que tenemos y dejar ver el rico, variado y bello patrimonio arquitectónico que tuvimos, lo que nos queda aún, las condiciones en que están y hacer reflexión de que rescatando algunos de ellos y con la conciencia de la autoridad municipal de hacer cumplir las leyes y reglamentos sobre el centro histórico y estos monumentos inmuebles, podemos rescatar todavía la hermosa imagen urbana de este pueblo costero del Pacífico.
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FICHA: 19
NÚMERO DE CLAVE: 180010010019
LA CASA DE LUIS CHÁVEZ BARAHONA


CROQUIS DE UBICACIÓN:




CROQUIS DEL INTERIOR DEL INMUEBLE:


FOTOS DEL CATÁLOGO (1994)



DATOS HISTÓRICOS (PROPORCIONADOS POR EL MISMO CATÁLOGO):

La construcción fue construida por el Sr. Luís Chávez Baraona (sic) en el año de 1950, persona dedicada a la venta y compra de oro. Datos proporcionados por la Sra. Agripina Osuna.

DATOS HISTÓRICOS INVESTIGADOS:


ABRAHAM CHÁVEZ MUÑIZ


Esta casa tiene la característica de que se conoce como el lugar donde se vende petróleo o la casa de los Chávez Muñiz, Habitada actualmente por el artista plástico Abraham Chávez Muñiz, "El Pintor de las Aves", quien amablemente nos proporcionó la siguiente información:


Comprobante del pago de contribuciones de los primeros propietarios de la finca donde aparece el nombre de Sinforiana García, esposa de Eleno Infante, abuelos de Pedro Infante.
El documento es de 1914, cuando no existía la casa actual sino una especie de vecindad.


La propiedad antes de 1917, era una vivienda con tejabanes de teja que habitaban y eran propietarios los señores Eleno Infante y su esposa Sinforiana García, los cuales tuvieron un hijo al que pusieron por nombre Delfino Infante, quien a la postre vendría a casarse con la señorita originaria de El Rosario, Sinaloa Refugio Cruz Aranda, quien viviendo ahí procrearon un niño que nacería en el puerto de Mazatlán, Sinaloa y que en el futuro sería el muy popular actor y cantante Pedro Infante Cruz, ídolo de las multitudes.


Pedro Infante con sus padres: Delfino Infante y Refugio Cruz


Delfino y su esposa Refugio, salieron de Acaponeta a una gira artística, ya que él era músico, por lo que Pedro Infante nace en Mazatlán y no en esta propiedad.

Importante en esta historia es el Señor Luis Chávez Barahona, personaje nacido en Cosalá, Sinaloa en 1892, hijo de Tomás Chávez Barahona, oriundo de San Ignacio, Sin. y María Luisa Maldonado, nacida en Cosalá.


LUIS CHÁVEZ BARAHONA

Luis Chávez Barahona, realiza sus estudios en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, lugar donde conoce a Rafael Buelna Tenorio, revolucionario conocido como "El Granito de Oro", mismo que lo invita a unirse a la lucha revolucionaria, integrándose a las fuerzas del General Juan Carrasco. Luis, se separa de la milicia en el año de 1914.

Años después, su prima Guadalupe Chávez de Fernández Maisterrena, de la familia de grandes latifundistas de la época, lo invita a radicarse en Acaponeta, aceptando Luis Chávez, por lo que en 1930 adquiere esta propiedad y funda ahí el "Centro Minero", comercio dedicado a la venta de artículos y mercancías para la minería, además de comprar y vender oro. Este negocio tuvo mucho éxito entre la década de 1940 y 1950 cuando estuvieron en auge los minerales de Motaje, El Tigre y Cucharas.


CAROLINA CECEÑA

Luis Chávez Barahona contrae nupcias con la señorita acaponetense Carolina Ceceña Cosío, hija de un conocido empresario de El Filo donde había un trapiche, quizá en algún momento, el más productivo del país, el Sr. Crescencio Ceceña.


CRESCENCIO CECEÑA

Luis y Carolina, procrearon tres hijos: María Luisa, Abraham y Tomás. A la muerte de Luis Chávez, su viuda Carolina monta el negocio "Armería y Miscelánea Juan Escutia", donde ofertaba pistolas, rifles, municiones y todo lo que requiere la cacería, además de la venta a menudeo, que aún se expende en ese lugar y que Abraham hijo siguió durante años y hoy su vástago Abraham Chávez Muñiz.

