| Compostela, Nay. |
Por: José B. Algarín G.
REGRESO A ACAPONETA...
Ya se imaginaran cómo fue la llegada a mi casa, con mis padres y mi
esposa e hijos, triste, un poco decepcionado, pero no derrotado.
De inmediato mi papá me dio ánimos, y me propuso poner mi consultorio en
su propia sala, en la casa paterna, y sin esperar mi respuesta me diseñó y
mandó hacer un gran escritorio, para demostrar con ese y otros mucho hechos, la
gran confianza en mi triunfo como profesionista de la Medicina.









