OBSERVACIONES:

Inmueble en esquina. La fachada principal hacia la Avenida Gral. Corona Oriente presenta tres vanos de acceso, uno de ellos de mayor proporción, es utilizado como acceso de servicio, los tres tienen arco escarzano con clave y cornisuelo superior,

Cornisa divide del segundo nivel en donde se hallan dos vanos para balcón convertidos en vanos de ventana, no cuentan con enrejado, la parte superior está delimitada por cornisuelo y pretil. A los extremos en ambos niveles pilastras de aplanado; la fachada lateral tiene el mismo tipo y numero de vanos, excepto por el vano de acceso de servicio.

En la esquina del edificio que es boleada existe un vano de acceso en planta baja y otro de balcón en el segundo nivel.

La planta arquitectónica muestra una habitación frontal utilizada para negocio en planta baja, en el segundo nivel habitaciones para dormitorio; en la parte posterior una área aporticada, en ésta se localiza escalera de caracol de fierro colado, el área del patio es ocupada por edificación en dos niveles de reciente construcción.

Las cubiertas son de vigueta de acero y ladrillo. Los pisos son de cemento pulido a cuadros. Muros con humedades menores exhibiendo salitre. El estado de conservación es bueno.

ESTADO ACTUAL Y FOTOS RECIENTES:





El edificio se conserva en buen estado y han respetado, a pesar del paso de los años, sus elementos arquitectónicos. Solamente le hace falta pintura en las fachadas.

NOTA AL AMABLE LECTOR: Si tiene datos sobre los propietarios, o bien antiguos residentes, temas históricos o curiosos, o bien fotografías, favor de darlos a conocer para añadirlos a esta publicación.


viernes, 18 de agosto de 2023

EL BARRIO DEL CHARCO VERDE

 


Probable extensión del Charco Verde a principios del siglo XX

Por: José Ricardo Morales y Sánchez Hidalgo

Cuando hace ya algunos años platiqué con la estimada señora Doña Consuelo Flores de Aguilar, hoy ya finada, la vida de ese momento en nada se parecía a los alegres días en que ella, según me contó, vivió entre las orillas de una laguna que rebozaba de vida, y las operaciones y vaivenes del ferrocarril Sud Pacífico, lugar de la ciudad que de alguna manera se convirtió con el paso del tiempo en el corazón de una ciudad que crecía, se dirigía con energía al futuro, y en ese lapso perdía parte de su identidad porque sin el “charco verde”, Acaponeta ya no fue lo mismo.


Esta foto no es del charco verde, solo intenta mostrar un aproximado de cómo pudo haber sido

    La laguna verde, como le llamaba la gente debido a una capa lamosa que le daba esa tonalidad, o también, “laguna de El Centenario”, no era un área pequeña o cualquier charco, como casi despectivamente le llamaban. Según el cronista municipal Don Néstor Chávez Gradilla, esa superficie abarcaba desde la calle Corona hasta el Centenario hacia la parte norte, al oriente limitaba con el Cerro de la Glorieta y hacia el poniente hasta más allá de donde hoy está la Planta MASECA, y con las tierras agrícolas de Don José Aguiar, Don Bernardo Quintero y Don Guillermo Llanos Jaime, sin dejar de mencionar esa parte de la ciudad que se ubica en lo que son las calles Guerrero y Zacatecas hasta la vía del ferrocarril. Cuanta el cronista, que personas que vivieron aquellos lejanos tiempos del enorme charco, aun cuando Acaponeta era una simple “villa”, ya que no fue ciudad sino hasta el 15 de septiembre de 1910 cuando el General Mariano Ruiz, Jefe Político del Territorio de Tepic, le dio esa categoría; decía pues, esas personas le refirieron que la laguna tenía una profundidad de un metro y medio, cubierta siempre de una capa verde lamosa, con muchas plantas acuáticas y con abundantes carrizales, sobre todo en un islote que se formaba en medio de la laguna y que se distinguía por la gran cantidad de plantas de carrizo.


Calle a un costado de la estación del ferrocarril. Al fondo la Maseca.
Esta área estaba cubierta de agua.

Debe su nombre por supuesto a esa laguna que se formaba en ese sitio muy parecida a la que actualmente brilla como espejo a la salida a Huajicori y que cruza por la calle Chapultepec, solo que esta es mucho más pequeña, espejo de agua que afortunadamente el gobierno municipal de Malaquías Aguiar Flores, rescató por medio de su proyecto de saneamiento del arroyo de La Viejita, pero eso es tema de otro artículo.


Aquel ojo de agua al que bautizaron como el “Charco Verde”, era tan grande que ahí nadaban con mucha alegría los niños de los alrededores y convivían con armonía entre grandes cantidades de tortugas, ranas, sapos, diversos tipos de peces, chacuanas y culebras, así como también infinidad de patos silvestres, gallinetas, garzas y otras aves acuáticas, que ornaban la superficie de la laguna, espejo que por las noches hablaba por el coro gigantesco de los sapos y las ranas. Existe una nota de 1906, que comunicaba la peligrosidad de acercarse a esa laguna por la presencia de un enorme caimán que ahí habitaba. Ese espejo lacustre, se comunicaba precisamente con el Arroyo de la Viejita, por donde bajaban y subían del río a la laguna varios caimanes y cocodrilos.

Al final de la calle Oaxaca o quizá la Querétaro, había un embarcadero en donde varias canoas transportaban a la gente al otro lado, ya que el único paso seco que existía, era el que iba rumbo a Huajicori y era camino “de pezuña” para carretas, carretones, arriadas y gente de a caballo o de a pie y se hallaba bordeando el cerro para salir a la calle Chapultepec, por lo que estaba lejos del actual barrio que ahí se formó, por lo que la gente prefería las canoas para cruzar.


Camino de pezuña

    Los Prefectos Políticos de Acaponeta Don Eduardo Rivero y Don Delfino A. Goyzueta, quienes ocuparon el cargo durante el año de 1905, al ver como los gringos del ferrocarril rellenaban parte de la enorme laguna verde, notaron que de este lado iba a quedar seccionada parte de esa laguna, quedando sola y de lado, así que decidieron también irla terraplenando poco a poco con piedras, escombro y basura, todo con mano de obra de los presos, borrachos, viciosos y malvivientes vigilados por la Policía. Esa labor de momento quedó inconclusa y durante muchos años, por lo que la gente comenzó a nombrar como “El Charco Verde”, a esa pequeña laguna producto de la fragmentación de la laguna grande. Ya en los años treinta, cuando por fin se terminó de terraplenar, también por iniciativa de su propietario el Sr. Don Guillermo Llanos Jaime, padre del afamado poeta y periodista Memo Llanos Delgado, fue unos años campo de béisbol, y luego se fraccionó procediendo enseguida a la venta de lotes. A ese lugar, se le siguió dando el mismo nombre que le daban a la parte que quedó de la laguna de este lado de las vías del ferrocarril, y continuaron llamándolo: “Barrio del Charco Verde”, hasta el día de hoy.




    Esta extensión de agua se prolongaba hasta donde hoy se ven las vías del ferrocarril, muy cerca de la estación del Sud Pacífico y un hotel, con el mismo nombre, que ahí existía, propiedad de Don Pedro Navarro, quien aparte de dar alojamiento a los que llegaban en el tren, recibía a los muchos agentes viajeros que hacían negocios y transacciones con los comerciantes locales. En los andenes, principalmente trabajadores de la compañía Sud Pacífico, le daban cabida a las decenas de comerciantes ambulantes que llegaban con sus productos a vender a los pasajeros de la llamada “punta de fierro”, como nombraban al ferrocarril. Por cierto, que Don Pedro Navarro quien en el extraordinario directorio comercial de Don José Ledón Sens, del año de 1933, anunciaba una sucursal en el municipio de Ruiz, también era médico de profesión y atendía pacientes en un consultorio anexo al hotel, entre todo un vivero de hortalizas y flores de ornato. Explicaba la Sra. Consuelo Flores, que este lugar estaba lleno de plantas y que el propietario le permitía a la chiquillada dejar ahí sus macetitas de barro que fabricaba el Sr. Martín Zavalza y que contenía las plantitas de gardenia que con el paso del tiempo le dieron a la ciudad el título que hoy tiene respecto de esas flores, ya que sabemos que, con esos aromáticos arbustos, los niños o entusiastas mujeres en canastitas o macetitas, subían a los vagones con tres o cuatro en las manos ofreciendo la perfumada flor que darían el bello e identitario nombre de la “Ciudad de las Gardenias” a Acaponeta.



    Con justa razón se quejaba Doña Consuelo de que la vida es diferente hoy día, pues esos comerciantes que llegaban al tren, principalmente vecinos del Charco Verde, se distinguían por ofertar productos naturales y las canastas —que no las contaminantes bolsas de plástico— se llenaban de elotes, huamúchiles, mangos de la temporada, ciruelas, nanches, arrayanes, quesos frescos, sabrosos panecillos que llamaban “antes”, con sus vistosas banderitas de papel de china coronando los comalitos de barro que las contenían, así como una gran y sabrosa variedad de tacos y otros antojitos.

Mi gran amigo, el brillante abogado Lic. José Miguel Rodríguez Menchaca, oriundo de este barrio, recuerda la famosa panadería de "Los Cacalotes", hoy ya desaparecida y que era propiedad de la familia Palomera. Ahí, me cuenta, se elaboraba el pan en horno calentado con leña. Entre las delicias que se quedaron marcadas en su mente está el "ahogaperros" especie de "cortadillo" que se elaboraba con lo que quedaba de todas las harinas al final de la jornada.


    Los andenes del ferrocarril se llenaban de color, olor y sabor que se ofrecían al que por ahí transitaba, puesto que esa terminal del tren, se había convertido en un lugar de diversión, centro de reunión, así como espacio de venta y compra de productos. Una característica muy especial en la ciudad, era transformar puntos comunes de la comunidad en visitados centros de reunión como el embarcadero en el río y en especial a esta estación del ferrocarril, donde en cualquier día se podía ver a Doña Salvadora Arámbula quien vendía sus legendarios tamales, la cual recorría la senda hasta la ladrillera que estaba y aún existe en esa zona del norponiente de la cabecera municipal. También Pina Ramos de Sánchez que ofrecía sabrosos tacos de chanfaina, chorizo y chicharrón que aún se recuerdan. Ellas y otros subían a los vagones y pullman de un tren del cual solo queda el grato recuerdo de aquellos que tuvimos la fortuna y el placer de viajar en ellos, sobre todo aquel afamado “autovía” —reconozco que este no lo conocí—, especie de autobús de dos pisos, montado en las vías férreas que hacía el viaje entre Mazatlán y Acaponeta, tocando los pueblos y comunidades vecinas del sur de Sinaloa y como destino final Acaponeta. Era algo igual o muy similar a una “corrida” de camión, pero en rieles, llegando a una rotonda, donde los chiquillos del barrio ayudaban a girar al vehículo aquel, para el regreso de este singular transporte. El autovía arribaba a la ciudad, ahí por donde actualmente están los almacenes de combustible del Grupo Sierra, y además de los pasajeros que llevaba a bordo, iba también entre maletas y bultos, escondida la cultura que posteriormente daría el nombre de la “Atenas de Nayarit” al municipio, ya que el intercambio de vivencias, situaciones y experiencias, entre los que iban y venían dio cuerpo e identidad a esta Villa de Acaponeta.

Otro personaje que ahí radicaba, fue el Profe Amado Zavalza, que impartía brillantemente clases en la escuela Zaragoza cuando esta tenía sede en lo que ahora es la Casa de la Cultura “Alí Chumacero”. Por cierto, abro paréntesis para anotar aquí el nombre del Profesor Alejandro A. Torres, aquel maestro de música, que venía a la población de Acaponeta, desde el Puerto de Mazatlán a impartir tan noble materia. Él se venía precisamente en el autovía y el run run del trenecito y el golpeteo sordo y monótono del andar sobre los rieles, inspiraron al filarmónico a componer la hoy famosa melodía para banda “De Mazatlán a Acaponeta”. Y ya que hablamos de músicos, un vecino notable del barrio del Charco Verde, fue también el Señor Aurelio Rodríguez Sarmiento, más conocido como “El Calandrio”, quien casado con la señora Teresa Peralta Díaz, procrearon a David, Heriberto, Aurelio, Enrique, Eduardo, Juan Francisco, Fernando y Rodolfo, la mayoría de ellos, por no decir que todos, músicos reconocidos también.

Los pasajeros del tren o del autovía, al dirigirse a pie rumbo al centro del pueblo, muchas veces, en temporada de lluvia, encontraban el charco verde crecido y tenían que remangarse los pantalones o faldas, y descalzos con el equipaje en la cabeza para cruzarlo.

Esta Señora Pina Ramos, también vendía galletitas de harinilla y sus hijos la ayudaban con placer, y como recompensa a su esfuerzo y labor, Pina les ofrecía cada semana un premio del tamaño del mundo: los llevaba a nadar a las orillas del río Acaponeta, lo que hacía las delicias de la chiquillada, puesto que mientras ella lavaba la ropa en las lajas de piedra que a propósito las mujeres acomodaban en las riberas, ellos chapoteaban siempre bajo la vigilancia celosa de su madre.  

Los del Charco Verde se distinguían por su participación comunitaria; ahí se organizaron innumerables kermeses para colectar fondos en pro de la construcción del Santuario de Guadalupe y las principales organizadoras eran Chayo Torrero, Agustina Viera, Martha Sánchez y la propia Consuelo Flores, entre otras quienes acordaban acciones para unir a la gente de los alrededores de aquella laguna, contando por supuesto con la cooperación de los comerciantes, entre los cuales había tres tiendas de abarrotes que destacaban muy especialmente: Mateo Aguilar, abuelo de nuestro buen amigo Francisco “Pancho” Aguilar Flores, el cual vendía unos exquisitos raspados de frutas naturales que eran legendarios. Don Mateo tenía su tienda en la esquina de Guerrero y Zacatecas, donde hoy existe una casa en ruinas; de hecho, las tres tiendas estaban ubicadas en ese cruce de las calles, ya que Don Nepomuceno “Cheno” Camacho, tenía su negocio justo donde hoy existe una tortillería y donde la chiquillada de aquel entonces “rentaban” los “cuentos”, que hoy llaman “comics” de “Memín Pinguín”, “Kalimán”, “Chanoc”, “Rolando el Rabioso”, entre otros, y para las mamás —que a escondidas leían también los papás— el “Lágrimas y Risas”. Era común en aquellas épocas que los caballeros anduvieran bien peinados, por lo cual, eran muchas las ventas que tenía Don Cheno de una sustancia para el cabello que llamaban “quinado”, sobre todo porque era la más económica; para los “fifís” de esos tiempos se vendía “Glostora” con el mismo fin.


En la casa antigua del frente, ahí era la tienda de Mateo Aguilar, en la tortillería que hoy existe, la tienda de Cheno Camacho.

Enfrente, donde hoy está una cantina, se ubicaba la casa y negocio de Don Francisco Torrero hijo, el cual era transportista y era apoyado por su señora esposa Rosario Ramos Silva. Don Francisco Torrero padre, trabajaba en la estación del ferrocarril. Se decía de la tienda del Francisco Torrero, que era la más surtida y que incluso vendía carnes frías y quesos, porque tenía refrigerador, algo que no cualquiera y sin duda era un lujo. Es curioso que las tres tiendas, separadas por tan solo cruzar la calle, convivieran y les fuera económicamente bien, a pesar de tan cercana competencia.


En ese inmueble blanco se ubicaba la tienda de Francisco Torrero hijo.

Por eso a ese barrio también se le conocía como el de “las tres tiendas”, y al decir del Lic. Rodríguez Menchaca, a pesar de estar prácticamente juntas, las tres tenían su éxito comercial, pues, dice medio en broma y medio en serio: “no había crisis”. Y continua: “Mateo se distinguía por la venta de carbón; Camacho comerciaba con leña y Torrero ofrecía zacate, que, en ocasiones, cuando se descuidaba, se lo comían las vacas que deambulaban por las calles compartiendo espacio, aire y agua con los pobladores de este barrio” …cosas de la provincia.

Por supuesto, no podía faltar en este barrio, la clásica cantina, pues contiguo a una de las esquinas donde se ubicaban las tiendas de abarrotes, estaba "La Ramada", propiedad de un señor llamado Mario, cuyo apellido ignoramos, lugar donde las bravas mujeres sacaban a sus maridos porque se quedaban muy tarde, aun cuando no hubiera botana. Incluso era llegada casi obligada de los beisbolistas, quienes después de jugar los domingos en el estadio municipal ansiaban mitigar la sed con las frescas ambarinas del lugar atendido por uno de los señores de apellido Noriega cuya familia se preciaban de ser amplios conocedores del rey de los deportes.



Mucho antes de la instalación de la mencionada cantina, en la pared de una casa contigua a esa negociación, en un terreno baldío, que la chiquillada llamaba “el chivirital” se proyectaban por parte de la empresa refresquera “Pepsi” películas del gran Charles Chaplin, “El Llanero Solitario”, “La Creatura de la Laguna Negra” y otras de la época, y al final de la cinta, regalaban entre otras cosas: charolas, vasos, toallitas, etc., todo desde luego con el logo de la empresa.

Este mismo espacio, servía para dar cabida a las ocasionales carpas de los llamados “húngaros”, gitanos errantes quienes de la misma manera que la Pepsi, exhibían películas de ese maravilloso tiempo. Hay que hacer mención que los húngaros cobraban 20 centavos y además cada quien llevaba su propia silla. Existe la curiosa anécdota, que en su tiempo debió haber sido un escándalo, porque una bella damita del barrio, fue enamorada por uno de estos húngaros y al final se “la robó”, naciendo tiempo después por esa unión el afamado “mentalista” Randú Costish, que de manera frecuente llega a Acaponeta a mostrar en una carpa de circo su gracioso espectáculo de hipnotismo. Eran los tiempos en que llegaba a Acaponeta el reconocido circo Atayde, mismo que se quedaba en el pueblo hasta un año, haciendo vida con los pobladores de aquí.

Es de destacarse que, en los límites del barrio, frente a la propiedad de los “Cuájalas” en lo que ahora son oficinas de los profesores del municipio y en un tiempo albergó a la oficina de enlace con la Secretaría de Relaciones Exteriores, estaba el antiguo Hospital Civil, en el que por cierto destaca la anécdota de que ahí se hospitalizó a un gran número de personas que resultaron gravemente heridas en el conflicto ejidal de la comunidad indígena de Sayulilla, del cual los viejos habitantes de esa localidad aún no olvidan por lo violento de ese hecho. Bien dicen que los de Sayulilla, pagan por armar pleitos.

Muchos nombres aún se recuerdan en el barrio, a pesar de haber desaparecido la laguna; de que la estación, aunque recientemente rehabilitada y salvada de las tristes ruinas en las que se encontraba, se halle en el abandono total, de que el ferrocarril solo pase pitando, llevando productos y migrantes, aquí llamados “trampas”, con rumbo al norte buscando, montados sobre “la bestia”, el sueño americano y una mejor calidad de vida.


Uno de esos nombres es el de Carmelo Aguilar, maestro albañil, que construyó muchas de las casas que aún existen en nuestra ciudad con una peculiar tendencia de estilo Art Noveau. Sin duda, Juanita Zambrano, la que organizaba coloridas fiestas a las que los invitados llegaban con regalos envueltos en brillantes y coloridos papeles de china y ramos de bugambilias que le escamoteaban a Don Pedro Navarro, del Hotel Sud Pacífico. También estaban Pedro Medina y su esposa Concepción, abuelos del hoy famoso artista plástico Vladimir Cora, hijo predilecto del pueblo y del barrio, que según cuentan los vecinos, era un chiquillo muy travieso, nacido en la casa ubicada en el número 42 poniente de la calle Guerrero, donde en abril del año 2000 colocaron una placa conmemorativa, la cual por cierto ya se robaron los amantes del cobre, bronce y otros metales que pagan bien los que se dedican a eso y andan impunes por el pueblo comerciando lo robado; placa que a letra decía:


Vladimir Cora, otro hijo del Charco Verde


Gobierno Constitucional del Estado de Nayarit (entre los escudos de Nayarit y de Acaponeta)

Siendo Gobernador C.P. Antonio Echavarría Domínguez

H. Ayuntamiento de Acaponeta, Nayarit

Siendo Presidente Municipal Prof. Enrique Jiménez López

Homenaje al pintor y escultor

Vladimir Cora

en sus 35 años de vida artística

“El Charco Verde” calle Guerrero 42 lugar donde naciera Vladimir Cora

(Placa sobrepuesta que dice):

 XIII Festival Cultural de Nayarit en Acaponeta)

Acaponeta, Nayarit, abril 18 año 2000

Hijo de este barrio fue también el ex presidente municipal Don Salvador Toledo López, quien fuera brutalmente asesinado hace algunos años. Asimismo, Profesor Amado Zavalza, que impartía clases en la escuela Zaragoza cuando esta estaba en lo que ahora es la Casa de la Cultura “Alí Chumacero”.


Al frente, Salvador Toledo

    En la década de los sesenta, vivía Don Francisco Torrero, quien durante muchos años trabajó en la estación del ferrocarril, al parecer en el área del telégrafo, personaje muy importante en ese tiempo, ya que controlaba el tráfico ferroviario. Por cierto, su nieto, el hoy Doctor Oscar Octavio Torrero Ramos, nació en este barrio.

El mundo no dejó de girar y en cada vuelta se daba un cambio; hoy la laguna desapareció y en su lugar brotaron casas y más casas habitación, comercios y edificios. Calles mal empedradas y lotes baldíos. La regia estación del ferrocarril fue por años, refugio permanente de miles y miles de murciélagos —aquí llamados chinacates—, malandros y de malos olores producto del olvido y el paso del dios Cronos, hasta que hace unos cuatro o cinco años se rehabilitó quién sabe por qué y para qué, quedando un edificio histórico muy bello, pero como a nadie le dijeron que había que cuidarlo, nuevamente hoy está en la ruina.



En los andenes suena duro el silencio y en ocasiones los fuertes pitidos de un tren que no hará parada, no ofrece saludos y menos deja bagajes culturales, pasa de largo desinteresadamente, por cierto sin los lustrosos vagones “pullman” llenos de pasajeros, y quizá solo rompe la monotonía del lugar el grupo de altruistas ciudadanos encabezados por el Sr. Gilberto Rivera Rivera y su esposa la artista de la lente Sonia Galindo, quienes en ejemplar labor reparten comida y despensas a los paisanos o hermanos centroamericanos que venidos del sur viajan, arriesgando el pellejo, trepados en los vagones de carga de la llamada bestia de fierro.


Foto: Sonia Galindo

    Las aguas frescas dieron paso a las impersonales coca colas y los mangos a las dañinas Sabritas; la salud a la diabetes y el agua de la laguna a disparejos empedrados y edificios con arquitecturas foráneas. Del Hotel Sud Pacífico queda tan solo una añeja estructura de madera condenada a desaparecer. Ya no hay niños a los que se premie con ir a nadar al río. Las macetitas de gardenias son hoy tan solo un símbolo del ayer, como es el recuerdo de aquel espacio anegado.


Ruinas del Hotel Sudpacífico


Sin embargo, de las pérdidas anteriores, bien dice nuestro buen amigo Miguel Rodríguez Menchaca, quedan los recuerdos. Evoca que allá por la década de los cincuenta, por la calle Guerrero casi llegando a la Durango vivía un señor de nombre Magdaleno que se dedicaba a la elaboración casera de riquísimos dulces y “encubiertos” de calabaza y camote, que luego vendía en las afueras del mercado municipal, además de que también ofertaba, en ese mismo lugar muy de mañana, una especie de empanadas de harina que freía en cacerolas al igual que los churros del famoso Benjamín “Min” Mayorquín. Recuerda Miguel, que este señor churrero, era pariente de un joven “danzante”, del cual no recuerda su nombre, pero era reconocido como el mejor de su género, pues era el líder de un grupo de danzantes, ya que siempre iba al frente en todas las peregrinaciones religiosas.

Otro notable personaje de este barrio, lo es sin duda Don Honorato Díaz Meza, un señor que elaboraba junto con su familia, una exquisita birria, sin dejar de recordar que fue propietario o administrador de una de tantas cantinas que existen en Acaponeta.

El famoso barrio del Charco Verde, como todos los que existen en Acaponeta: el barrio bravo del Terrón Blanco, el tradicional barrio de la CH, el alegre barrio del Mocoyoyo, el de la Mexicana y otros más, nos hablan de culturas y personalidades muy propias; diferentes y muy peculiares personajes, anécdotas alegres, tristes y hasta trágicas, pero que van, entre todas, conformando la identidad de un hermoso pueblo, del que dijera el bardo, no fue mar, ni fue montaña.